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  <updated>2010-03-19T01:57:00Z</updated>
  <title type='text'>El club de cuentos de terror y misterio</title>
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    <published>2010-03-19T01:57:00Z</published>
    <updated>2010-03-19T01:57:00Z</updated>
    <title type='text'>Robert, el muñeco maldito</title>
    <content type='html'>&lt;p style=&quot;text-align: center;&quot;&gt;&lt;img style=&quot;margin: 0px;&quot; src=&quot;http://f5.mb-content.com/pictures/422/35/8/835422_BOOLSDCXDKVDBMI.jpg&quot; alt=&quot;&quot; width=&quot;288&quot; height=&quot;398&quot; align=&quot;middle&quot; /&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt; &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;Conozco a muchos amigos y amigas que ya adultos, aún tienen ciertos malos recuerdos o temores con respecto a los muñecos y muñecas, miedos que se originan de muchas maneras en la más tierna infancia, por lo que al compartir con todos ustedes esta leyenda, espero no hacer resurgir viejos terrores infantiles, pues como todos sabemos bien, no hay nada más aterrador para el ser humano que ver surgir el pavor y el miedo en algo muy cercano y antes amistoso, pero que puede volverse en un ser espantoso. Esta es la historia de Robert...&lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;br /&gt;La historia comienza en el hogar del Sr. y la Sra. Thomas Otto, el año 1896. Donde era muy conocido el hecho de que los Ottoabusaban de sus sirvientes y no eran muy amables con la gente. &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;Se dice que la Sra. Otto despidió a 4 de sus empleados cuando los vio en el jardín en una ceremonia que ella creyó era brujería por lo que inmediatamente los corrió. &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;Había uno los sirvientes, (que ayudaba en el cuidado de el hijo de los Otto, Robert Eugene, &quot;Gene&quot;) del cual se decía que estaba iniciado en el arte de vudú y que de acuerdo a lahistoria, esta joven sirvienta le obsequió a Gene un muñeco. Elmuñeco media tres pies de altura, y estaba relleno con paja. La sirvienta dio a la muñeca muchos rasgos físicos que recordaban a los del joven Gene, incluso se dice que Robert tiene cabello de Gene y aunque parezca imposible, el cabello que ahora tiene Robert cambio de color, cosa que es totalmente imposible.&lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;br /&gt;Gene decidió nombrar al muñeco como Robert y a partir de ahí se convirtió en el compañero del niño. Pronto se convirtió en costumbre para los Otto el escuchar a su pequeño hijo el hablando con su juguete todo el tiempo, pero lo que era extraño era que los Otto escuchaban a su hijo respondiendo a sus preguntas con una voz muy diferente y extraña.&lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;br /&gt;A partir de entonces cosas extrañas comenzaron a ocurrir en la casa, los vecinos reportaban con frecuencia ver al muñecomoverse frente a las ventanas de la casa cuando los Otto no estaba en casa. Por otro lado Gene Robert comenzó a culpar almuñeco de pequeñas travesuras y sucedidos en la casa. Incluso los padres escucharon al muñeco reír y moverse por la casa.&lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;br /&gt;Gene comenzó a tener pesadillas, y despertaba gritando por la noche. Cuando sus padres respondían a los gritos de su hijo, a menudo encontraban los muebles volcados y fuera de lugar y a su hijo muerto de miedo. Por regla general solían encontrar aRobert a los pies de la cama de su hijo y con una mirada extraña en los ojos mientras que Gene gritaba y sollozaba &quot;¡Robert lo hizo!&quot;&lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;br /&gt;Hartos sus padres y para poner fin a la situación, decidieron queRobert acabara arrumbado en el desván cubriéndose de polvo.&lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;br /&gt;Al morir su padre, Gene recibió como herencia la casa donde vivió su infancia, así que decidió mudarse a su nuevo hogar en compañía de su esposa. Además de aprovechar el espacio de su antigua casa para poder trabajar sin problemas ahora que era un artista y sobre todo darle uso al mirador que se encontraba en el techo de la casa desde el cual podría inspirarse para obtener material para sus obras.&lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;br /&gt;No paso mucho tiempo después de haberse mudado, cuando en el ático descubrió a su olvidado compañero de juegos y los saco de ahí para colocarlo en el mirador del techo.&lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;br /&gt;A partir de ese momento, el vínculo que hubo en la niñez entre ellos dos volvió a hacerse presente, lo que provoco una atmósfera rara y desagradable en la casa, la cual la esposa deGene resintió mucho. Así que aprovechando una ausencia de su esposo, ella decidió que había tenido suficiente y lo regreso al ático.&lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;br /&gt;Cuando Gene regreso y se entero de lo que había hecho su esposa, se disgusto mucho y rápidamente corrió a rescatar a su amigo del ático, diciéndole a su mujer que Robert necesitaba una habitación para el mismo mientras lo colocaba de nuevo enel mirador. Y en ese momento la esposa de Gene comenzó a dudar de la cordura de su esposo.&lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;br /&gt;Entonces en Key West comenzaron a correr rumores sobreRobert y sus maldades. Mucha gente contaba historias en las que decían haber visto y escuchado a Robert hacer cosas desdeel mirador ya que era común verlo desplazarse por la casa, decían que Robert les hacia muecas y se burlaba de ellos cuando pasaban cerca del lugar, los niños de las escuelas cercanas evitaban el pasar cerca de la casa de los Otto, por temor a descubrir que Robert los estuviera espiando desde el mirador. E incluso los Otto dejaron de recibir visitas por que ya nadie quería visitarlos.&lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;br /&gt;Gene incluso dijo haber ido al mirador y encontrar a Robertmeciéndose frente a la ventana quejándose de su encierro.&lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;br /&gt;Cansado de Robert y sus travesuras, Gene lo devolvio al ático. La gente que los visitaba reportaba el escuchar pasos en los cuartos del piso de arriba e incluso algunas risas que se escuchaban en ciertas partes de la casa lo que de nuevo provoco que la gente se rehusara a atender las invitaciones que los Otto hacían. &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;Gene Otto murió en 1972, y su esposa vendió la casarápidamente dejando a Robert olvidado en el ático y de nuevo las historias fueron olvidadas.&lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;br /&gt;Hasta que una nueva familia llego a la casa y Robert fue descubierto por la hija de aquella familia. La pequeña que tenia 10 años, se emocionó mucho al descubrirle, e inmediatamente lo bajo a su habitación junto con sus demás muñecos.&lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;br /&gt;Pero al parecer, la niña no fue del agrado de Robert y comenzó a molestarla, al punto en el que la niña gritaba de terror por las noches, y cuando llegaban sus padres, la niña muerta de miedo señalaba al muñeco sobre su cama alegando que trataba de matarla.&lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;br /&gt;Aun después de 30 años, esta ahora mujer sigue jurando que elmuñeco se movía y trataba de matarla por que el muñeco no la quería.&lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;br /&gt;Robert, todavía veste con su traje blanco marinero abrazando su león de peluche, si lo quieren conocer pueden visitarlo en el museo Martello en Key West, pero como ultima advertencia les comento lo que dice la gente, cuando se encuentren en dicho museo y quieran tomarle una fotografía, primero hay que pedirle permiso para poder hacer esto. Si el muñeco inclina la cabeza hacia un lado, eso quiere decir que el esta de acuerdo y no habrá ningún problema, pero si el no hace nada y Ud. insiste en dicha acción o se ha burlado de el, lo mas probable es que su cámara deje de funcionar y según la historia popular de la maldición de Robert caerá sobre Ud, no solo afectándolo a Ud, si no a sus seres queridos, si no creen, solo es cuestión de darle un vistazo a las paredes de la sala, donde se pueden observar infinidad de fotografías y cartas en las que le solicitan a Robert, levante la maldición que ha caído sobre ellos.&lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt; &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;Incluso en el museo donde se encuentra hoy, se dice que por las noches se puede oir ruidos y ver sombras desde su exibición.&lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;br /&gt;Es más se dice que al fotografiarlo o grabarlo, en ocaciones mueve su cabeza. Problemas con la cámara como cuantan en el segundo video, que le movieron el sombrero para fotografiarlo y la cámara no funcionó; al ponerle el sombrero en su lugar la cámara volvió a funcionar normalmente.&lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;br /&gt;Finalmente, la fenomenología paranormal en torno a Robert al parecer se ha asentado en el Museo: acá podemos ver una foto tomada a Robert y que fue entregada al portal ghosthuntersofamerica.com. En primer plano se puede ver almuñeco,... y tras él una imagen fantasmal,...&lt;/p&gt;</content>
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    <published>2009-12-15T20:03:00Z</published>
    <updated>2009-12-15T20:03:00Z</updated>
    <title type='text'>El fantasma del volcán</title>
    <content type='html'>&lt;p style=&quot;text-align: center;&quot;&gt;&lt;img style=&quot;margin: 0px 0px 0px 0px&quot; src=&quot;http://f1.mb-content.com/pictures/056/29/7/729056_UFWJJJYXCQTBTHI.jpg&quot; alt=&quot;&quot; width=&quot;214&quot; height=&quot;320&quot; align=&quot;top&quot; /&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt; &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;La ciudad donde yo vivo, Arequipa, en el sur del Perú, se halla rodeada de montañas. Los antiguos peruanos tenían por tradición señalar a una montaña o pico de cierta importancia en una comarca como el guardián o protector de la región - denominándolos &quot;Apus&quot;-, y convirtiéndolo en un monte sagrado, en una divinidad. No es raro por tanto, encontrar que existen muchísimas leyendas, mitos e historias sobre cada uno de ellos. Mi ciudad cuenta con tres de ellos: dos volcanes extintos y un nevado: curiosamente, el guardián tutelar de la ciudad, el Misti, es el único que no tiene nombre incaico. Se dice que los incas lo &quot;maldijeron&quot; en un pasado remoto, condenándolo a no tener nombre, según dicen por que algo muy terrible pasó ahí. Desde siempre se han contado historias sobre los raros sucesos que tienen lugar en las faldas de ese volcán, y fue precisamente lo que descubrimos mis amigos y yo aquella noche....&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ocurrió en 1990. En aquellos años se realizaba en laciudad una maratón de ascenso al volcán con motivo del aniversario de fundación de la misma. Yo ya había participado el año anterior en la misma, y animé en ese año a tres compañeros del colegio: Omar, Juan Manuel y Luis. Era nuestro último año de secundaria y ellos consideraron que podría ser una interesante experiencia; además, el hecho de que aún estábamos en el colegio hacía que, gracias a la práctica constante de deporte en esa época -y sin tabaco ni alcohol,... por lo menos, no mucho-, no teníamos pues temor de que semejante prueba nos fuese algo insuperable.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tras inscribirnos y pasar las pruebas médicas, nos sentíamos importantes reunidos con los demás participantes, en las charlas informativas, sentados junto a maratonistas bolivianos y africanos que también habían llegado para participar; definitivamente iba a ser una gran aventura. La mañana de la partida, todos estábamos reunidos en la plaza de armas de la ciudad, portando nuestras mochilas y con un número de control en el pecho. Tras darse la partida, los cuatro comenzamos a trotar atrás del grupo; no participábamos por el premio en metálico ni por fama, sólo queríamos conocer un lugar nuevo, nuevas experiencias,... pero no puedo negar que nos sentíamos muy bien al cruzar la ciudad, mientras la gente salía y nos aplaudía, como a todos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando comenzamos la lenta ascensión al volcán, las cosas realmente se pusieron buenas: una cosa era trotar por el asfalto y otra muy distinta las laderas de un volcán,algo escarpadas y compuestas de una mezcla de tierra suelta y ceniza vieja. El sol realmente abrazaba y la desazón cundió en nuestro pequeño grupo al ver que tardábamos demasiado en ascender la primera loma,... mientras que una radio anunciaba por medio de altavoces, que ya había llegado el primer maratonista a la cima.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Convencidos de que no habría ya una emotiva competencia (por lo menos para nosotros), decidimos tomarlo más bien como una excursión al campo, y sin importarnos ya que los demás competidores nos rebasasen. Cada uno de los integrantes de mi grupo tomaba las cosas a su manera. Luis, el más fornido y deportista de todos, era casi una máquina y ni siquiera movía un músculo del rostro cuando asaltábamos una elevación difícil. Juan Manuel, algo soñador, lo veía todo como una aventura y francamente lo disfrutaba. Yo, por mi parte esperaba no ser derrotado por el volcán (el año anterior no había podido llegar a la cima), y trataba de esforzarme. Omar, el eterno negativo del grupo, al poco rato ya refunfuñaba por el sol aplastante y el polvo. A casi una hora de avanzar por las faldas del volcán, se hizo el silencio: la ciudad quedaba atrás y no se sentía ni el vuelo de una mosca en la desértica inmensidad del lugar: era un silencio inquietante que no he vuelto a sentir jamás.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De pronto, al terminar de rodear una loma, nos dimos de lleno con algo que no esperábamos: un cementerio clandestino. En muchas ciudades de mi país es común que los más pobres eviten enterrar a sus difuntos en los cementerios oficiales por los altos costos, así que, simplemente buscan un lugar algo alejado de la ciudad y los entierran ahí. Con el paso del tiempo, otros les siguen el ejemplo. No es raro también que ahí se entierren personas que murieron de formas, digamos que &quot;oscuras&quot;. Alguna vez había visto algunos, desde el asiento de un bus, al viajar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Este en particular era inmenso: cientos, quizás miles de cruces sembraban el suelo en total desorden. No había nadie ahí y mi grupo de amigos y yo comenzamos a cruzarlo con el cauteloso silencio y respeto que uno tiene al ingresar en un camposanto. Definitivamente nos habíamos perdido: ¡en ningún punto de la ruta del maratón se indicaba que debíamos atravesar un cementerio!. Al comentarles eso al grupo, todos decidimos que lo mejor era ir hacia el otro extremo del cementerio, ya que remataba en una colina bastante alta y desde ahí podíamos tratar de avistar a los otros competidores.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mientras lo cruzábamos, no dejábamos de sentir una rara sensación de ser observados. Prácticamente todos comenzamos a mirar esas cruces que mostraban con caligrafía de primaria, los nombres, fecha de nacimiento y defunción. En algunos casos tenían al centro de la cruz las fotos de los difuntos, que parecía que nos seguían con sus miradas vacías. Realmente nos sentíamos unos intrusos en aquel lugar. El viento comenzaba a soplar, agitando las coronas de flores de papel, llenado de pronto el lugar de mil y un sonidos extraños.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al final de nuestro grupo, Omar se había quedado leyendo la inscripción de una cruz muy grande, de color negro: la miraba mientras mascullaba algo. El había estado particularmente molesto desde hacía buen rato: el calor, el polvo que levantaba el viento, todo en su conjunto, le estaban haciendo pensar que debía desquitarse del trance de alguna forma. Sin razón alguna, levantó el pie y soltando un insulto, echó al piso la cruz de una patada. &quot;¡Que haces loco!&quot; -, le resondré. &quot;¡Bah! -respondió encogiéndose de hombros-,&quot;ya están muertos, ¿a quién le importa?,...&quot;.Todos los demás se aunaron a reprochar su proceder. Sin hacernos caso, Omar comenzó a caminar hacia la colina. Juan Manuel se apresuró rápidamente a volver a colocar la cruz en su sitio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tras ese incidente, no tardamos mucho en llegar a la cima de la colina: pudimos observar a los demás competidores y corrimos a retomar la ruta. A partir de ese momento, todo el resto del trayecto transcurrió en medio de bromas, risas y fotos para el recuerdo. Nos olvidamos de lo que hizo Omar; en realidad éramos grandes amigos y no podíamos estar molestos mucho tiempo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al caer la tarde, tratamos de apresurarnos para llegar al campamento base, ubicado a la mitad del volcán, para pernoctar y luego subir a la cima, para ver el amanecer desde ahí,... pero el ascenso era difícil y la noche nos agarró casi 400 metros más abajo. De nuevo solos, nos aprestamos a pasar la noche: nos abrigamos con todo lo que llevamos, comimos algo y, como no habíamos llevado una carpa, comenzamos a excavar un poco en la tierra para colocar ahí nuestras frazadas para dormir hombro con hombro y darnos calor: un viejo truco para pasar las frigidísimas noches en los andes. Rápidamente la temperatura bajó a cero grados. Como no había ahí nada que quemar, nos contentamos pasándonos una botella con un poco de pisco que habíamos llevado. Habíamos escogido para pernoctar un andén abandonado al lado del camino de ascenso al campamento, donde había un horno de carbón natural, también abandonado. Frente a él descansaba un inmenso peñón al lado del camino.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El frío nos obligó muy pronto a acostarnos lado a lado; la vista era excelente: veíamos así acostados el camino por donde habíamos venido, y muchos kilómetros más allá, las luces de la ciudad. Alzando la vista, podíamos ver la preciosa noche estrellada y la lluvia de estrellas fugaces de agosto. Pasaba la medianoche cuando, conversando de trivialidades, &quot;algo&quot; que se hallaba detrás de nuestras cabezas,... y que hizo llegar a todos nosotros una ventisca helada, mucho más helada, si es que podía sentirse aún, en aquel lugar: sorprendiéndonos, un tipo cruzó por en medio de nosotros, que permanecíamos acostados en el suelo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nos quedamos helados: era un hombre, de mediana edad, vestido con pantalón ligero, camisa blanca de manga corta y unos zapatos bastante pasados de moda. Nadie dijo nada, ¡en verdad nadie supo como reaccionar!, mientras el sujeto ese caminaba por el andén para terminar sentándose en una roca frente a nosotros, y observándonos muy fijamente. Casi instintivamente, todos comenzamos a mirarlo, a la vez que sacábamos nuestros cuchillos de monte, y que todos habíamos llevado. Un fuerte destello que salió de donde estábamos (el cual explicaré luego), lo iluminó por completo. Ahí lo pudimos ver con detenimiento: tendría unos 30 años, y por el pelo largo con patillas, y zapatos con un enorme taco, se diría que vestía a moda de los sesentas. Lo que nunca olvidaré era su mirada fija y dura. Estaba molesto y parecía que nos odiaba. No sabíamos que hacer.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Omar, que era algo más resuelto finalmente le habo: &quot;¿quién eres?,...&quot; -preguntó primero sin recibir respuesta-, &quot;¿este andén es tuyo?&quot;. Nada: el sujeto ese sólo nos miraba. Sentado y sosteniendo su cabeza con ambas manos. Finalmente, y sin explicarnos por qué, Omar le pidió que nos permita quedarnos ahí y le pidió disculpas. Tras unos minutos que parecieron eternos, se incorporó y afirmando con la cabeza, como un matón de barrio, que así te hace saber que espera volverte a ver, comenzó a caminar hacia atrás del peñasco.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Preocupados de que fuese un delincuente y que tuviese compañía, Omar, Luis y yo corrimos tras él, mostrando los cuchillos. Apenas llegamos al peñón, nos dimos cuenta que el sujeto simplemente se evaporó.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&quot;¡Trae las linternas!&quot;- le gritó Omar a Juan Manuel, que se había quedado atrás petrificado de miedo. No tardamos casi nada en desgarrar la oscuridad de la noche con la luz de las linternas: no había nadie ahí. El camino que habíamos recorrido estaba ahí desierto,... ¡habíamos tardado casi media hora en subirlo y era imposible que alguien lo bajase en el escaso minuto que el desconocido había tardado!!!.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Salvo el peñón, no había dónde ocultarse: Todo el lugar era monte pelado. Regresamos adonde dormíamos a insistencia de Juan Manuel, que estaba sumamente nervioso. Las preguntas comenzaron a aparecer: ¿quién era?, ¿qué quiere?, ¿en mangas de camisa con este frío de -5 grados?, ¿de dónde viene si la ciudad está a kilómetros?, ¿un loco? un ladrón?,... no teníamos respuesta alguna.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al regresar adonde estaban nuestras frazadas, Omar me llevó a un lado mientras Juan Manuel trataba aún de encontrar al desconocido con la lámpara. &quot;Mira&quot; -me dijo. ¡Se me heló el espinazo: el tipo había pasado por en medio de Omar y de mi,... pero las frazadas no tenían ninguna huella encima,... era como,... si el tipo hubiese levitado encima,... o que no tuviese pies,...!!!! Aquella noche decidimos hacer guardia por turnos: en realidad nadie casi durmió. Juan Manuel fue el primero y yo lo veía de rato en rato, mirando nerviosamente a la oscuridad, aferrando su cuchillo, sobresaltándose cada vez que el viento ululaba. Fue una noche muy difícil.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al día siguiente, despertamos muy tarde. No ascendimos al campamento base. En verdad, todos nos queríamos ir de ahí ya. Casi no hablamos del asunto en el trayecto de regreso; nadie sugirió siquiera seguir la ruta del cementerio. A media mañana, casi llegando a la ciudad, Juan Manuel se detuvo a tomar una última foto del volcán, y que se erguía majestuoso aquella mañana soleada. Ahí nos lo contó:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&quot;...¿Saben?, casi me olvido: le tomé una foto a ese tipo anoche&quot;. Todos estallamos en júbilo. Hasta ese momento, todos pensábamos que habíamos tenido visiones. Si había una foto, teníamos una prueba de que diablos había pasado. Comenzamos a caminar alegres, hasta alguien se atrevió a decir que, si se trataba de un fantasma, podríamos ganar buen dinero vendiendo la foto a una revista extranjera. Días después pudimos ver el rollo revelado: la foto esperada no existía. Lo natural es que en una noche tan oscura, saliese una imagen también oscura, pero no,... la foto salió totalmente blanca, como si en vez de haber tomado un peñasco, hubiese Juan Manuel apuntado la cámara contra una hoja de papel. Para los entendidos, no tiene ningún sentido. Otras fotos que nos habíamos tomado en el mismo lugar unas horas antes, estaban oscuras, pero nosotros sí salíamos muy nítidos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ahora que todos tenemos unos 34 años, no es raro que recordemos acerca de lo sucedido, cada vez que nos reunimos. Aún somos muy buenos amigos. Con Omar hablo de vez en cuando de aquella noche; él cuenta la anécdota cada vez que puede, y su rostro se vuelve sombrío cuando le preguntan acerca de que cree él que ocurrió: &quot;.....en verdad, no lo sé...&quot;-, responde gravemente. Un día le pregunté yo, si no creía que pasó aquello por que él pateó esa cruz en el cementerio. Omar se sorprende y dice que no recuerda haber pateado ninguna cruz,... pero yo sé que miente.&lt;/p&gt;</content>
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    <published>2009-11-24T04:07:00Z</published>
    <updated>2009-11-24T04:07:00Z</updated>
    <title type='text'>La casa embrujada de La Victoria</title>
    <content type='html'>&lt;p style=&quot;text-align: center;&quot;&gt;&lt;img style=&quot;margin: 0px;&quot; src=&quot;http://f1.mb-content.com/pictures/041/08/7/708041_RAJSBTIFDOTCGND.jpg&quot; alt=&quot;&quot; width=&quot;300&quot; height=&quot;400&quot; align=&quot;top&quot; /&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt; &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;Un relato de: Reynaldo Silva&lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt; &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;A finales de los años setentas, mi familia y yo regresamos finalmente a la capital. Mi padre era en aquel entonces un humilde detective, que logró con gran esfuerzo e intachable moralidad, ascender lentamente en su carrera policial. Su deseo de lograr su superación sin recurrir a otra cosa que fuera su honradez, había hecho que nuestra familia recorriese junto con él media docena de ciudades del Perú. Finalmente, había logrado ser destacado a Lima.&lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt; &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;Tras unas conversaciones con algunos camaradas de armas, se enteró de un pequeño departamento muy barato, en el peligroso distrito de La Victoria. Mi madre recelaba vivir ahí y no era para menos: el distrito fue diseñado por un presidente del siglo XIX para ser el futuro centro de la ciudad, pero la tugurización lo convirtió en el más &quot;bravo&quot; de los barrios de Lima. Obviamente, temía lo que les podría pasar a sus hijos.&lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt; &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;Tras conversar con el dueño, mi padre estaba más que dispuesto. Mi madre, por su parte, tenía algunas reticencias aún; papá terminó convenciéndola. Mi padre recibía un muy modesto sueldo del estado como Inspector. Trabajaba en la sección de &quot;Fraudes contra el Fisco&quot;, un área particularmente difícil; la corrupción era muy alta. Oficiales de menor grado que él se hacían de pequeñas fortunas a los pocos meses de trabajar ahí, y mi padre estaba dispuesto a vivir en una casa humilde para demostrarle a todo el mundo su honradez.&lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt; &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;El dueño, un alemán muy viejo apellidado Lynch, exigía que se realizase un contrato por ¡18 años!; el motivo por tan extraño contrato nos es hasta ahora un total misterio. A mi madre le parecía bien, ya que estaba cansada de cambiar de ciudad de residencia a cada rato. El alquiler era una ganga; era extraño que nadie quisiera alquilar ese departamento. Mis padres firmaron así el contrato gustosos y a partir de ese momento, pasamos a ser los inquilinos de la que nuestros nuevos vecinos llamaban &quot;La casa embrujada de La Victoria&quot;,... cosa que descubrimos al poco tiempo.&lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt; &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;Recuerdo cuando llegamos al departamento el primer día. Yo era muy chico, pero recuerdo todo: era un departamento muy pequeño (aún no me explico cómo entrábamos ahí mis padres, mis 5 hermanos y yo), de apenas dos dormitorios, una sala-comedor, baño y cocina. Estaba en un segundo piso: en el primero vivía el Señor Lynch y su esposa. La puerta que daba a la calle era de pesado metal forjado, que apenas se podía abrir hasta la mitad, y ocasionando un tremendo estruendo. Ese fue el motivo de que jamás nos hubiesen robado esa casa mientras vivimos ahí: cualquiera que la abriese despertaría a medio barrio. Frente a la puerta había una inmensa y empinada escalera de escalones de mármol, que daba a la puerta de madera del departamento. Aún recuerdo hoy que cuando se subía, los pasos se sentían con un fuerte eco que retumbaba en tus oídos; te daba algo de miedo eso. El departamento era acogedor pero algo frío y sombrío.&lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt; &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;Lo que me aterró desde el primer instante fue el Señor Lynch: era alto, fornido, muy blanco, canoso y barbado; apenas hablaba español. Su caminar era pesado y lento. Jamás salía de su casa salvo para ir a nuestro departamento para cobrar el alquiler mensual. Yo le abría siempre la puerta y me quedaba paralizado al verlo. Al venir mi madre a pagarle, me escondía tras ella. Era un tipo extraño. Se decía en el barrio que en realidad era un nazi escapado de Europa después de la guerra. Y no era para más, su comportamiento lo sugería: no hablaba con nadie, y no tenía amigos. Su esposa solo salía de su casa una vez a la semana, rumbo al mercado. El Señor Lynch también se encerraba en su casa rodeado de los seis más hermosos y fieros pastores alemanes que haya yo visto jamás, y de los cuales nunca se separaba. Su comportamiento evidenciaba que se escondía de algo,....o que quería evitar que algo o alguien, llegase hasta él.&lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt; &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;Las primeras semanas transcurrieron alegremente en acondicionar nuestro nuevo hogar, hacer nuevas amistades, y muy disimuladamente, hacer saber a los &quot;guapos&quot; del barrio, que éramos una familia de padre policía. Nadie nos temía, por el contrario; surgió de pronto un sentimiento de respeto del vecindario por nosotros: sabían que para cualquier cosa, es mejor llevarse bien con un oficial de la policía. Lo que enturbió las cosas fue lo que descubrimos en esos primeros días: &quot;¿dónde vive usted?&quot; -, preguntaba el tendero ó algún vecino que recién conocíamos, y tras decir: &quot;en el 240 de Casimiro Negrón,..&quot;, la respuesta era inmediatamente la misma: &quot;¿en la casa embrujada???? ,....que valientes!&quot;. Prudentemente, mi madre sugirió que no hiciéramos caso.&lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt; &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;Al poco tiempo, mi padre comenzó a ser destacado a labores que lo obligaban a viajar varios días, dejando a mi madre, y sus tres hijos varones y tres mujeres (entre ellos, yo), solos en esa casa. Para ese entonces nada importante nos había ocurrido, pero eso cambiaría de pronto cuando se acercaba la llegada de la luna llena. Una noche, unos días antes, los perros del Señor Lynch comenzaron a ladrar y aullar horrorosamente, espantando a mis hermanos adolescentes y a mí: nos apretujados todos nosotros contra el cuerpo de nuestra madre en su cama, escuchando también al anciano ese imprecándoles a sus animales en alemán. Era algo realmente extraño: sé de perros que ladran y le aúllan a la luna, pero nunca que lo hagan días antes de que aparezca. Ese raro suceso se extendió por otras dos noches más.&lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt; &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;Al poco tiempo llegó finalmente la luna llena. Mi madre cocinaba el almuerzo. Estaba sola en casa; era de día, y nosotros estábamos en el colegio. Según me contó tiempo después, escuchó que tocaban a la puerta: se extrañó al no haber sentido la pesada puerta de metal abriéndose. Caminó a la puerta del departamento y se sorprendió al abrirla y no encontrar ahí a nadie,... y también al ver la puerta de metal también cerrada, escalones abajo. Regresó extrañada a la cocina, pensando que había imaginado oír un ruido. No pasó mucho para que nuevamente se escuche un golpe en la puerta. Esta vez mi madre corrió para descubrir al bromista,...pero nada: ahí no había nadie. Ya para ese momento, mi madre estaba muy asustada.&lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt; &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;Su temor aumentó cuando volvió a escuchar toques en la puerta; esta vez no era un golpe seco: eran golpes insistentes. Armada de valor, abrió de golpe la puerta,....y de nuevo nada. En un arranque muy suyo, abrió la puerta completamente y con un gesto con la mano, dijo en voz alta, dirigiéndose al invisible desconocido: &quot;¡Entra!&quot;. Tras darse cuenta de que esa actitud era un sinsentido, la cerró de golpe y regresó a sus quehaceres, muy agitada y tratando de mantener la compostura. Volvió a sus deberes sin poder dejar de pensar  en lo que los vecinos le habían dicho y mascullando una oración que aprendió mucho tiempo atrás en el colegio de monjas. Decidió en ese momento no decirnos nada sobre lo ocurrido.&lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt; &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;Aquella noche, mi madre se encerró en su dormitorio, tratando de tranquilizarse  su manera, tejiendo. Cuando mi padre viajaba, mamá era como un general en casa: si ordenaba ir a dormir, todos nos metíamos en la cama y a dormir sin chistar; como en el departamento sólo había dos dormitorios, en uno dormían mis padres y yo (que era el más pequeño), y en el otro mis cinco hermanos. No fue difícil conciliar el sueño por que, curiosamente, los perros del piso de abajo guardaban esa noche un pétreo silencio. Al filo de la medianoche, mi madre escuchó barullo afuera en la sala: se escuchaban murmullos; se escuchaba como si un grupo de gente conversara. Pensando que eran mis hermanos, les ordenó en voz alta irse a dormir, sin despegarse ella de la cama. Yo dormía profundamente en mi cama, a su lado. Al escuchar ella que los ruidos continuaban, se levantó molesta y se dirigió a la sala.&lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt; &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;Como éramos una familia de 8, la sala constaba de una enorme mesa también con ocho sillas. Teníamos la costumbre, en esa época, de poner las sillas sobre la mesa, al modo de los restaurantes, al caer la noche. Mi madre apenas encendió las luces, se indignó ante el espectáculo que observó: todas las sillas estaban volteadas y en total desorden. Para ella, era una intolerable travesura. Caminó hacia el dormitorio de mis hermanos, abrió la puerta y encendió la luz: mis hermanos estaban dormidos y se extrañaron al ver a mi mamá muy molesta, preguntándoles quién había sido: ellos no sabían nada de nada. &quot;Castigados: no van al cine el sábado!&quot; -, fue la sentencia recibida. Mis pobres hermanos pedían explicaciones, pero mi madre no entraba en razón.&lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt; &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;Conforme avanzó la noche, mis hermanos sollozaban y renegaban en la oscuridad del cuarto, molestos por el castigo injustificado. Henry, el mayor, era el único que tenía el privilegio de tener una cama sólo para él: mi otro hermano y mis 3 hermanas compartían, a pares, sendas camas-camarotes. Henry tenía la puerta del dormitorio enfrente: insomne, mi hermano recorría con la vista el cuarto a oscuras, tratando de retomar el sueño. De  pronto, se percató que la puerta se abría. El picaporte giró, se abrió la puerta casi por completo, para luego unos segundos  después, lentamente, se cerró completamente, y finalizó girando de nuevo el picaporte; ¡no lo podía creer cuando vió el mismo proceso repetirse tres veces más!!,...&lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt; &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;La cuarta vez, no se contuvo y susurrando, le avisó a la mayor de mis hermanas, Eliana. &quot;....mira la puerta...&quot;-, le dijo. La molestia de mi hermana por el castigo despareció por completo cuando la vió con sus propios ojos abrirse y cerrarse varias veces más. Ambos estaban aterrados y no sabían que hacer. En un arrebato de valor, Henry se incorporó de su cama y prendió las luces. Cerró la puerta y tras apagar la luz, corrió a su cama. Tratando de no pensar en ese suceso, se volteó para tratar de dormir. Eliana no pudo dejar de ver la puerta a pesar de que ya estaba cerrada.&lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt; &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;Al poco rato, vió con pavor cómo &quot;alguien&quot; apareció de pronto, sentado sobre un viejo baúl, a los pies de su cama: era un anciano, de baja estatura, vestido con un traje raído. El ser espectral no la miraba, miraba hacia el frente, y tenía en una mano una botella y un vaso en la otra, y ajeno a la espantada testigo, hacía una y otra vez el ademán de servirse una copa y beberla. Mi hermana encogió los pies y trató de gritar, pero el miedo era tal que no pudo articular palabra. Fueron eternos los minutos que luchó contra su propio cuerpo que no paraba de temblar, hasta que finalmente pudo voltearse y esconderse bajo las sábanas.&lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt; &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;A la mañana siguiente, ambos conversaron y decidieron no decirnos a los demás hermanos nada, para evitar que nos asustásemos: igualmente, decidieron no decirle nada a mi mamá: &quot;no nos va a creer&quot;-, pensaron; ¡cuán equivocados estaban!,... los demás hermanos descubriríamos qué pasaba en aquella casa ese segundo día de luna llena, por la noche.&lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;Aquella noche, algo me despertó. Eran voces. Mi madre dormía a mi lado, y yo no sabía nada de lo que había pasado la noche anterior. Por un momento pensé que mi padre había vuelto de viaje y estaba reunido con sus compañeros de trabajo en la sala. A través de la puerta entreabierta pude ver un raro destello que provenía del salón. Presté atención; las voces eran a ratos susurros, a ratos voces más airadas, pero en un idioma extraño. A ratos se sentía el golpe de un puño sobre la mesa, e igualmente se sentía el sonido de que las patas de las sillas eran arrastradas por el piso por efecto del peso de los desconocidos que estaban supuestamente sentados en ellas. Recuerdo que parecía ser una larga velada, por que tras escuchar un buen rato me dormí, rendido.&lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt; &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;En el otro dormitorio, el drama familiar ya cobraba visos espantosos: mis otras dos hermanas, Rossana y Janet ocupaban las camas de arriba de las dos camas-camarotes. Janet dormía apaciblemente, ignorante de lo que ocurría afuera. Según ella me contó, volteó de posición y abrió los ojos por un momento, para tener frente a sí un espectáculo pasmoso: frente a ella, a escasos centímetros de su rostro, y flotando en el aire, a buena altura del suelo,... ¡había un bebé!!; Janet se quedó paralizada del espanto. El bebé flotaba en el aire, ingrávido. Estaba desnudo y movía agitadamente los brazos, con sus ojos cerrados, cerrando sus puñitos. Al poco rato, comenzó a gemir y a llorar. Era un llanto lúgubre y realmente macabro. Rossana despertó al sentir el inusual ruido. Ambas observaban a esa entidad de pesadilla en medio de ellas, flotando ingrávido. No les quedó más que voltearse y, protegiéndose con las cobijas, trataron de no verlo ni oírlo, rezando sin cesar.&lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt; &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;A la mañana siguiente, muy temprano, seguí a mi madre a la sala: ella estaba parada, mirando las sillas revueltas por todo el lugar. Quiso recriminar a mis hermanos otra vez, pero ellos no la dejaron hablar: había sido demasiado y, uno tras otro, le comenzaron a explicarle lo vivido hasta ese momento: &quot;¡mamá, en esta casa &quot;penan&quot;: vámonos!&quot;-, dijo Janet, totalmente aterrorizada. Tratando de poner calma en la familia, mi madre trató de convencernos que ahí no pasaba nada, para finalmente decir que esperaríamos a que vuelva mi padre para decidirlo. Al poco rato, él llegó. Papá siempre fué un total escéptico frente a esas cosas, así que, enterado de lo que pasaba, nos convenció de que no sucedía en esa casa nada raro, mientras nos colmaba de mimos y de regalos. Así, ese día tuvimos algo de paz,....por lo menos hasta la noche.&lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt; &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;Esa vez me tocó a mí vivir una terrible experiencia. Estando papá en casa, nos quedamos todos juntos en la sala viendo televisión hasta muy tarde. Al día siguiente no había clases. Poco a poco nos fuimos todos a dormir. Yo, exhausto, fui cargado hasta mi cama. Pasada la medianoche, me desperté. Mis padres dormían y yo me levanté de la cama: mi papá me había traído un muñeco de peluche y yo lo había olvidado en la sala, y hacia ahí me dirigí. La sala estaba totalmente a oscuras. Vi el peluche en el piso, sobre la alfombra, y me apresuré a recogerlo, agachándome. Le tenía -y le sigo teniendo-, miedo a la oscuridad y quería regresar cuanto antes a mi cama. De pronto, no pude incorporarme. Frente a mí apareció de pronto una luz, que comenzó a crecer muy rápido. Esa luz pulsaba frente a mí y tomaba una forma vagamente humana. Quedé paralizado, y no pude hacer nada más que gritar: ¡y grité y grite,...y grité!!!,... y nadie me escuchó: simplemente no salió ningún sonido de mi boca. El terror me tenía paralizado; no podía moverme de ese lugar, era como si estuviese pegado al suelo. La luz comenzó a crecer y a acercarse a mí,....y se me hizo la noche.&lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt; &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;No recuerdo más nada. Tampoco supe quién me llevó de vuelta a mi cama donde desperté al día siguiente: ni mis padres lo saben. Ahora pienso que he perdido varias horas de mi vida en ese suceso; no lo sé. También esa noche, el hermano que no había sufrido ningún encuentro con lo desconocido hasta ese momento, Martín, tuvo un encuentro, al ir a la cocina por algo de comer,... pero nunca ha querido decir qué fue lo que pasó.&lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt; &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;A la mañana siguiente, mis padres se encerraron en su dormitorio a solas, para decidir qué hacer. Tampoco han querido hasta hoy decirnos qué discutieron, pero la decisión fue tajante: nos quedaríamos a vivir ahí. A partir de ese día, poco a poco nos fuimos acostumbrando a vivir en esa casa. Cada mes, los perros ladraban antes de la luna llena, para luego callar de golpe al aparecer la luna y junto con ella, esos y muchos otros terroríficos sucesos, y que necesitaría yo hacer un libro para relatarlos todos juntos. Cuando las apariciones eran espantosas, mi madre, con su acostumbrada lógica, nos decía: &quot;no le teman a los muertos, témanle a los vivos&quot;, o &quot;si no te molestan, déjalos en paz; también cuidan la casa&quot;. Nunca pudimos hablar con el Señor Lynch acerca de lo que pasaba en esa casa: simplemente esquivaba el tema. Definitivamente ocultaba algo, y demostraba que les temía más que nosotros.&lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt; &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;Hoy en día más que nunca, mi familia y yo creemos que era cierto lo que algunos suponían en el barrio: que eran los espíritus del pasado que buscaban a un anciano atormentado por sus actos pasados, que trataba de huir de ellos, y que nosotros estábamos en medio de esa extraña búsqueda de justicia. Algunas veces he ido, en el transcurrir de los años, a mi viejo barrio. Lynch y su esposa ya deben haber muerto, no lo sé. Me paro en la calle y veo ese pequeño departamento, que ahora se ve más viejo que antes, y cubiertas las paredes de graffitis de las pandillas: el barrio ha empeorado. No sé quién vive ahí ahora, pero daría lo que fuera por pasar aunque sea una noche de luna llena, de nuevo en esa casa.&lt;/p&gt;</content>
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      <name>cuentosdeterrorymisterio</name>
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    <id>tag:metroblog.com,2007:blog-144179.post-562658</id>
    <published>2009-11-24T03:56:00Z</published>
    <updated>2009-11-24T03:56:00Z</updated>
    <title type='text'>Los desaparecidos en el "Tata Pancho"</title>
    <content type='html'>&lt;p style=&quot;text-align: center;&quot;&gt;&lt;img style=&quot;margin: 0px;&quot; src=&quot;http://f1.mb-content.com/pictures/035/08/7/708035_THSEEOXYEULNHMD.jpg&quot; alt=&quot;&quot; width=&quot;282&quot; height=&quot;400&quot; align=&quot;top&quot; /&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt; &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;La fiesta del &quot;tata Pancho&quot; en Yunguyo, es una de las celebraciones religiosas más importantes de la región Puno; tan importante que atrae fieles de todo el sur peruano y Bolivia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Como consecuencia de la simbiosis entre el cristianismo traído por los españoles al momento de la conquista, y la cultura Aymara, la traducción al aymara de la palabra Dios, que se refiere al Dios del cristianismo es &quot;Tatito&quot;, y de ella viene la palabra aymara &quot;tata&quot; que traducida al español significa padre, señor, palabras que a manera de adjetivo encierran profundo significado y admiración en la persona a la que se le llama &quot;tata&quot;, refiriéndose asi a una persona muy buena, admirable, acogedora, bondadosa, una persona que da confianza y es de gran poder; por ello el Patrón de Yunguyo, San Francisco de Borja es llamado Tata Pancho, con relación al nombre de nuestro Santo Francisco de Borja, en esta zona quien lleva el nombre de Francisco es llamado cariñosamente &quot;Pancho&quot;; es así que con profundo respeto, confianza y cariño, los devotos de San Francisco de Borja le imploran sus bendiciones.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dice la tradición que en un lugar llamado Milagro, cerca de la frontera Perú -Bolivia, por K'asani (otros aluden que fue en Chacapata), en tiempos antiguos una pareja de ancianos en sus tareas agrícolas removiendo la tierra notaban que sus herramientas chocaban con algo duro. La curiosidad animó sacando toda la tierra, siendo grande su sorpresa cuando vieron aparecer una cruz perfectamente tallada en piedra (piedra cruz). Lo que más llamaba la atención dicen, que en nada se parecía al rostro de Cristo, sino a uno distinto, considerando este hallazgo como un milagro. Hecho de conocimiento al pueblo, la fe y el culto se avivaron, rápidamente el lugar fue siendo objeto de peregrinación por creyentes y curiosos. La interrogante era de quién sería el rostro que presentaba la cruz y solo atinaron a llamarlo &quot;Tata Q'ala&quot; O Señor de Piedra).Pasado el tiempo y a pedido del pueblo creyente efectúan el traslado de la cruz de piedra entronizándolo en el templo del pueblo; mientras las miradas inciertas de la curia y autoridades debieron contenerse admirados por la tanta fe de aquél pueblo, pero no dejando de querer encontrar la explicación e identificar aquél rostro. Mas tarde se dice que otro cura atinó en afirmar que se trataría de San Francisco de Borja por los rasgos que presentaba, concluyendo que Yunguyo había sido bendecido con la aparición de este Santo, quedando desde entonces como su protector y patrono.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La conjunción social y religiosa se inicia los primeros días de octubre, con el desarrollo de un nutrido programa y dentro de ello el concurso de &quot;sicuris&quot;, danzas y otras actividades culturales, que duran hasta el día de la fiesta central, el 10 de octubre, cuando el pueblo retumba en algarabía y fe religiosa, y el Santo Patrón, San Francisco de Borja, con su mejor traje, escoltado por autoridades, fieles y bailarines de la ciudad y del campo, en medio de murmullo de rezos y oraciones a repique de campana, entre el aroma del incienso y mágica música, avanza en procesión por las calles de Yunguyo, entre camaretazos y bombardas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Luego, frente al templo, se renuevan los votos de fe con un nuevo alferado para el año entrante y los venideros. El derroche y frenesí de la festividad trascienden las fronteras. Tanto los residentes como los visitantes comparten a cual mejor, en los conjuntos de danzarines siendo notorio el cariño y la hospitalidad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero esta fiesta religiosa cuenta con un lado oscuro: una leyenda conocida por todos los habitantes de la región, de la cual se habla a voz queda, y la cual tal vez no pasaría de ser un mero mito urbano, si no fuese por que no faltan puneños que aseguran haber conocido a alguien, que asegura haberlo vivido para contarlo,...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se dice que la festividad del &quot;Tata Pancho&quot; no solamente atrae a fieles,... sino también a oscuros individuos, al acecho de los visitantes foráneos. La historia es indefectiblemente la misma: un hombre, preferentemente alto y robusto, foráneo ó extranjero, visita Yunguyo para el &quot;Tata Pancho&quot;; durante la fiesta, en medio de la algarabía general, es abordado por una mujer; siempre es una mujer joven, muy bella y vestida con traje de luces (haciendo así suponer que pertenece a algún grupo de danzantes) La misteriosa mujer invita entonces al visitante a beber y a bailar, esmerándose en atenciones para el visitante, y alejándolo de sus amistades, si es que viaja acompañado. Conforme pasan las horas, el incauto visitante se deja llevar por la algarabía con la mujer,... hasta perder el conocimiento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al volver en sí, despierta amarrado: se encuentra en un lugar agreste y desolado, en medio de la más oscura de las noches: el mítico cerro Kapía, lugar de poder por excelencia de Puno y asiento de decenas de leyendas y mitos, provenientes del mundo mágico aymara. Pero el hombre no está solo: junto con él están dos o tres hombres. Según se cuenta, algunos brujos negros puneños y sus poco escrupulosos clientes acostumbran, por medio de una fémina, a secuestrar a jóvenes varones de esa manera, con la única intención de, tras oscuros ritos, sacrificarlos al diablo, para pactar con él, y obtener así riqueza y prosperidad. Siempre buscan hombres altos y fornidos, en la creencia de que &quot;mientras más grande es el sacrificio, más fortuna obtendrán del maligno&quot;. Al escoger a sus víctimas entre foráneos, evitan llamar la atención de las autoridades; si es de la región (pero no de Yunguyo), muchas veces la desaparición es justificada simplemente con un &quot;¡bah!, se habrá escapado con otra mujer,...&quot;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No siempre el bárbaro rito es consumado: muchas veces, brujo y cliente se hallan tan borrachos que descuidan a su víctima y éste logra escapar; he ahí que existan decenas de testimonios acerca de secuestrados que han vivido para contarlo. Igualmente existen historias similares, acerca de desaparecidos ó secuestrados que han salvado el pellejo, en otras festividades de Puno; principalmente en la fiesta de la Candelaria, pero al parecer, los brujos negros preferirían la fiesta del &quot;Tata Pancho&quot; para sus fechorías.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En el mundo aymara, el miedo a los brujos negros (&quot;maleros&quot;), es a veces tan grande que, la gente prefiere hablar de ello a media voz, o incluso no hablar del tema. Es por eso que, entre las muestras de hospitalidad y generosidad que los habitantes de Yunguyo dan al visitante a su tierra, muchas veces, sobre todo si uno es varón, se incluirá la sentencia: &quot;...tenga cuidado en el &quot;Tata Pancho&quot; y no acepte nada de una mujer desconocida,...&quot;, tras lo cual le contarán esta terrible e intrigante leyenda,...&lt;/p&gt;</content>
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    <id>tag:metroblog.com,2007:blog-144179.post-562653</id>
    <published>2009-11-24T03:34:00Z</published>
    <updated>2009-11-24T03:34:00Z</updated>
    <title type='text'>La descabezada de Ciudad de El Cabo</title>
    <content type='html'>&lt;p style=&quot;text-align: center;&quot;&gt;&lt;img style=&quot;margin: 0px;&quot; src=&quot;http://f1.mb-content.com/pictures/024/08/7/708024_NQUVOAYLUHTRJPU.gif&quot; alt=&quot;&quot; width=&quot;470&quot; height=&quot;395&quot; align=&quot;top&quot; /&gt; &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt; &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;Una de las leyendas de autoestopistas fantasmas más extrañas de todas. Cuenta la leyenda que en una curva de una carretera de Sudáfrica, cerca de la ciudad de El Cabo se aparece un fantasma. Según se dice, para que esto suceda tiene que ser una noche de martes y trece y estar lloviendo. Lo curioso de la historia es que no es la típica chica de la curva, en esta ocasión se cuenta que la chica, de raza blanca esta completamente desnuda y que sostiene en las manos su propia cabeza a la altura del vientre.&lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt; &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;Varios camioneros aseguran haberla visto y muy pocos se han atrevido a detener sus vehículos. por lo visto la mujer te pregunta si le puedes sujetar la cabeza mientras ella llama a la policía, pero nadie se ha osado a hacer semejante locura,... excepto un camionero algo fanfarron. Se dice que el hombre decía a sus compañeros camioneros que cuando la viera no sólo iba a parar si no que le iba a sujetar la cabeza para ver que pasaba.&lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt; &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;Llegó un día en el que coincidió martes y trece y de hecho estaba lloviendo a cántaros. El camionero sin pensárselo dos veces cogió el camión y se dirigió hacia la mencionada curva. cierto, el hombre vió el fantasma y detuvo el vehículo, se acercó a ella y esta le pregunto si podía sujetarle la cabeza para poder llamar a la policía. El camionero reconoció que estaba muerto de miedo pero con su valentía de fanfarrón le sujetó la cabeza. La mujer se adentró en un cercano bosquecillo hasta que el hombre la perdió de vista. Como pasados unos minutos la chica no volvía, el camionero pensó en irse y llevarse consigo la cabeza, así demostraría a sus compañeros que había sido capaz de hacer lo que nadie se había atrevido a hacer y de paso se llevaba un &quot;trofeo&quot;, ya que ganaría mucho dinero y se haría famoso. al fin y al cabo, pensó, la cabeza no daba ningún asco ya que la chica era muy bella y el corte del cuello era limpio y sin sangre, únicamente que estaba pálida y muy fría, pero no era ningún inconveniente para él.&lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt; &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;Cubrió la cabeza con su impermeable y la depositó en el asiento copiloto. De repente, vió en el siguiente cruce las luces de un coche de policía. Le ordenaron bajar del vehículo y le dijeron que tenían órdenes de detenerlo como principal responsable de un atropello con fuga a una anciana.&lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt; &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;El hombre negó haber atropellado a nadie, pero le dijeron que una mujer había llamado asegurando que había presenciado el atropello relatando los hechos y que incluso les había facilitado la matrícula del vehículo. Fue entonces cuando otros policías, que se dispusieron a registrar el camión comentaron que había mucha sangre en los peldaños metálicos que dan acceso a la cabina y también en el salpicadero derecho. Encontraron el impermeable lleno de sangre, con lo cual el camionero se quedó perplejo, no entendía nada, estaba dentro la cabeza de una anciana. Al hombre lo metieron en la cárcel y nada pudo explicarse, pues ¿qué explicación tenía él para lo que acababa de ocurrir?,...&lt;/p&gt;</content>
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    <published>2009-11-13T18:05:00Z</published>
    <updated>2009-11-13T18:05:00Z</updated>
    <title type='text'>El fantasma del espejo</title>
    <content type='html'>&lt;p style=&quot;text-align: center;&quot;&gt;&lt;img style=&quot;margin: 0px;&quot; src=&quot;http://f5.mb-content.com/pictures/452/97/6/697452_ICLVWWXGEHMQJAP.jpg&quot; alt=&quot;&quot; width=&quot;400&quot; height=&quot;370&quot; align=&quot;top&quot; /&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt; &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;Un relato de: Reynaldo Silva.&lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt; &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;Cada vez que mi abuelita pasaba por estrecheces económicas se quedaba pensativa en su silla, miraba al cielo con mirada triste y soltaba un profundo y doloroso suspiro: &quot;...¡Ay Dios!&quot; -decía -, &quot;¿por qué pasamos por estas penurias, si a nosotros no debería faltarnos nada&quot;. Yo pensaba que eran devaneos propios de la gente mayor, que siempre piensa que toda época pasada fue mejor; más, debido a su insistencia de expresar su muletilla, decidí preguntarle el por qué.&lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt; &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;Ella cayó un momento. Se fijó detenidamente si mi madre escuchaba. En todo de confidencia me pidió que cierre la puerta del cuarto donde estábamos. Ya segura que todo quedaría entre los dos, comenzó a relatarme la historia: &quot;tu bisabuelo, mi padre, era un hombre muy afortunado&quot;-, me dijo en voz baja. Inmediatamente recordé lo que me habían contado otros parientes acerca de él: que fué un aventurero, que había recorrido toda la cordillera. Que era dueño de todos los secretos de la minería. Nadie mejor que él para amalgamar los minerales. Que conocía los secretos de la alquimia. Que había hecho millonarios a muchos; que había descubierto cientos de minas, que las tuvo todas inventariadas, y que al final nunca tuvo dinero para explotarlas.&lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt; &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&quot;Pero hay algo más...&quot;- agregó mi abuela con voz temblorosa -, &quot;él era un brujo&quot;. En ese momento me contó algo desconocido para mí: &quot;como era curandero, siempre ayudó a los necesitados. Dicen que cuando vivió con los &quot;Waqchas&quot;, ellos, agradecidos por su ayuda, lo convirtieron en &quot;Alto Misayoc&quot; y le enseñaron todo lo que debía saber.&lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt; &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;Desconociendo yo en esa época el idioma quechua, ella me explicó qué significaba todo eso: los &quot;Waqchas&quot; eran los más pobres descendientes de los incas, y que habían jurado jamás revelar los secretos de los tesoros y las minas ocultos por sus ancestros. También tenían fama de ser brujos muy poderosos. Un &quot;Alto Misayoc&quot; es un Sumo Sacerdote; jamás he escuchado después de esa conversación, que se le haya conferido ese cargo a un blanco o a un mestizo alguna vez.&lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt; &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&quot;...Todo el mundo me decía eso y más de mi padre...&quot; -explicaba mi abuela, mirando el aire, moviendo los ojos como si lo viviese-, &quot;nunca les hice caso. Un día, me arrepentí de no haber creído&quot;. &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt; &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&quot;Yo me casé muy joven. Mi padre no estaba de acuerdo; tu abuelo era bueno, pero no muy trabajador: te quedarás pobre junto a ese hombre, me dijo tu bisabuelo&quot;- proseguía contándome mientras tejía. &quot;Tu abuelo y yo nos fuimos a vivir a un cuarto chiquito en los Barrios Altos. Estaba bien para unos recién casados; tu abuelo salía todos los días a buscar trabajo, pero nada. Un día, a la hora del almuerzo, tu abuelo llegó muy contento: ¡había conseguido trabajo de sereno en el puerto!. Yo también estaba contenta. Un hacendado amigo de tu bisabuelo había llegado de la sierra y me había traído cartas de él y una enorme caja de madera&quot;.&lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt; &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&quot;Tu abuelo puso cara de pocos amigos. No le perdonaba a mi padre por no haber estado presente en nuestra boda&quot;- prosiguió-,&quot;no le hice caso: yo leía una a una las cartas de mi papá; cada una remitida de un sitio distinto y contándome sus viajes de un lado a otro del país, buscando fortuna y lo mucho que me quería. La última carta del paquete era muy extraña. Lo único que decía era: &quot;nunca disfruté las riquezas que hallé por ser muy confiado. En tus ojos veo que tienes mi mismo destino. Acepta mi obsequio de bodas y no cometas los mismos errores que yo&quot;. Tu bisabuelo se refería a la caja esa&quot;-, sentenció mi abuela.&lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt; &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&quot;Cuando la abrimos, yo me quedé encantada: era un precioso espejo de pie, muy antiguo, de madera y con algunos detalles en pan de oro en el marco. Tu abuelo frunció el entreceño: &quot; ¡Bah!, demasiado ostentoso para esta casa&quot;; y sin mediar palabra, cogió su abrigo y se fue a trabajar, diciendo que volvería en la madrugada&quot;.&lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt; &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&quot;Era la primera noche que me quedaba sola en casa. Era una construcción vieja y me daba miedo por oscura. Pasaban las horas y yo en silencio, tejiendo en el segundo piso, sola, iluminada apenas por una vela. La medianoche avanzaba, y poco a poco me quedé dormida. No sé si pasó mucho o poco rato, pero algo me despertó. Una extraña sensación de que en el cuarto había alguien más. Al abrir mis ojos, ví frente a mí un enorme cirio de iglesia sobre la mesa, iluminando toda la habitación. Yo no entendía nada, la vela que yo tenía era pequeña y ya se había apagado. Fijé mi mirada en el espejo de mi padre que estaba frente mío,...poco a poco se fue oscureciendo, y apareciendo una imagen nubosa en él. Yo temblaba, mientras veía cómo una figura humana se formaba dentro de él. Quedé paralizada de terror cuando se terminó de formar la aparición: era un anciano barbado, de piel muy pálida, alto y vestido con una larga y ondulante mortaja blanca. Mirándome fijamente, alzó sus huesudas manos y comenzó lentamente a salir del espejo&quot;.&lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt; &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&quot;Se paró frente a mí, era inmenso y yo me trataba de encoger en el sofá, apretando mi tejido, tratando de alejarme de la mano que temblorosamente tendía hacia mí. Al mismo tiempo, con sus ojos blancos y sin vida muy abiertos, abría su boca cavernosa, exhalando un aire gélido: &quot;....sígueme&quot;; fue lo que me dijo y comenzó a deslizarse hacia la puerta&quot;. Yo había perdido todo control de mi persona; me incorporé y lo seguí, caminado sin poder controlar mis piernas&quot;.&lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt; &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&quot;Me llevó hacia abajo, a la sala. De pie en medio de la sala, el anciano flotaba en el aire frente a un hueco rectangular excavado en el suelo. Allá abajo había un cofre de madera. Ví cómo él abrió la tapa; ¡levantó muy alto su mano de la cual colgaban collares de perlas, de plata con joyas engarzadas y caían en cascada monedas de oro!&quot;.&lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt; &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&quot;...Esto perteneció a mi familia...&quot;- me dijo el espíritu mirándome con sus ojos sin vida-, &quot;tú eres buena y quiero que sea para ti, pero no debes contarle a nadie hasta que te diga cuando debes sacarlo,.... cuando realmente tengas necesidad de él....-, exclamó mientras veía cómo se elevaba en el aire, despareciendo lentamente.  Al rato desperté de nuevo en el sofá. Me levanté sobresaltada; había ruidos abajo. Corrí escaleras abajo, ¡pensé que tu abuelo se enojaría mucho si miraba el boquete en el piso de la sala!,...pero no había nada ahí, sabía yo que no era un sueño. Los ruidos abajo eran que tu abuelo había vuelto del trabajo. &quot;&lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt; &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&quot;No le conté nada de esa noche. Al poco, comencé a ver que el casero que nos alquilaba parecía saber algo: cada vez que venía por el alquiler, miraba atentamente el suelo, como buscando si los ladrillos del suelo estaban movidos. Mantuve mi secreto hasta una noche en que, estando en la cocina, escuché unos gritos terribles que venían del dormitorio de arriba: ¡tu abuelo gritaba, como si pelease contra alguien!, salí de la cocina azorada y apenas pude ver al llegar a la sala que &quot;algo&quot; bajaba las escaleras, abriendo como una ráfaga de viento la puerta hacia la calle,....era como....si una sábana blanca saliese volando hacia la calle. Tu abuelo bajó a grandes zancadas, con la camisa desabotonada, los ojos desorbitados y vociferando incoherencias. Cuando se tranquilizó, me explicó lo que le había pasado&quot;.&lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt; &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&quot;Estaba en el dormitorio cambiándome de camisa&quot; -me dijo,- &quot;estaba de espaldas al viejo espejo ese cuando algo me hizo voltear: ¡dentro del espejo estaba un viejo horrible, con los ojos blancos como los de los muertos, abriendo su bocaza y estirando sus manos contra mí!; ¡me insultaba, me decía cosas y atravesaba el espejo con sus manos jalándome, arrastrándome!&quot;.                  &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;   &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&quot;Presa del pánico, tu abuelo trató de defenderse&quot;- me contaba muy vívidamente mi abuela-, &quot;gritando pidiendo ayuda, comenzó a luchar soltando sendos golpes a esa aparición venida de ultratumba, inmensa, con su boca abierta dispuesta a tragárselo. Tras unos minutos de forcejear, el espíritu se dio por vencido y abandonó la casa, siendo perseguido por tu abuelo&quot;.&lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt; &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&quot;Apenas terminó de contarme, yo comencé a llorar. Finalmente le conté mi secreto: él montó en cólera, indignado por que no le había dicho nada del espíritu y del tesoro oculto. Juramos no decírselo a nadie. Yo temía que el anciano espectro hubiese cambiado de opinión y ya nos diese el tesoro cuando lo necesitáramos. Pero además, un presentimiento me decía que tu abuelo me ocultaba algo. En vano le pregunté qúe le había dicho el fantasma. Tu abuelo contestaba con evasivas. Yo recordaba lo que mi padre me decía de niña, al hablarme de sus cosas; él decía que los espíritus guardianes de tesoros odian a los ambiciosos. Me guardé mis dudas para otra ocasión&quot;.&lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt; &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&quot;Pasados algunos meses, tu abuelo me dijo que iríamos los dos de viaje a visitar a un pariente enfermo. Me daba miedo dejar la casa sola, pero él me convenció al decirme que su sobrino y su esposa la cuidarían. Yo no lo sabía, pero tu abuelo estaba metido en deudas de juego; le había contado a su sobrino del tesoro y decidieron sacarlo sin decirme nada. No debí viajar; tenía pesadillas todas las noches antes de hacer el viaje. Al llegar, convencí a tu abuelo de volver inmediatamente&quot;.&lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt; &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&quot;Cuando llegamos a la puerta de la casa, todos los vecinos la rodeaban, así como varios policías: ¡la puerta estaba abierta de par a par, mis pocos muebles tirados en la sala y un inmenso boquete en medio, y metros abajo, al silueta de un gran baúl en la tierra húmeda!. Tu abuelo se tiraba la barba de ira, había sido traicionado por su propia sangre, su sobrino, al ver el tamaño del tesoro, simplemente se lo llevó. Yo no lloraba por el caudal robado, lloraba por la vergüenza que sentía por ver rota mi confianza en mi esposo. En el segundo piso, hallé el espejo, o lo que quedaba de él: al parecer el sobrino había descubierto el secreto del espejo y el anciano y, movido por la codicia, trató de llevárselo, sólo pudiendo partirlo y llevándose una parte, dejando un tercio del mismo&quot;.&lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt; &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&quot;Volvimos a ser los mismos pobres de siempre; la fortuna  la sobrino le cayó como con maldición de gitano; tras huir del país con el tesoro, regresaron a los tres años pordioseros: todo lo perdieron en una sucesiva suma de malas inversiones, enfermedades y accidentes. Aún hoy siguen pidiendo perdón por lo que hicieron. Con el tiempo perdoné a tu abuelo. Mi padre, al enterarse lo que pasó, no dijo nada, pero nunca más me regaló nada, ni volvió a enseñarme nada de sus secretos&quot;- mi abuela suspiraba recordando los sucedido, mientras me miraba y sonreía-, &quot;yo por mi parte, cogí los restos del espejo y los enmarqué de nuevo; es ése que está allá&quot;.&lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt; &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;Volteé a mirar a mis espaldas: en el cuarto de la abuela, colgaba un espejo de mediano tamaño en la pared: está un poco descolorido y tiene un marco de madera de factura reciente; nadie sospecharía de un inocente espejo como ese. &quot;Muchas veces después, las ánimas aparecieron en el espejo, informándome la existencia de tesoros ocultos,...pero nunca los busqué, a veces por miedo, a veces, por que perdía el rastro; en otras más, le decía a alguien de mi confianza para que lo busque y nunca volvían para agradecerme. El destino de mi padre y el mío son iguales,...igual que el tuyo&quot;.&lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt; &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&quot;¿El mío, y por qué?&quot; -, le pregunté, encogiéndome en hombros. Ella me dio varios motivos. &quot;....Por que cuando yo no esté aquí, tú te quedarás con mi espejo; por que tienes el &quot;don&quot;, lo veo en tu mirada, que es la misma que la de tu bisabuelo y que la mía. Y finalmente, por que tienes la marca de la familia&quot; -, sentenció mientras me apuntaba al hombro derecho, refiriéndose a un lunar que ella, yo y otros antes y después en la familia, hemos ostentado.&lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt; &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;Efectivamente, el espejo hoy en día me pertenece; me quedé muchas noches observándolo detenidamente y nada ha ocurrido. Dándome por vencido, pensé que el espejo había quedado mudo para siempre, pero un suceso que me ocurrió el año pasado me sacó de pronto del error de percepción que tenía. Un amigo mío que pertenece a una de las familias más distinguidas de la ciudad -pero algo venida a menos-, me invitó a pasar un fin de semana en la hacienda de su familia, ubicada en un valle cercano, y con la cual pensaba iniciarse en el ramo hotelero. Tras pasar el día recorriendo el valle, disfrutando de su comida al aire libre y, después de mostrarme los planes que tenía para con su vieja casa hacienda, él, su novia y yo nos sentamos en uno de sus patios a disfrutar del fresco de la noche, tomando una copa.&lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt; &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;José Antonio, que era el nombre de mi anfitrión, comenzó a relatarme la historia de la hacienda: se decía que había pertenecido a la Compañía de Jesús durante la colonia, y que los jesuitas habían enterrado un tesoro de lingotes de oro y plata en algún lugar de la hacienda antes de ser expulsados. Conforme avanzaba la noche, él insistía en que juntos descubramos el tesoro: &quot;...tú eres bueno y confío en lo que sabes&quot; -, me dijo una y otra vez. A su insistencia terminé prometiéndole que lo pensaría al menos. Al rato nos despedimos y me fui a dormir a mi habitación. Para serles sinceros, nunca me ha emocionado andar buscando lo que yo no escondí.&lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt; &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;Ya en mi dormitorio, y tras tomar una buena ducha, caminaba por el cuarto mientras me secaba. Estaba sentado en la cama, pensando en que tal vez no tenía el &quot;don&quot; del que la abuela se refería, cuando algo llamó mi atención. El ropero frente a la cama tenía un espejo en su puerta, en el cual me veía reflejado. Ví cómo mi imagen reflejada se oscurecía, como si un punto negro a un borde el espejo se tragase las imágenes reflejadas en él. Intrigado, me acerqué al mueble. Ya estando de pie frente a él, la superficie del espejo se volvió de pronto totalmente negra.&lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt; &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;La horrible sensación de sentirme pegado al suelo me detuvo en seco. Me quedé paralizado al ver....¡que del espejo emergían en rápida sucesión cuatro figuras humanas enfundadas con hábitos oscuros, tapados sus rostros por capuchas medievales!; ¡no tuve ni tiempo para pedir ayuda, mientras esos seres de pesadilla me tomaban de manos y pies y me arrastraban a la cama!.&lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt; &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;¡TRATABA DE GRITAR Y NO SALÍA VOZ DE MI GARGANTA, MIENTRAS  ELLOS ME INMOVILIZABAN POR COMPLETO!, ¡DENTRO DE SUS CAPUCHAS NO HABÍAN ROSTROS QUE PUDIESE VER, SÓLO LA MÁS NEGRA DE LAS OSCURIDADES!....dispuesto a aceptar mi destino, dejé de luchar. Yo temblaba descontroladamente mientras una de esas criaturas acercaba su &quot;cara&quot; hacia la mía. Una voz cavernosa salió de una de ellas: &quot;aquí no debes buscar nada,....tienes el don,...pero aún no es tu hora....&quot;. No recuerdo nada más de aquella noche.&lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt; &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;Al día siguiente, José Antonio entró a mi cuarto al ver que no salía a desayunar. Me encontró tirado en el suelo, frente al espejo del ropero, desnudo, en posición fetal, temblando, en estado de shock. Alarmado me llevó inmediatamente al hospital. Por poco me salvé de que casi me diera una pulmonía fulminante. Me he recuperado ya en parte. Aún tengo el espejo de mi abuela en mi departamento; en realidad no le temo en absoluto. Como &quot;ellos&quot; me dijeron, aún no es mi hora. Aún no.                      &lt;/p&gt;</content>
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      <name>cuentosdeterrorymisterio</name>
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    <id>tag:metroblog.com,2007:blog-144179.post-555307</id>
    <published>2009-11-13T17:50:00Z</published>
    <updated>2009-11-13T17:50:00Z</updated>
    <title type='text'>La "muerte" más extraña de la historia</title>
    <content type='html'>&lt;p style=&quot;text-align: center;&quot;&gt;&lt;img style=&quot;margin: 0px;&quot; src=&quot;http://f5.mb-content.com/pictures/443/97/6/697443_PSSNQIODIIBHMLN.jpg&quot; alt=&quot;&quot; width=&quot;230&quot; height=&quot;280&quot; align=&quot;top&quot; /&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt; &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;Gustav Ferdinand Von Kelps, fue un físico y matemático alemán que ha tenido la &quot;suerte&quot; de ser una de las personas con la muerte más extraordinaria del planeta. Nació en la ciudad de Nuremberg en el año 1905, se crió dentro de una familia clase media-alta. Sus padres desde chico lo estimularon a desarrollarse dentro del campo de la física y las matemáticas. Siempre fue el alumno que sobresalió en su clase, por su inteligencia y su curiosidad. Su abuelo le enseñaba matemática avanzada después de la clase. Su curiosidad no tenía límites.&lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt; &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;A la edad de 14 años, desarrolló un aparato que fue capaz de lanzar una bola de luz (Nunca nadie logró entender su funcionamiento) a una distancia de unos 50 metros. Sus padres preocupados por aquel invento (ya que era un peligro para Gustav y los que lo rodeaban), aprovechando una noche en la que el muchacho dormía, destruyeron la máquina y la tiraron en el río Pegnitz.&lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt; &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;Siempre fue un muchacho solitario, que gustaba de encerrarse en un lugar de la casa que él llamaba &quot;laboratorio&quot;, tenía pocos amigos y caminaba siempre acompañado con algún libro debajo del brazo. Era el chico raro de la escuela y del barrio. Cuando ya contaba con la edad de 25 años, sabía más que sus profesores académicos en la Universidad de Hamburgo. Eso le trajo más de algún problema, por el solo hecho de que en plena clase, desafiaba a los profesores con teorías que luego descubrían que estaban acertadas. Sus profesores tenían miedo de que Gustav, le refutara un problema matemático en clase, y que no tuvieran la capacidad de discutir con él.&lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt; &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;A los 26 años de edad, publicó algunos trabajos técnicos y generales sobre el espacio, el tiempo, la materia, filosofía, lógica, simetría e historia de las matemáticas. Fue uno de los primeros en concebir la probabilidad de combinar la relatividad general con las leyes del electromagnetismo. El 5 de abril de 1942 murió de una forma increíble.&lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt; &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;Por lo que se tiene registrado en el diario alemán Nürnberger Zeitung Gustav Ferdinand Von Kelps salió de su trabajo en el laboratorio Wëllishburng al mediodía, caminó hacia su casa (vivía solo), saludó a su vecina como de costumbre y se encerró en &quot;su laboratorio&quot;. Nunca más se lo volvió a ver.&lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt; &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;El expediente de la policía (número 1209834) declara que por las pericias hechas en el lugar, Gustav estaba trabajando en un proyecto &quot;secreto&quot; para presentarlo en el instituto de &quot;Matemática y Física de Munich&quot;, cuando encendió una máquina que emitía rayos (la policía nunca digo de que rayos se trataban, por que el experimento fue hecho en época de la segunda guerra mundial) que la vecina pudo testificar que vio la luz que salía por la ventana del laboratorio y sintió como un zumbido (como cuando hierve el agua dentro de la pava). Luego una fuerte corriente de aire la tiró a unos 12 o 14 metros del lugar. Los investigadores policiales no podían creer lo que declaraban los testigos: Un haz de luz color violeta, ráfagas de viento, zumbido en el aire (dolores profundo de cabeza, luego del incidente)...etc.&lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt; &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;El interior del laboratorio estaba casi intacto, sólo papeles desparramados y algún vidrio roto. El cuerpo del científico nunca fue hallado. Pero lo más interesante del caso, fue cuando 3 meses después del extraño suceso, los nuevos inquilinos estaban acomodando los muebles en la casa. Cuando de pronto ven (cuatro testigos coinciden en lo mismo) asomar una cabeza por la pared que les dio los buenos días y desapareció en el acto. Los inquilinos testificaron bajo juramento que 4 o 5 veces más vieron a la extraña figura cruzar de pared a pared. Luego de mostrarles fotografías de Gustav, todos aseguraron que era la persona que apareció por la pared.&lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt; &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;Decidieron llamar a investigadores, científicos, de varias ciudades para encontrar una explicación a lo sucedido. Se formó una junta de investigación y luego de estudiar el caso por dos meses, concluyeron lo siguiente:&lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt; &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;Gustav era la única persona que sabía lo que estaba experimentando. De alguna extraña manera pudo vencer el tiempo y espacio y pasar a otro plano dimensional.&lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt; &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;Todos coinciden en que el físico matemático sigue vivo en otra dimensión, ya que cuando aparece, saluda normalmente y habla con los asombrados moradores del lugar.&lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt; &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;En una ocasión un investigador se sorprendió al ver aparecer a Gustav por la pared, aseguró saludarlo y que Gustav le respondió: &quot;¡Buenos días! ¿Bonito día para descubrir cosas nuevas, no?&quot;. El investigador se quedó tan perplejo que cuando atinó a responder, Gustav ya había desaparecido.&lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt; &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;Conclusión: No sólo está vivo en otro lugar, sino que cada poco aparece y habla con los visitantes del lugar. Cuando en una ocasión le preguntaron a Gustav, si estaba en otra dimensión. Él solo respondió:&lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt; &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&quot;No se preocupen por mí, yo estoy en un lugar que ustedes tarde o temprano descubrirán y una vez que lo visiten,... no querrán volver&quot;.&lt;/p&gt;</content>
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    <id>tag:metroblog.com,2007:blog-144179.post-555284</id>
    <published>2009-11-13T17:06:00Z</published>
    <updated>2009-11-13T17:06:00Z</updated>
    <title type='text'>El pacto</title>
    <content type='html'>&lt;p style=&quot;text-align: center;&quot;&gt;&lt;img style=&quot;margin: 0px;&quot; src=&quot;http://f5.mb-content.com/pictures/419/97/6/697419_GOOQDNYRMNTQDRD.jpg&quot; alt=&quot;&quot; width=&quot;400&quot; height=&quot;300&quot; align=&quot;top&quot; /&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt; &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;Un relato de: Reynaldo Silva.&lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;br /&gt;Corina llegó corriendo feliz a su casa esa tarde, con el corazón henchido de una gran felicidad adolescente. Estaba enamorada. Tras semanas de sentirse una suerte de &quot;bicho raro&quot; en su nuevo colegio, finalmente alguien le había hablado, ¡y precisamente había sido ese chico tan guapo que no dejó de mirar desde el primer día!. Caminando como entre nubes, atravesó el jardín de su nueva casa, sin hacerle caso a su hermanito y sus nuevos amigos, que ahí jugaban. Tampoco saludó a su madre que preparaba el almuerzo. Menos aún respondió el saludo de su padre, sentado en la sala leyendo el diario.&lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;br /&gt;Sólo en su mente estaba terminar de ducharse cuanto antes para contarles a sus hermanas las buenas nuevas. &quot;¡...Se van a morir de la envidia!!!&quot;- pensaba. Tarareando una canción de moda, la joven de 16 años bailoteaba bajo la regadera mientras el agua tibia rodaba por todo su cuerpo. Corina cerró los ojos cuando el picor del shampú la obligó a hacerlo. De pronto, un potente chorro de agua caliente la sobresalto, haciéndola soltar una fuerte imprecación. Su mamá le increpó inmediatamente: &quot;¡cuidado con ese lenguaje jovencita!&quot;. La muchacha quiso responder, pensando en que alguien había abierto el grifo del caño, pero no pudo; con los ojos entrecerrados volteó a mirar hacia atrás suyo: sintió que no estaba sola. &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt; &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;Una ráfaga de viento procedente de ninguna parte levantó la cortina de baño de golpe, erizándole la piel; instintivamente trató de cubrirse el cuerpo con las manos, pero no pudo evitar lo que ocurrió a continuación. Un tremendo bofetón en su mejilla, salido de la nada, la aventó con violencia contra las mayólicas de la pared. Casi de inmediato, la asustada comenzó ver y sentir con horror algo inimaginable: ¡NO HABÍA NADIE CON ELLA EN LA DUCHA, PERO SENTÍA CÓMO LA MANOSEABAN SALVEMENTE!!!, ¡SUS OJOS NO MENTÍAN: NO HABÍA NADIE AHÍ!!!! &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt; &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;Desesperadamente, Corina luchaba contra el ser invisible manoteando, tratando de levantar las rodillas, desesperada tratando de impedir en vano sentir que esas horrendas manos salidas de la nada, le tocaban donde jamás le había permitido a nadie. Apenas fueron unos segundos, pero fue más de lo que ella podía soportar: resbalándose salió del baño, corriendo, desnuda, gritando. Todos en la casa se sobresaltaron, al verla correr sin parar de gritar rumbo a la calle. Su padre saltó de su sofá y apenas la alcanzó cuando llegó a la vereda. Apenas pudo contener a su hija, presa de una crisis nerviosa. Su hermano menor y sus amigos que jugaban en la calle quedaron paralizados. Todo el vecindario se alarmó. Fue necesario que padre y madre cargasen en vilo a la asustada jovencita para regresarla a la casa. &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt; &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;Aquel día todo comenzó: las otras tres hijas llegaron del colegio media hora después; encontraron a Corina dormida a punta de fuertes calmantes. Sus padres no les dijeron nada de lo que ella había dicho que pasó. Debieron hacerlo. Sin aviso, Sandrita de 15 años e Ivonne, de 17, también fueron atacadas: sin importar si estaban solas o acompañadas, recibieron sendas nalgadas procedentes de la nada. Sandrita sufrió también un zarpazo del agresor cuando se cambiaba de ropa, rompiéndole la falda que se estaba quitando y dejándole tres profundos arañones en la pierna. Ivonne por su parte, también sintió unas fuertes y toscas manos que le toquetearon bajo las sábanas, para luego hacer saltar por los aires las cobijas en medio de fuertes risotadas. &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt; &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;Aquella noche fue terrible. La pequeña Carol, de apenas 9 años, se apretujó temblorosa contra el pecho de su madre. El Señor García, su papá, marino de profesión, recorría todos los ambientes de la casa con su arma de reglamento en mano gritando y vociferando al aire, impotente para detener al agresor. Se habían mudado apenas hacía un mes a esa nueva casa, y tras pasar por los problemas propios de trasladarse de pronto a otra ciudad, ahora tenían que enfrentarse a lo desconocido. &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt; &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;La vida se volvió un infierno para toda la familia: las chicas estaban al borde de un colapso nervioso. La madre, viendo el descontrol de su marido, si algo le pasó a ella también, prefirió callarlo. El señor García agotó todo tipo de solución. Estaba al borde de la locura. Asustados por los gritos de las chicas, los vecinos pensaron que vivían al lado de un peligroso abusador. La vida de la familia se volvió un infierno. Fue una semana completa de horror pánico y contínuas agresiones. Eso fue lo que me contó la señora García cuando fue a buscarme. &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt; &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;Yo ya era algo conocido en mi ciudad, más nunca le pregunté si llegó a mí recomendada por alguien o por que me había visto en mi programa de televisión. Sólo me fijé es sus ojos llenos de desesperación, pidiendo una solución a su problema. Pensé en las pobres muchachas siendo atacadas de esa manera por aquel ser que no era de este mundo. Le prometí ir a su casa esa noche y acabar con todo eso costara lo que costara. &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt; &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;Ya era de noche cuando llegué a la pequeña casa. Un viento frío y ululante recorría las calles del barrio de clase media donde vivían. Desde lejos, nadie podría imaginar los terribles sucesos que pasaban en aquella pequeña casita de un piso. Apenas me abrieron la puerta, alcé la vista instintivamente al cielorraso. Quería percibir si &quot;alguien&quot; estaba ahí. Esperaba sentir un erizamiento en mi nuca, señal -al menos para mí-, de que ahí hubiese una presencia. De improviso, una ráfaga de dolor recorrió mi cuello. En vez de sentir lo que esperaba, un doloroso arañón salido de la nada recorrió mi nuca, dejando una rojiza marca en toda su extensión. &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt; &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;Había pensado que, al haber tantas adolescentes en esa casa, podría tratarse de un caso de poltergeist, pero no: aquella &quot;entidad&quot; era muy agresiva. Había que actuar rápido. En la sala de la casa estaban reunida la familia García en pleno, salvo dos: Carol, la pequeña de la casa, había sido prudentemente enviada a dormir en casa de unos parientes. La abuela, que había llegado del norte, rezaba insistentemente a todo venerable existente en la cristiandad, en su cuarto. Me senté en la mesa con el señor García, y saqué un tablero oui-ja; pocos saben que este método de comunicación es el mejor para contactar con entidades agresivas,...pero somos muy pocos los que lo podemos hacer. &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt; &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;Mientras la madre era rodeada por sus hijas en un sofá, comencé a explicarles a todos lo que pretendía hacer: comunicarme con el agresor, ver qué lo motivaba y descubrir cómo hacer que se retire de esa casa. Antes de empezar la sesión, la abuela salió de su cuarto. Nos hizo saber que quería participar: &quot;quiero hablar con mi Ernestito&quot; -, dijo pausadamente. El señor García se rehusó de plano. Me explicaron que la abuelita había perdido a un hijo de 23 años en un accidente aéreo en los años cincuentas. Los ojos de la mujer me suplicaban que aceptase. Lo hice por varios motivos: uno, que entendía su necesidad para hacerlo; un familiar lejano mío falleció en el mismo accidente y entendía el dolor de no tener una tumba dónde llorar. Otro, y el más importante, era que, desde que entré en la casa &quot;sentí&quot; que ahí adentro había más de una entidad. &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt; &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;La sesión de oui-ja para contactar con el pariente fallecido fue a la vez emotiva y muy reveladora: casi de inmediato, Ernesto respondió. La abuela de la casa comenzó a mirar fijamente la copa invertida; nos dijo a todos que &quot;veía&quot; a su hijo como una aparición, dentro de la copa. La anciana, con los ojos rebalsando de lágrimas comenzó a conversar con él. Todos lloraban al ver que las preguntas de la mujer eran respondidas con suaves movimientos que deletreaban las respuestas. Yo también debo admitir que ví un &quot;vaho&quot; vaporoso, pulsante, dentro de la copa. Se sentía algo caliente. Ernesto nos dijo que él estaba tratando de proteger a la familia del agresor invisible, pero que era más fuerte que él. &quot;Dice que tú deberás pactar con el alma en pena&quot; -me dijo al final la ancianita-, &quot;mi Ernestito te ayudará en lo que pueda&quot;. Al finalizar el contacto, la mujer me agradeció con un beso en la frente y volvió a su cuarto, a sus santos y a sus rezos. Me sentí aliviado de que tenía un aliado. &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt; &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;Mientras veíamos a la abuela retirarse, la copa se movió de nuevo: otra presencia hacía contacto. Era débil y movía temblorosamente la copa por encima del tablero. Era un niño. La esposa del señor García se incorporó del sofá y se reunió con nosotros en la mesa. No nos había dicho nada, pero tres noches antes, cuando estaba sola en la cocina, de noche, había aparecido un niño frente a ella, pero no había sentido miedo. Se llamaba Miguel. Deletreando como lo haría un infante de 6 años, Miguelito -como se hacía llamar a sí mismo-, nos contó su historia: había vivido en esa casa y había muerto hace 10 años en la calle frente a ella, tras ser atropellado por salir corriendo tras su pelota. Aquella presencia también nos conmovió: &quot;....S.O.L.O...Q.U.I.E.R.O...J.U.G.A.R...&quot;, era lo que decía insistentemente. &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt; &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;La señora García nos contó que sentía apagadas risas de niño cada vez que un escalofrío le anunciaba que el agresor fantasmal le rondaba, como a sus hijas. Supuse que aquel niño protegía a la señora, por que la consideraba su madre. Un alma pura como Miguelito seguramente podía mantener a raya a un espíritu bajo. No podía pedirle a Miguelito que me ayude a enfrentarlo, y él mismo me lo confirmó. Al preguntarle si había visto al agresor, respondió: &quot;...S.I....P.E.R.O...L.E...T.E.N.G.O...M.I.E.D.O...&quot; &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt; &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&quot;...M.E...P.U.E.D.O...Q.U.E.D.A.R...&quot;, dijo a continuación. Era un alma buena y sola y la madre aceptó inmediatamente. Tras conminarle que se porte bien y que no asuste, decidí despedirme de él. De pronto, todos miramos hacia el extremo de la sala. Ante los ojos de todos los presentes, Miguelito apareció: todos contuvimos el aire ante la aparición, era un niño precioso, vestía un oberol y mostraba un inmenso pegote de sangre coagulada a un lado de su cabecita. La señora García, conmovida y movida por su instinto de madre, se acercó a él, impelida por el deseo de abrazarlo. El pequeño espíritu desapareció ante nosotros, quedando la huella de sus ojos llenos de pena, en el aire un buen rato. &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt; &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;Cuando todos nos encontrábamos aún sorpendidos, la copa tiró violentamente de las manos del señor García y la mía, hasta casi salir disparada de la mesa. Había otra presencia. Casi de inmediato toda la sala se llenó de una horrenda sensación de calor, asfixiante, junto a un horrendo olor que al principio no pude identificar. Todos mirábamos alrededor asustados. La madre corrió al sofá donde estaban sus hijas, que comenzaron a gemir de miedo. Sebastián, el único hijo varón, se paró y se puso tras su padre. El señor García amartilló su arma en el bolsillo. Pedí a todos calma. Como si brotase de las paredes, una gruesa y profunda risa, como si saliese de una garganta inhumana, nos rodeó. Los rezos de la abuela se escuchaban más altos en ese momento. Claramente pudimos sentir unos pasos pesados que se aproximaban hacia nosotros. Tratando de no mostrar miedo, sentí una muy caliente y jadeante respiración tras de mí, que hizo que me ardiese de nuevo el arañón en la nuca. De pronto, una súbita y desconocida &quot;fuerza&quot; cayó sobre ambos; &quot;algo&quot; nos presionaba la cabeza, pegándonos contra nuestras sillas. Aquella &quot;cosa&quot; no quería que nos levantásemos, quería conversar. Le sugerí al señor García que no luchase contra esa horrenda presión: tomaríamos contacto inteligente con ese ser. El papá de las chicas y yo estábamos sentados frente a frente, a ambos extremos de la mesa. Aquel &quot;sujeto&quot; debería ser inmenso, dado que sentíamos cómo nos mantenía en nuestros sitios, como si aprisionasen dos inmensas manazas nuestras cabezas. &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt; &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;No hubo necesidad de preguntarle quién era; él lo deletreó a una velocidad aterradora en el tablero: &quot;...S.O.Y...M.O.N.T.O.N.D.I.U.M.O...&quot;. Cuando Sebastián dijo el nombre, toda la familia quedó desconcertada: les parecía un mal chiste. Yo comprendí al momento qué significaba ese nombre. Los García provenían del norte, y jamás habían escuchado un apodo chacarero: los chacareros eran los rudos y decididos campesinos que dieron fama a Arequipa de irreductible; hablaban un dialecto, en parte castellano antiguo, parte quechua y parte aymara. &quot;Montondiumo&quot; era una corrupción de &quot;montón de humo&quot;, que era como se les decía los fumadores empedernidos. Ahí recordé dónde había olido esa peste que impregnaba el ambiente, hasta casi hacer toser. Era el olor de los &quot;mapachos&quot;, unos cigarros de la selva peruana, tiempo atrás muy populares entre hombres rudos, y hoy sólo utilizados por los chamanes selváticos. &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt; &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;El haber sido yo criado en el campo, me permitía entender la forma de expresarse del &quot;ente&quot;, así como parte de su manera de pensar. La copa se deslizaba a una velocidad de vértigo por la mesa, mientras no paraba de sentirse esa horrenda respiración envolviéndonos a todos:&lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt; &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&quot;...E.S.T.A...E.S...M.I...T.I.E.R.R.A...N.O...M.E... I.R.É...J.A.J.A.J.A.J.A...&quot;-, respondía cada vez que le preguntaba su proceder. Los terrenos donde había sido construida la casa le habían pertenecido tiempo atrás. Iba a ser difícil sacarlo de ahí: un chacarero primero moriría antes de abandonar su tierra,....en este caso, ni eso había servido. &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt; &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;La sesión se prolongó por varias horas: con infinita paciencia, logramos desentrañar la historia de &quot;Montondiumo&quot;; se me heló la sangre conforme deletreaba las escasas respuestas que daba: era un espíritu muy bajo, un condenado, un &quot;rematado&quot; para el mundo de los espíritus. Un ser brutal y sin compasión en vida, y que era ahora prisionero de sus bajezas. Había habitado ahí hacía casi 80 años. Todos le temían y él no temía a nada ni a nadie. Había extendido sus propiedades en base al robo y al asesinato: si un campesino humilde le temía, simplemente asaltaba su casa una noche, les robaba todo, violaba a las mujeres y después los asesinaba a todos. Nadie se atrevía ha reclamar después las tierras que &quot;Montondiumo&quot; pasaba a su propiedad.&lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt; &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;Su final fue tan violento como su vida: una noche, una cuadrilla de ladrones lo mató para robarle. Él estaba borracho en su cama y no pudo defenderse con su formidable fuerza. Al preguntarle qué quería, su respuesta llenó de terror a toda la familia: &quot;...L.A.S...N.I.Ñ.A.S...S.E.R.Á.N...M.Í.A.S...J.A.J.A.J.A.J.A...&quot;. El señor García apretaba los dientes de rabia e impotencia. Era un ente espiritual tan bajo que sólo buscaba calmar sus bajas pasiones. El lenguaje en el cual explicaba lo que pretendía hacer era asquerosamente soez y vulgar, tanto que esa parte de la conversación yo no la podría compartir con ustedes. Las muchachas temblaban al sentir cómo al mismo tiempo, &quot;Montondiumo&quot; soltaba sobre las mejillas de todas, ese horrendo vaho de respiración inhumana suyo, acompañada con el olor del más fuerte y picante de los tabacos. &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt; &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;Pensando en cómo deshacerme de aquel terror vomitado de los más bajos planos de realidad, recordé algo que mi abuelo me enseñó: &quot;ciertos espíritus bajos acceden a abandonar un lugar si pactas con ellos para ayudarlos a liberarse&quot;. Fue en vano. Aquella entidad no quiso aceptar ni velas, ni misas, ni oraciones por su alma: no creía en Dios y se sabía condenado para siempre. La noche se terminaba y aquella criatura no nos dejaba levantar de la mesa; era necesario acabar con todo eso. Por precaución, yo había llevado conmigo un artilugio heredado de mi abuelo, el cual estaba a mis pies, dentro de una mochila: mi abuelo lo había usado infinidad de veces para &quot;controlar&quot; espíritus rebeldes. Era una base de madera de la cual emergía una varilla de acero, en forma de una &quot;J&quot; invertida. &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt; &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;Se coloca un anillo de oro, muy antiguo en la varilla, descansando éste en la base de madera; al extremo de la &quot;J&quot; invertida se coloca un frasco de cristal, de modo que la boca del frasco queda al final de la varilla. Sólo funciona con frascos de cristal con tapa muy antiguos: el vidrio ahumado del siglo XIX es excelente para &quot;aprisionar&quot; espíritus o parte de ellos. Lo saqué con la mano que tenía libre y lo puse en la mesa. El nombre del invisible espectro me había dado una idea. Valía la pena intentarlo. &quot;Montondiumo; ¿qué quieres para dejar en paz a esta familia?&quot;. Dije en voz alta. El &quot;ente&quot; picó el anzuelo:&quot;...L.I.C.O.R...C.I.G.A.R.R.O.S...M.U.J.E.R.E.S...J.A.J.A.J.A...&quot;.&lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt; &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;Respondió de inmediato. Era lo que suponía: los placeres lo tenían dominado. &lt;br /&gt; &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;Tardé dos horas en acordar el extraño &quot;pacto&quot;: el &quot;ente&quot; pedía que le diesen una ofrenda de sus preciados &quot;mapachos&quot; una vez al mes, y una copa de licor también,.....pero no cedía en sus pretensiones: deseaba a las muchachas. No lo iba yo a permitir. Pensando en que su inmensa testarudez debería estar aunada a un inmenso ego. &quot;No puedes poseerlas como eres ahora&quot;-le dije, imprecándolo- &quot;acepta lo que te ofrezco, ¿o quieres que las muchachas sepan que ya no eres un HOMBRE?&quot;. Aún me estremezco recordando lo que pasó después de que dije eso: ¡la mesa comenzó a vibrar de una manera espantosa!, ¡todos se aterraron cuando los vasos y copas de la vitrina cercana comenzaron a estallar!; ¡el Señor García y yo tratábamos con todas nuestras fuerzas de despegarnos de la mesa que soltaba sin tregua golpes con las patas contra el suelo!....&lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;br /&gt;Los ojos de pánico de los presentes luego observaron con horror la furia de la entidad: ¡como grandes surcos aparecieron sendos arañones atravesando la mesa de madera y el tablero oui-ja!. Tratando de parar eso, exclamé: &quot;¡NO TIENES OTRA OPCIÓN: ACEPTA EL PACTO QUE TE OFREZCO. HAZ INGRESAR EL ANILLO EN EL FRASCO COMO MUESTRA DE QUE DAS TU PALABRA!&quot;. Se podían sentir los jadeos cargados de odio del espíritu, recorriendo toda la sala. De pronto dejó de azotar la mesa para jalarla hacia un lado, arrastrando las patas. Todas las mujeres de la casa lloraban y rezaban, mientras yo repetía una y otra vez mi mandato, mientras veía cómo el anillo de oro vibraba cada vez más, alzándose a ratos por la varilla de acero. Fueron interminables los minutos que luchamos contra ese ser. &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt; &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;Finalmente, sintiéndose vencido, &quot;Montondiumo&quot; cedió: el anillo se elevó de golpe, siguiendo la ruta que le daba la varilla, para caer sonoramente dentro del frasco. Me apresuré a taparla. De pronto, toda la casa cayó en un profundo e inquietante silencio. Todos mirábamos hacia el techo, observando. No había certeza si la entidad estaba prisionera o no. Pasado un rato, vimos cómo la copa, que había quedado volcada sobre la mesa, se elevó lentamente, sin que nadie la tocase, y tras tomar de nuevo su posición invertida, se deslizó lentamente sobre los restos del tablero, hasta detenerse en la palabra &quot;SI&quot;. &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt; &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;No había logrado encerrar al espíritu, pero había logrado pactar con él. Los siguientes minutos los usé en definir totalmente los acuerdos del pacto con una ahora algo más tratable entidad: los García se comprometían a dejar un paquete de &quot;mapachos&quot; en un cenicero, en la mesa de la sala, el primer día de cada mes, así como una copa de anisado, y el Señor García debería tomar otra copa del licor, a la salud del ente. &quot;Montondiumo&quot; prometía no molestar jamás a las muchachas y proteger la casa. Pude despedir a esa alma condenada casi al amanecer. Al irse, desapareció el olor acre y la sensación de calor, dejando paso a la gélida atmósfera del amanecer serrano. La familia quiso insistir en que me quede con ellos a desayunar, muy agradecidos. Me negué; estaba exhausto, y deseaba irme a casa.&lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt; &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;La calma volvió a la casa; el pacto fue rigurosamente cumplido por ambas partes. Los cigarros y el licor desaparecían misteriosamente, sólo dejando un trazo de olor a tabaco negro y anís en la atmósfera. Las chicas no sufrieron más ataques. De tiempo en tiempo, recibía yo personas que me buscaban en busca de ayuda, recomendados por &quot;una familia sinceramente agradecida&quot;. Poco supe después de los García. Me encontré con Corina años después en la calle; se iba a casar. Tiempo después, supe que el pacto duró ocho años: un día, Corina y su esposo, que vivían en la capital, visitaron a su familia. Era primero del mes. &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt; &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;La familia en pleno se reunió en la sala y celebraron la visita. Al hacerse de noche, todo comenzó de nuevo: contento por la visita, el señor García había olvidado poner la ofrenda, estando en su lugar las cervezas que la familia compartía. Sin aviso, a espaldas de Corina, hizo su aparición &quot;Montondiumo&quot;: era un hombrón de casi dos metros, robusto, su piel era renegrida, del color de los muertos. Su cara estaba cruzada por sendas cicatrices y en sus ojos pudieron ver todos, el tremendo odio que se desbordaba de su negra alma. La aparición de pesadilla duró apenas un minuto, para luego desvanecerse frente a todos. Ahí comprendieron el terrible error cometido. &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt; &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;Apenas de haber desaparecido, los gritos de terror retumbaron en toda la casa: era Corina que, ante los ojos espantados de su familia y su esposo, y sin poder levantarse de su silla, pegada a ella por una fuerza invisible, sufría una horrenda agresión que creía acabada para siempre. Todos presenciaron impotentes cómo unas zarpas invisibles y descontroladas destrozaban su ropa totalmente. La familia no aguantó más. Abandonaron la casa esa misma noche. Nunca más he sabido de ellos. &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt; &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;Por mi parte, aún conservo el &quot;pacto&quot; con &quot;Montondiumo&quot;. No me atrevo a abrir el frasco. En una gaveta donde conservo medio centenar de &quot;pactos&quot; iguales a ese, el suyo se destaca: cada primer día de cada mes, vibra, saltando el anillo dentro del frasco, tratando de liberarse de su encierro.&lt;/p&gt;</content>
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    <id>tag:metroblog.com,2007:blog-144179.post-555278</id>
    <published>2009-11-13T16:49:00Z</published>
    <updated>2009-11-13T16:49:00Z</updated>
    <title type='text'>Los fantasmas de la carretera 66</title>
    <content type='html'>&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;img style=&quot;margin: 0px 0px 0px 0px&quot; src=&quot;http://f5.mb-content.com/pictures/410/97/6/697410_TOYVBMMUGLTGNPE.jpg&quot; alt=&quot;&quot; width=&quot;470&quot; height=&quot;352&quot; align=&quot;top&quot; /&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt; &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;Si usted decide seguir viajando a lo largo de la ruta 66, pronto se encontrará Catoosa, Oklahoma (USA), al conducir a través Catoosa, recuerde que debe permanecer en la ruta 66: si usted toma un giro equivocado y termina en la carretera 412, a unas 6 millas de Catoosa, no pocos le informarán de un incidente que muchos otros han atestiguado haber vivido.&lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;br /&gt;Una vez que llegue al cementerio de Timber Ridge ya no hay vuelta atrás: ahí es donde un pequeño niño nativo americano ha sido visto,... e incluso golpeado por más de un conductor.&lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;br /&gt;  El pequeño se observa detenido a lo largo de la carretera con su bicicleta, donde un vehículo lo atropelló y lo mató. Fue enterrado en el cementerio mismo, en la primera fila junto a la puerta, cerca de la parte inferior de la colina. Varias personas juran que al atravesárseles, sintieron realmente cómo golpearon al niño,... y encontrar huellas de pequeñas manos ensangrentadas en los parachoques de sus coches. Otros lo han visto de rodillas a lo largo de la carretera, mientras que algunos otros incluso han asegurado haber sufrido daños en sus vehículos, después de golpear al niño que luego se desvanece,...&lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;br /&gt;Recuerde que cuando viaje a Catoosa, cerca a la ruta 66, no viaje por la carretera 412 a menos que quiera a mirar a ese niño fantasma a la cara.&lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;br /&gt;El Reno es otra ciudad a lo largo de la Ruta 66 que cuenta con su propia leyenda. Recorriendo por el camino que se conoce como &quot;la Ruta de la Madre&quot; de El Reno, y entre éste y Weatherford, usted se encontrará con el fantasma de un hombre jorobado. Lleva un abrigo marrón y un sombrero que es de &quot;estilo bogies&quot;, cubriéndole los ojos. Le encanta aparecer en las noches de niebla o de lluvia.&lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;br /&gt;Algunas personas se han detenido a lo largo de la carretera a recoger a este misterioso hombre sólo para ver que él pide dejar el vehículo tras un corto tramo, carretera más adelante,... para luego ver pasmados cómo su imagen se mantiene como caminando frente a ti, en la misma carretera, ¡pero lo verás así flotando por varias millas delante de ti!&lt;/p&gt;</content>
    <author>
      <name>cuentosdeterrorymisterio</name>
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    <published>2009-10-17T05:31:00Z</published>
    <updated>2009-10-17T05:31:00Z</updated>
    <title type='text'>Se llama Delia</title>
    <content type='html'>&lt;p&gt;&lt;img style=&quot;margin: 0px 0px 0px 0px&quot; src=&quot;http://f3.mb-content.com/pictures/289/71/6/671289_KTUYBRVOAFGPEHM.png&quot; alt=&quot;&quot; width=&quot;470&quot; height=&quot;423&quot; align=&quot;top&quot; /&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt; &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Un relato de: Reynaldo Silva&lt;/p&gt;
&lt;p&gt; &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;Los sollozos no paraban: todos los reunidos en el vetusto dormitorio estaban muy vívidamente afectados; no podíamos hacer nada más que ver hacia delante con los ojos lagrimosos, escuchando los sufridos y casi horrendos lamentos de la niña. Ella gemía, lloraba y temblaba sin parar, acurrucada contra la esquina del cuarto, abrazándose las piernas con ambos brazos, escondiendo a medias la cabeza con sus rodillas. Escuchar sus lamentos de dolor era insoportable, y en medio de la penumbra, me decidí a ayudarla:&lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt; &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;-...Hola pequeña,... -dije con la voz más dulce que pude-,... dime, ¿qué te pasa?,...&lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt; &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;Los lamentos y los sendos lagrimones que recorrían sus mejillas rodaban sin parar, mientras alzaba a ratos su rostro, mostrándonos sus ojos bien cerrados; giraba su cara mirando a todos lados, como cuando una persona totalmente desubicada trata de descubrir desde donde proviene una voz,...&lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt; &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;-...Hola preciosa,... -volví a insistir, suavizando mi voz para darle confianza-,... estamos aquí y queremos ayudarte, dime, ¿qué necesitas?,...&lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt; &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;Alzó el rostro hacia mí, como si hubiese descubierto desde dónde procedía mi voz. Luego soltó un horrendo gemido que sonó casi como el lamento de un infante, para luego sollozar desesperada:&lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt; &lt;/p&gt;
&lt;ul style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;li&gt;- ...¡Solo quiero irme de aquiiii!,... -exclamó finalmente, desesperada-, ¡Quiero a mi mamaaaaaá!!!,... ¡SÁQUENME DE AQUIII!!!,...&lt;/li&gt;
&lt;/ul&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt; &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;El llanto de la niña era doloroso en extremo: quienes me acompañaban, prácticamente dejaban oír el sonido de sus gargantas, tragando saliva, conteniendo el llanto al oírlo; sabían todos bien que yo y solamente yo podía rescatarla de aquel espantoso lugar donde sufría lo indecible. En silencio todos aceptaron asintiendo con la cabeza, mientras yo tendía mi mano hacia ella.&lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt; &lt;/p&gt;
&lt;ul style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;li&gt;- ...Hemos venido a sacarte de aquí,... -le dije-, no tengas miedo: ahí tiendo mi mano. Está delante de ti,... tómala y yo te ayudaré a salir de ahí,...&lt;/li&gt;
&lt;/ul&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt; &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;Por un instante dejó de llorar: sin abrir sus ojos cerrados dirigió su mirada ciega para siempre hacia mí: yo estaba a menos de un metro de donde ella estaba acurrucada, en el suelo,  aterrada. Luego de &quot;ver&quot; hacia delante, sacudió su cabeza con fuerza, negando todo en medio de potentes llantos:&lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt; &lt;/p&gt;
&lt;ul style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;li&gt;- ¡NO TE VEO, NO TE VEOOOOOOO!!!,... -gritó la niña-, ¡no hay nadie aquí: es horrible!!!,... ¡todo es muy oscuro, no veo nadaaaa!!!,... ¡TÚ ME MIENTES IGUAL QUE &quot;ÉL&quot;!!!,...&lt;/li&gt;
&lt;li&gt;- ¿&quot;ÉL&quot;?,... -dije entonces yo, extrañado-, ¿quién es &quot;ÉL&quot;?,...&lt;/li&gt;
&lt;li&gt;- ...¡Quién me trajo aquiiiií!!!,... -me replicó la pobre criatura aterrada-,... ¡yo no quería venir, yo no quería venir con &quot;él&quot;, yo quería ir a casa con mi mamá!!!,... ¡QUIERO A MI MAMAAAÁ!!,...&lt;/li&gt;
&lt;/ul&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt; &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;Teníamos que lograr que confiara en nosotros: sino, no lograríamos rescatarla, pero para hacerlo, debíamos saber más,... sobretodo si es que &quot;alguien&quot; más estaba ahí con ella, en medio de la más profunda oscuridad.&lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt; &lt;/p&gt;
&lt;ul style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;li&gt;- ...Te llevaré donde tu mamá,... -le mentí miserablemente-, no temas pequeña,... ¿cuál es tu nombre?,...&lt;/li&gt;
&lt;/ul&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt; &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;Se hizo un largo silencio: la niña dejó de golpe de llorar. Sendos lagrimones recorrían sus mejillas frente a mis ojos; respiraba con dificultad, pero poco a poco parecía que se serenaba:&lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt; &lt;/p&gt;
&lt;ul style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;li&gt;- ...Delia,...&lt;/li&gt;
&lt;li&gt;- Bien Delia,... -le dije despacio, hablando por todos-, estamos aquí para ayudarte,... solo debes tomar mi mano y seguirme,... debes confiar en mí,... te sacaré de ahí,...&lt;/li&gt;
&lt;/ul&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt; &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;La niña entonces estiró su mano, pero no hacia mí: desesperada comenzó a tantear a toda prisa el suelo al frente suyo. Alargaba sus dedos, los estiraba y los recogía, como tratando de coger algo. Pasado un rato, comenzó a respirar con fuerza, para luego soltar a  llorar dolorosamente:&lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt; &lt;/p&gt;
&lt;ul style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;li&gt;- ¡NO PUEDO,... NO PUEDOOOO!,... -gritó desconsolada-, ¡no está mi bastón,... no está mi bastón,... &quot;ÉL&quot; SE LO LLEVÓ,...&quot;ÉL&quot; ME LO QUITOOOÓ!,...&lt;/li&gt;
&lt;/ul&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt; &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;Delia, la niña, era ciega: sería más difícil ayudarla; se oía desamparada al no tener a su lado su bastón,... pero noté que la oscuridad total y el desamparo no era lo único a lo que ella le temía.&lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt; &lt;/p&gt;
&lt;ul style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;li&gt;- ...Tranquila, pequeña,... -traté de relajarla-, dime,... ¿quién es &quot;Él&quot;?,...&lt;/li&gt;
&lt;/ul&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt; &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;Se hizo un silencio&lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt; &lt;/p&gt;
&lt;ul style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;li&gt;- ¿&quot;Él&quot;?,...&lt;/li&gt;
&lt;li&gt;- Si: &quot;Él&quot;.&lt;/li&gt;
&lt;li&gt;- ...¡&quot;Él&quot; me trajo aquiiiií!!!,... - gritó desesperaba mientras miraba hacia todas partes, aterrada hasta el paroxismo-, ¡ES HORRIBLE: ES MUY OSCURO Y FRÍO AQUÍ,... POR FAVOR,... SÁQUENME DE AQUIIIÍ!!!,...&lt;/li&gt;
&lt;li&gt;- ...Tranquila,... Tranquila,... -proseguí con dulzura-,... estamos acá contigo y no nos iremos hasta llevarte con nosotros,...&lt;/li&gt;
&lt;/ul&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt; &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;Pero Delia no se tranquilizaba: lloraba amargamente sin parar: el corazón parecía que iba a salírsele del pecho, mientras se prendía casi con las uñas de sus rodillas, recogiéndose contra sí misma, alejándose de mi:&lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt; &lt;/p&gt;
&lt;ul style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;li&gt;- ...¡Yo no quería venir, YO NO QUERÍA IR CON &quot;ÉL&quot;!!!!,... -prosiguió hablando Delia, aterrada-,... yo iba a casa, mi mamá me esperaba,... ¡y &quot;Él&quot; me arrastró, me trajo acá!!,... ¡ME QUITÓ MI BASTÓN Y ME ENCERRÓ AQUIIIÍ!!,...&lt;/li&gt;
&lt;/ul&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt; &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;El llanto de Delia era desesperante en extremo: no necesitaba verlo, pero sabía que mis acompañantes en aquel lugar derramaban también sendas lágrimas: todos deseábamos sacarla de ahí, pero no podíamos interrumpirla; Delia seguía hablando, mientras guardábamos silencio:&lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt; &lt;/p&gt;
&lt;ul style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;li&gt;- ... Luego me,... luego me,... ¡LUEGO ME!!,... - trataba de decir algo, pero la desesperación la dominaba por completo.&lt;/li&gt;
&lt;li&gt;- ...¿Qué te hizo?,... -, dije.&lt;/li&gt;
&lt;/ul&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt; &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;Delia trató de contenerse. Tragó saliva. Luego bajó el rostro y lo enterró en medio de sus rodillas:&lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt; &lt;/p&gt;
&lt;ul style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;li&gt;- ...Me hizo &quot;cosas&quot; que yo no quería hacer,... -musitó con voz grave-, ¡me hizo hacer cosas que yo no quería!!!,... ¡AÚN LO HACEEE, QUIERO IRMEEEE!!!!,... ¡&quot;Él&quot; es horrible, me hace daño,...huele mal,... se ríe de mi!!,... &lt;/li&gt;
&lt;li&gt;- ...¿&quot;Él&quot;, está aquí?,... -, pregunté entonces, conteniendo la rabia y la respiración al mismo tiempo.&lt;/li&gt;
&lt;li&gt;- ...&quot;Él&quot; siempre está aquí,... - replicó casi de inmediato la pequeña Delia, alzando su rostro lloroso, para hablarme casi con susurros, como tratando de evitar que &quot;alguien&quot; nos escuchara-,... todos los días trato de ir a casa,... con mi mamá,... ¡pero &quot;él&quot; me toma de la mano con fuerza, me arrastra, me esconde mi bastón y me encierraaaa!!!!,...&lt;/li&gt;
&lt;/ul&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt; &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;Su voz desesperada entonces comenzó a sonar más gutural, como si procediese desde dentro de su tráquea: frases ininteligibles que hacían que su pecho se alzara con fuerza, como si la vida le abandonase.&lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt; &lt;/p&gt;
&lt;ul style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;li&gt;- ....¡Después de,... después de hacerme daño,... no puedo respirar!!!,... ¡aghhh!,... ¡no puedo respiraaaaar!!!!,....&lt;/li&gt;
&lt;/ul&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt; &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;No podía yo ya escuchar más: sentí la necesidad de sacarla de ese horrendo lugar de sombras perpetuas y dolor lo antes posible. Delia, la pequeña niña, dirigía sus ojos cerrados hacia mi rostro, como esperando, ansiando una respuesta. Volví a estirar mi mano y tratando de no asustarla, pero inspirándole confianza a la vez: todos a mi alrededor contuvieron el aliento.&lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt; &lt;/p&gt;
&lt;ul style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;li&gt;- ...¿Deseas venir con nosotros?,...&lt;/li&gt;
&lt;/ul&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt; &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;Ella no me respondió: solo alzó el rostro y afirmó con la cabeza. No necesitaba yo más. Le tendí de nuevo la mano. Temerosa, levantó su mano y a tientas, trató un rato de cogerme. Pasados unos minutos que parecieron eternos, sus dedos se aferraron de mi índice, primero temerosamente y luego con algo más de firmeza. Emocionado ví, como en su rostro se dibujaba una tímida sonrisa. Entonces el dormitorio comenzó a llenarse de las voces de mis compañeros y compañeras que trataron de darle a Delia el coraje para venir finalmente con nosotros: &quot;Ven con nosotros, Delia,...&quot;, decían con voz emocionada las chicas que nos acompañaban; &quot;Ven, Delia: te ayudaremos&quot;, agregaban los muchachos. Sentí sus dedos aferrándose con más fuerza a mi mano cuando escuchó ella las insistentes voces: &quot;te llevaremos a casa,...&quot;, &quot;verás a tu mamá,...&quot;, &quot;ven, pequeña, ven,...&quot;&lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt; &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;Entonces el aire se puso pesado de golpe,... gélido y muy pesado: alcé la vista y ví el rostro de ella, crispado de pronto por el horror: el cuerpo se me heló por completo, ¡SENTÍ SOBRE MI MANO, LA PESADA Y DURA PRESIÓN,... DE OTRA MANO, APRETÁNDOME,... COMPRIMIÉNDOME DOLOROSAMENTE LOS DEDOS!!! Bajé la vista y mis ojos se abrieron como nunca antes en mi vida, mientras escuchaba a la pobre niña soltando un grito gutural y horrendo, como si todo su ser fuese atravesado por un indescriptible dolor: ¡APRETÁNDOME LA MANO, NO HABÍA NADA!!!, ¡ERA HORRENDA LA SENSACIÓN DE DOLOR QUE SENTÍA,... ERA COMO UNA MANO INVISIBLE LO QUE COMPRIMÍA MIS DEDOS!!! Traté de zafarme de esa fuerza inhumana, de pesadilla que me atenazaba, proveniente de la nada, pero no pude. Delia lloraba sin parar, aterrada por completo chillaba y gemía. De pronto, se calló. Tras un silencio aterrador, giró su rostro hacia mí y abriendo los ojos, exclamó:&lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt; &lt;/p&gt;
&lt;ul style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;li&gt;- ...No,... -dijo entonces Delia, mirándome fijamente con sus ojos sin vida, y con una voz que me escarapeló por completo-,... &quot;Él&quot; no me dejará ir con ustedes,... nunca,...&lt;/li&gt;
&lt;/ul&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt; &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;Entonces, aterrado, ví yo y todos los demás cómo,.... ¡CÓMO UNA FUERZA INVISIBLE,... UN BRAZO Y UNA MANO MUSCULOSA Y SEMITRANSPARENTE  LE TOMARON CON FUERZA POR EL PECHO!!!,... ella pegó un grito terrible, que nos estremeció por completo; por un segundo estiró su brazo al máximo hacia mí, pero ya no se pudo agarrar de mi mano,... a pesar de la semipenumbra de la habitación, yo y mis acompañantes vimos con pánico cómo esa mano transparente apretujó su seno derecho, marcando dolorosamente sobre él sus enormes e inhumanos dedos, haciéndola gritar de nuevo. Atrayéndola con fuerza inaudita, la asió cual garra y la jaló con fuerza contra la pared a sus espaldas. Un golpe seco, su nuca estrellándose pesadamente contra la pared, un sonido realmente horrible y todo terminó.&lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt; &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;Todos nos quedamos mudos y a la vez sumamente impactados: habíamos sido derrotados de nuevo; no pudimos rescatar a la niña, a la pobre, pequeña y aterrada Delia.&lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt; &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;Lentamente Vanessa comenzó a abrir los ojos, conforme su rostro, que hacía pocos instantes  mostraba los rasgos y gestos de una niña de ocho años, comenzaba a retomar la apariencia de la mujer de 35 años que era Vanessa. Estaba regresando en sí. Atrás quedaba ya la voz aguda y dolorosamente sufriente de Delia, para dar paso a la voz madura y enronquecida de mi amiga médium:&lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt; &lt;/p&gt;
&lt;ul style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;li&gt;- ...¿Qué pasó?, ¿hicimos contacto?,... -comenzó a preguntarme Vanessa, peinándose con los dedos y tomándose la cabeza como sintiendo recién que se le avecinaba una tremenda jaqueca-,... ¿rescatamos a la niña?,...&lt;/li&gt;
&lt;li&gt;- ...Se llama Delia,... - le dije mientras me sentaba a su lado, contra la pared; yo también estaba exhausto. Prendí y cigarrillo y le ofrecí otro. Vanessa aceptó gustosa-,... no está sola: un &quot;ente&quot; no la deja ir. Fracasamos de nuevo,...&lt;/li&gt;
&lt;li&gt;- ...Cuéntamelo todo después,... -replicó Vanessa, soltando una gran bocanada de humo-,... Delia,... se llama Delia,... solo eso sabemos,...&lt;/li&gt;
&lt;/ul&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt; &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;En ese momento, el resto de nuestros acompañantes explotó: de golpe, los demás miembros de nuestro &quot;Círculo de rescate&quot; empezaron a dar de gritos. Tras pasar horas tomados de las manos, las dos chicas exclamaron a grandes voces que no volverían a intentarlo nunca más. Los otros dos miembros, dos muchachos amigos de Vanessa, discutían entre si acaloradamente, acerca de si se hizo lo suficiente o si debíamos intentarlo de nuevo.&lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt; &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;Yo solo pensaba la desazón que no me abandonaba: seis años,... seis años de intentos fallidos; seis años tratando de rescatar al espíritu de Delia,... y 24 años en que su alma atormentada sufría, penaba en aquella casa abandonada, que nadie quería habitar,... 24 años de haber sido violada y muerta,... 24 años de sufrir lo indecible en manos de su maldito asesino, aún junto con ella, en el Más Allá,...&lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt; &lt;/p&gt;
&lt;ul style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;li style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;- ...Lo peor es que ella no sabe que está muerta,... -, dije con un susurro, como para que solo lo escuchara Vanessa.&lt;/li&gt;
&lt;/ul&gt;</content>
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    <id>tag:metroblog.com,2007:blog-144179.post-536856</id>
    <published>2009-10-17T05:24:00Z</published>
    <updated>2009-10-17T05:24:00Z</updated>
    <title type='text'>¿Ruedas de engranaje en el antiguo Perú?</title>
    <content type='html'>&lt;p style=&quot;text-align: center;&quot;&gt;&lt;img style=&quot;margin: 0px 0px 0px 0px&quot; src=&quot;http://f3.mb-content.com/pictures/285/71/6/671285_NLKLTDVGRBMEDNN.jpg&quot; alt=&quot;&quot; width=&quot;400&quot; height=&quot;278&quot; align=&quot;top&quot; /&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt; &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;Estas ruedas de bronce, halladas en nuestro país fueron mostradas por el profesor Rafael Larco Hoyle, en algunos de sus trabajos publicados; después de eso, no se supo ya más nada: es uno de esos muchos hallazgos intrigantes que se han realizado en nuestro país, pero que se hallan bien custodiadas en nuestros museos, y completamente fuera de la vista del público. Se sabe que proceden de un yacimiento arqueológico pre-inca y nada más,... y muchos podrían considerarlos como cabezas de mazas incas,... salvo porque no son de piedra, como era costumbre en el Imperio,... y que su diseño es demasiado intrincado para poder confundirlas con artefactos tan comunes en nuestros museos, y como podemos ver, algunos carecen de puntas, perdiendo así toda la practicidad del diseño de la conocidísima arma inca: es obvio que se parecen poderosamente a los engranajes modernos. Todo un misterio.&lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;LINE-HEIGHT: normal; mso-margin-top-alt: auto; mso-margin-bottom-alt: auto&quot;&gt; &lt;/p&gt;</content>
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    <id>tag:metroblog.com,2007:blog-144179.post-534675</id>
    <published>2009-10-14T01:13:00Z</published>
    <updated>2009-10-14T01:13:00Z</updated>
    <title type='text'>Prisión eterna</title>
    <content type='html'>&lt;p&gt;&lt;img style=&quot;margin: 0px 0px 0px 0px&quot; src=&quot;http://f6.mb-content.com/pictures/566/69/6/669566_NOFUSFTHWSNGJAI.jpg&quot; alt=&quot;&quot; width=&quot;470&quot; height=&quot;352&quot; align=&quot;top&quot; /&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt; &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;Un relato de: Reynaldo Silva&lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt; &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;Respirando agitadamente, el agotado hombre miraba sonriente el mar encrespado, ese día de invierno. El sol se alzaba calentando apenas la playa rocosa de aquella desolada isla. Jadeante, mojado, el fornido joven sonreía mostrando todos los dientes, mientras observaba el océano, mientras se quitaba lentamente todos los implementos que llevaba sobre su traje de buzo. Mientras soltaba una sonora carcajada, escuchaba los gritos que, de cuando en cuando se dejaban escuchar en medio de la estática que soltaba su transmisor, ahora a sus pies, junto a su cinturón, con sus otras herramientas.&lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt; &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&quot;....FZZZZ!!....¡CARRASCO; MALDITA SEA, TENIENTE. REGRESE DE INMEDIATO A LA LANCHA ES UNA ORDEN!!!....FZZZ!!!...&quot; - se escuchaba bramando a un iracundo instructor de voz ronca-, &quot;....¡NO ME IMPORTA CUÁNTO TARDE EN ENCONTRARLO: LO ENCONTRARÉ!!!.....FZZZZ.....LE ESPERA EL CALABOZO!!!...FZZZ.....&quot;. Sin inmutarse ante las terribles amenazas, el Teniente Guillermo Carrasco, comando anfibio de la Marina de Guerra, observaba la desértica isla a la que había arribado. Se había vuelto a salir con la suya. Hijo de un muy alto oficial de la Armada, siempre se las había ingeniado para hacer lo que le viniese en gana. Era el mejor en todo: el mejor de su promoción en la Escuela Naval, el mejor nadador, el mejor comando de la Unidad de Operaciones Especiales.&lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt; &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;Mirando las escarpadas rocas frente a él, Guillermo se sentía satisfecho consigo mismo. No lo había planeado. Faltaba apenas una semana para que termine su entrenamiento y fuese destacado a una embajada en Europa: su equipo salió a hacer una de sus últimas prácticas en mar abierto. Apenas vió la isla, envuelta en la niebla del amanecer, simplemente se decidió y se lanzó de la lancha rápida en la que iba. Fueron cinco horas nadando. Nadie lo pudo detener; el era el único que podía hacer ese trayecto nadando, y él lo sabía. Respirando a todo pulmón, sintiendo que las gélidas aguas del Pacífico a las que había vencido lo hacían sentir totalmente vivo, miró como si fuese su trofeo el lugar al que había llegado: la isla de El Frontón, también conocida como la isla del Muerto.&lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt; &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;El Frontón fué utilizada por mucho tiempo como una isla-prisión, una de las peores del Perú; delincuentes, políticos de todo calibre y finalmente, terroristas había vivido y muerto en ese pedazo de tierra. Después que los terroristas de Sendero Luminoso la convirtiesen en una especie de Iwo-Jima llena de túneles y trampas, en 1986 tomaron el penal. La marina tuvo que debelar el motín, a sangre y fuego. Desde ese entonces, la isla es Zona  Militar Restringida: nadie vive ahí, los pescadores no pueden acercarse a ella; ni los mismos marinos tienen acceso. Todos sabían que ahí murió mucha gente,...de manera turbia. Toda esa historia había atraído al Teniente Guillermo Carrasco a ese lugar. No le gustaba que le cuenten historias: él prefería vivirlas.&lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt; &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;Durante todo ese día, el joven comando se dedicó a disfrutar de su libertad: nadó a sus anchas en las caletas en medio de lobos de mar y pingüinos de Humbolt, sin más sonido que el mar y las gaviotas a su alrededor. Buceó y pescó un suculento almuerzo para más tarde. Recorrió las ruinas del penal destruido a cañonazos navales hacía mucho tiempo; se decepcionó de no encontrar siquiera el más minúsculo recuerdo para llevarse como testimonio de su presencia ahí. Cruzó la isla de lado a lado y se divirtió escondiéndose entre las peñas al paso de dos lanchas de la marina que lo buscaban. Les demostró a ellos y a sí mismo que era el mejor comando: no pudieron descubrirlo. Casi al atardecer, se quedó mirando los restos de una pared destrozada a balazos del llamado &quot;Pabellón Azul&quot;, el último reducto de los presos insurrectos. Se leía aún ahí en medio de los boquetes chamuscados &quot;VIVA LA LUCHA....&quot;. Cuando el sol se ponía, se encaminó a la playa junto al destruido muelle del viejo penal. Pensaba en probar cuántos días podía sobrevivir en ese pedazo de roca en medio del océano.&lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt; &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;La noche era muy fría y ventosa. Sentado y cubriéndose del viento tras unas peñas, el Teniente Carrasco trataba de calentarse apretujándose a una pequeño fuego que había improvisado con algunos pedazos de madera que encontró en el muelle. Tranquilo, Guillermo degustaba sus raciones de combate y un pescado que se asaba a fuego lento. La neblina nocturna de invierno envolvía todo. Cualquier persona no hubiese soportado semejante frío, pero él estaba en su elemento: puro músculo sólido templado a punta de las pruebas físicas más extenuantes, apenas se sentía algo incómodo. Las luces de la ciudad apenas se veían en medio de la oscura noche. El viento silbaba en medio de las rocas. Por precaución, el marino había dejado su radio encendida, pero ésta estaba muda. Hasta exactamente las 8 de la noche.&lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt; &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&quot;....FZZZ.....¡ES SU ÚLTIMA OPORTUNIDAD: RÍNDANSE Y DEPONGAN LAS ARMAS!!...FZZZZ&quot;- se escuchó de pronto en la radio. Carrasco se sobresaltó. La voz era perfectamente entendible,...pero la voz era extraña, cavernosa, casi inhumana. Casi de inmediato, el sorprendido marino escuchó algo inaudito: cientos de voces, cantaban una profunda salmodia, era una horrenda canción, mezcla de canto andino y canto guerrero. Jamás había oído algo así. Se le escarapeló la espalda. El canto parecía salir del derruido pabellón al frente suyo, parecía emerger de las entrañas de la tierra, de todos lados. ¡Esto no puede ser posible!, pensó el marino: ¡he recorrido la isla de cabo a rabo: AQUÍ NO HAY NADIE!&lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt; &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;Instintivamente, se ocultó tras un peñazco, mientras buscaba a tientas desesperadamente su cuchillo de comando en la oscuridad de la noche. Agazapado, observaba a las ruinas que retumbaban por ese canto que sólo hablaba de muerte y sangre, y que se escuchaba horroroso, como proveniente de ultratumba. Casi al mismo tiempo, la radio se volvió a encender, dejando escuchar nuevamente esa voz: &quot;....FZZZ....TENIENTE, CABO: USEN LAS CARGAS. ECHEN ABAJO ESA PUERTA....FZZZ&quot;. Tras quedar totalmente desconcertado por esa transmisión, un tremendo estrépito lo sobresaltó por completo: una potente detonación hizo retumbar toda la isla. El comando quedó paralizado de terror: sus oídos no le mentían, una explosión casi le hirió los tímpanos, pero no hubo ningún fogonazo. Casi de inmediato, lo imposible; un infernal estruendo se desató a su alrededor. Ráfagas de ametralladoras, disparos varios, explosiones de granadas,...gritos de comandos lanzándose al ataque, gritos de dolor, lamentos, insultos,...proviniendo de todas partes,... ¡pero las voces no provenían de gargantas humanas!,.... ¡las explosiones retumbaban pero nada las ocasionaba!,...¡AHÍ NO HABÍA NADA NI NADIE, SÓLO LA OSCURIDAD!!!&lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt; &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;Apretando los dientes, mirando con desesperación a todos lados, Guillermo se sentía enloquecer. La que también enloquecía era la radio en ese momento: decenas de voces se dejaban escuchar: &quot;..... ¡NECESITAMOS UN MÉDICO: A MI TENIENTE LE DIERON EN LA CABEZA!!!....FZZZ.....¡GRUPO ALFA, DISPARAN DESDE ARRIBA: RETROCEDAN!!...FZZZ....¡TRAIGAN LA BAZUCA AL LADO NORTEEE!!!....FZZZ...¡¡TENGO TRES BAJAS: NECESITO REFUERZOS!!!....FZZZ...&quot;&lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt; &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;Todo el cuerpo le temblaba al joven comando: lo habían preparado para toda situación, menos para esa. Sus instintos de militar le pedían luchar, la sangre le hervía. Escuchaba horrorizado gritos de hombres muriendo, agonizando, suplicando ayuda a gritos a escasos pasos de él,... ¡PERO NO HABÍA NADA NI NADIE A SU ALREDEDOR!,...sólo rocas y oscuridad, y lo desconocido. El Teniente Guillermo Carrasco creyó por un momento que había enloquecido por completo. Desesperado comenzó a gritar como un energúmeno. De pronto, todo el estruendo se apagó de golpe. Sólo se escuchaba en la isla sus propios gritos. Tardó en callarse. Sudaba, temblaba, con los ojos desorbitados, mirando a todos lados, mirando la neblina nocturna que le envolvía. El silencio era absoluto.&lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt; &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;El comando se incorporó aferrándose a su cuchillo, amenazando las sombras que le envolvían con él. No dejaba de temblar, mientras caminaba alrededor de la pequeña fogata. Carrasco se agachó a recoger su transmisor, ahora mudo. Apenas lo alzó, la sangre se le heló en las venas: no se había percatado que la radio estaba inservible, al tomarla descubrió que la batería del aparato no estaba. Al llegar a la isla, seguramente se había caído al golpear con las rocas. Tratando de entender de alguna forma lo que estaba ocurriendo, el militar se tomaba la cabeza, buscando un por qué. Caminaba como atontado, aún afectado por semejantes sucesos. De pronto, en medio de la negrura de la noche, escuchó un gemido lejano.&lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt; &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;Dispuesto llegar al fondo del asunto, reunió todo su valor y comenzó a avanzar hacia las ruinas del penal, de donde parecía provenir ese apagado gemido. Demostrando lo aprendido, el militar sigilosamente saltaba de una roca a otra, de un pedazo de pared a otro, apenas iluminado por la luna que ya se elevaba sobre la neblina baja. De rato en rato, se detenía, escuchaba atentamente, buscando de dónde provenía el gemido. Tardó casi una hora, atravesando los edificios derruidos. En lo profundo del pabellón, se detuvo ante una especie de cueva que se hundía en la roca. Tal vez era uno de los boquetes que los presos amotinados hicieron. Carrasco giró alrededor suyo. El gemido se había apagado. De pronto, un sonido de pisadas lo hizo voltear violentamente. Frente  él estaba un muchacho asustado.&lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt; &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;Llevaba uniforme militar completo, cargando en un brazo un fusil automático. Estaba muy pálido y asustado. Sus mejillas estaban surcadas de lágrimas y gemía mientras le observaba desde dentro de la cueva. &quot;¡QUIÉN ERES TÚ!&quot; -, le gritó tratando de mostrar aplomo. El muchachito, le vio con sus ojos grandes y llorosos. No parecía tener más de 19 o 20 años. Parecía que no entendió la pregunta, hasta que alzó la cabeza y dio un paso adelante. Se quitó el casco de acero y, con ambas manos lo pegó a su pecho al estilo naval y dijo con voz cavernosa: &quot;¡Cabo de Mar Jaime Nina, 05732660, Señor!....&quot;. El Teniente Carrasco se quedó paralizado del horror: ¡al quitarse el casco, el muchacho dejo ver que tenía en su frente un limpio agujero de bala!.&lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt; &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;Guillermo jamás había sentido miedo ante nada ni nadie. En ese instante las piernas le temblaron, y dejó caer su cuchillo al suelo. Sabía perfectamente que nadie sobreviviría a una herida así,....ese infante de marina frente a él NO PODÍA ESTAR VIVO. Paralizado por el pánico, escuchó a la aparición que seguía hablando: &quot;....del pelotón &quot;Delta&quot;: le informo que todo mi equipo ha muerto. Mi Teniente me ordenó proteger esta posición, Señor&quot;. Carrasco se sentía embotado, casi al borde de la locura; conforme la luna llena iluminaba al joven, veía un inmenso manchón de sangre en su uniforme que abarcaba todo el pecho: el pobre muchacho tenía también un tajo que le cruzaba el cuello casi por completo. &quot;¿Vino a reemplazarme, Señor?&quot;-, preguntó ansiosamente el muchacho. &quot;¡Tú,....tú...!&quot;-exclamó Carrasco, aterrado-, &quot;¡TÚ ESTÁS MUERTO!&quot;. La aparición parecía no entender. Movía la cabeza incrédulo mientras decía: &quot;no, yo no estoy muerto: estoy herido. Recuerdo que algo golpeó mi cabeza, pero después me puse de pie y seguí en mi puesto. Mi Teniente, ¿regresaré a casa?&quot;. Temblando sin cesar, Carrasco trataba de caminar hacia atrás, alejándose de la aparición, sin saber que hacer: &quot;¡tú no puedes volver por que estás muerto!!&quot;. Le dijo una y otra vez. El muchacho le escuchó tratando de comprender. Comenzó a caminar mirando al frente, casi ignorándolo. Alzó su pálida mano apuntando hacia las luces de la ciudad: &quot;¿ve?, allá por Comas está la casa de mi mamá. Me espera. Mañana es su cumpleaños. Me gusta la comida de mi mamá,... ¿entonces,...no la volveré a ver?&quot;. Aterrado, descompuesto, Carrasco comenzó a negar con la cabeza.&lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt; &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;Abriendo sus ojos más, mirando las luces que apenas se observaban, Mostrando un dolor muy profundo, comenzó de nuevo a gemir. Al voltear hacia el Teniente, le tendió la mano y le dio algo: &quot;tome; lléveselo a mi mamá. Lo va a necesitar&quot;. Guillermo observó lo que le había dado: era una raída billetera. En ella sólo había su carnet de identidad  militar y dos míseros billetes de 10,000 intis. Mientras el joven caminaba de nuevo hacia la cueva, se detuvo y volvió a hablarle al comando. Le tendió su viejo fusil: &quot;hay algo más,....debe irse cuanto antes de aquí. Ellos están bajo la tierra. Tome mi arma, mi Teniente; la va a necesitar&quot;. La mano temblorosa del Teniente Carrasco asió el cañón enmohecido del arma. Se aferró con fuerza a él mientras veía a la aparición arrastrando los pies, llorando amargamente, mientras se perdía en las profundidades de la cueva.&lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt; &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;Fue demasiado para el joven comando: se dejó caer en donde estaba, llorando amargamente. El miedo lo había doblegado y el cuerpo le fallaba. No sabía que hacer más que dejar salir todos los sentimientos encontrados que le dominaban. De pronto, una serie de jadeantes susurros comenzaron a rodearle, salidos de la nada. &quot;....MIRA, AHÍ HAY OTRO...&quot;-decía una voz-, &quot;...DEBE MORIR...&quot;-decía otra. &quot;NO SALDRÁ VIVO DE AQUÍ....&quot;- escuchó casi como si estuviese alguien a sus espaldas. Voces de odio, con sed de sangre, profundas, roncas, burlonas, que le rodeaban por todo lado. El Teniente se incorporó. Tener el arma en sus manos le daba ahora el valor que le hacía falta. Con el fusil en una mano y el cuchillo en otra, comenzó a bramar, sintiéndose invencible de nuevo, otra vez se sentía el mejor. &quot;¡VENGAN MALDITOS: NO LES TEMO. LOS HARÉ PEDAZOS!!!...&quot;-, dijo una y otra vez el comando, retando a quienes le rodeaban. No pudo avanzar mucho: en menos de un segundo, la tierra bajo sus pies se abrió.&lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt; &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;¡Como vomitadas por la tierra, decenas de manos huesudas, garras de hueso y tendones apenas, comenzaron a tomarlo, a asirlo, aferrándose a él por todos lados, impidiéndole correr, caminar siquiera!, ¡aullando de pavor, el militar trataba de zafarse, mientras asestaba cuchillada tras cuchillada, que apenas dejaban marcas en los huesos!. Carrasco apretó una y otra vez el gatillo del fusil hasta que se dio cuenta que el arma no funcionaba. Rápidamente, las garras de los agresores de ultratumba lo hundieron en el boquete en medio de los escombros, llevándose a su víctima que no dejaba de gritar, mientras desaparecía. Lo último que vieron sus ojos en este mundo fue la luna llena allá arriba en el cielo, luz pálida que después se volvió en total oscuridad.&lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt; &lt;/p&gt;</content>
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      <name>cuentosdeterrorymisterio</name>
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    <id>tag:metroblog.com,2007:blog-144179.post-464762</id>
    <published>2009-07-06T16:05:00Z</published>
    <updated>2009-07-06T16:05:00Z</updated>
    <title type='text'>¡Ayúdenmeee!!!</title>
    <content type='html'>&lt;p&gt;&lt;img style=&quot;margin: 0px 0px 0px 0px&quot; src=&quot;http://f2.mb-content.com/pictures/145/64/6/664145_HSRDONCIABAQQFL.jpg&quot; alt=&quot;&quot; width=&quot;470&quot; height=&quot;364&quot; align=&quot;top&quot; /&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt; &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Un relato de: Reynaldo Silva&lt;/p&gt;
&lt;p&gt; &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;La diminuta celda estaba totalmente invadida por las penumbras. La atmósfera era pesada. Apenas iluminados por una pequeña vela a medias consumida, Ho Peng y sus cinco compañeros se apretujaban en ese lugar negro, húmedo y que olía a muerte. Ninguno de ellos podía dilucidar su incierto destino. Se hallaban en absoluto silencio, tratando de adivinar por medio de las voces y sonidos que venían del exterior, qué pasaba al otro lado de la puerta cerrada.&lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt; &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;El continuo concierto de voces, risas y exclamaciones de allá arriba, sobre sus cabezas, los desconcertaba. Todo el grupo tenía miedo. Se afligían pensando en que jamás volverían a ver su aldea natal, a sus padres, esposas o hijos. Estaban encerrados y de cuando en cuando escuchaban terribles imprecaciones de su señor y amo que, acompañadas por fuertes puñetazos contra una mesa. Anunciaban inevitablemente que se abría de nuevo una puerta que daba hacia donde estaban ellos, en el sótano repleto de celdas. Un hombre abría una de ellas y en medio de gritos y forcejeos arrastraba hacia fuera a un chino como ellos, que no dejaba de gritar desesperadamente en mandarín: &quot;...¡NOOO, POR FAVOOR, YO NOOO!!!; ¡&quot;HERMANO MAYOR&quot;, PERDÓNEME LA VIDAAA&quot;...!!! . El carcelero no le hacía caso o no le entendía, y sólo se dedicaba a llevarlo hacia arriba. Después de eso, nadie lo volvía a ver jamás.&lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt; &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;Esperando su, según él, horrendo desenlace, Ho se arrodilló en el piso y sollozando, se arrepintió de las desacertadas decisiones que lo habían llevado ahí. La horrible sequía del verano pasado, lo obligó a él y a varios jóvenes de su aldea a abandonarla, haciendo el penosísimo viaje hasta Cantón, en busca de comida y trabajo. Una vez que arribaron a la ciudad, en el mercado, un hombre los convenció de embarcarse en un viaje; hablaba de un maravilloso país al otro lado del mar,  donde había tanta comida que todos vivían satisfechos, mientras que las montañas vomitaban oro en cantidad. Ho no lo dudó y puso su marca en el papel; no sabía escribir así que no entendía el acuerdo que aceptaba. Sólo era un campesino. Cualquier cosa era mejor que sobrevivir en una comarca seca y en hambruna, dónde los padres sorteaban entre sus vástagos para ver quien serviría de alimento al clan familiar. Lo único que pudo enterarse tras estampar su marca en el documento, es lo que le dijo un hombre mayor de su aldea, algo más instruido: había aceptado ir a trabajar por cinco años a un lejano reino llamado &quot;Pirú&quot; o algo parecido.&lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt; &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;Tras meses de recorrer el inmenso océano, finalmente vieron las costas de ese extraño reino: sólo eran playas desérticas, matizadas de cuando en cuando por algún fértil y estrecho valle. Esa fue la primera decepción que tuvieron. Al llegar al puerto, vieron pasmados que era inmenso, mucho más grande que el de Cantón, perdiéndose en la lejanía la larga fila de enormes barcos, que destacaban en el horizonte como un inmenso bosque. Era una nación de &quot;narices largas&quot; esa a la cual habían llegado; estaban por todos lados, vestidos extrañamente, luciendo sus sombreros altos. Sus mujeres llevaban pesados vestidos que envolvían sus cuerpos deformes, con una cintura que era delgada, como tallos de bambú. También había hombres de piel negra, así como hombres de piel del color del cobre, que cargaban bultos encogidos, como temerosos de ser castigados. Para Ho y los demás, ver a esos hombres fue un impacto tremendo, puesto que no habían visto gente así jamás.&lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt; &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;Al cruzar la capital del reino, apenas podían seguir el paso de los otros chinos que los arriaban como bestias por las calles, debido a lo sorprendidos que se hallaban por lo que veían: la ciudad era extraña, pero a todas vistas opulenta. Los edificios eran altos, muy ostentosos, rodeados de amplios jardines o luciendo grandes esculturas. También vió Ho a varios chinos vestidos como los &quot;narices largas&quot;. Eso está bien -pensó Ho-, nos tratan como sus iguales. El chino que llevaba al grupo de recién llegados, gritaba instrucciones mientras caminaba: decía palabras en mandarín y cómo se decían en aquel país. Ho no entendía nada de esa lengua de palabras tan raras y largas. No hizo caso.&lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt; &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;No se quedaron en la capital de reino. Los llevaron al norte; un viaje de muchos días. Arribaron a la finca donde trabajarían en el campo: era inmensa, casi un país. La casa del propietario &quot;nariz larga&quot; era inmensa. Ho llegó a pensar que trabajaría para un emperador: las tierras del poderoso señor se perdían en el horizonte, cerca de la mansión habían grandes edificios: eran fábricas. Una máquina de hierro que se movía en un camino también de hierro también le pertenecía. Al llegar al gigantesco galpón donde viviría con otros cientos de chinos, finalmente supo su cruel destino: serían esclavos que labrarían la tierra para el señor, por muy poca comida y una paga ridícula.&lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt; &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;Apenas llevaba unos meses sufriendo el sol abrasador del campo cuando él y sus compañeros recibieron la orden de dejar sus tareas; irían acompañando a su señor a una villa cerca de la capital, les dijo el capataz. Ho se sintió satisfecho: los &quot;coolies&quot; que trabajaban al servicio del poderoso señor como sirvientes vivían y comían mejor. Al llegar a la villa, Ho no dejaba de ver las inmensas mansiones: eran mucho más elegantes de lo que había visto hasta ese entonces. Pensó que no existirían pobres en aquella villa de grandes señores. Pero todos parecían asustados: los nobles dirigían a cientos de sirvientes que, en grandes carros, cargaban los tesoros de las mansiones a toda prisa.&lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt; &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;Conversando con otros sirvientes que sí entendían la lengua del país, Ho se había enterado de algunas cosas: el reino de &quot;Pirú&quot; se hallaba en guerra. Miles de hordas de salvajes de un vecino país al sur, lo había invadido. Por lo que observaba en las calles, Ho supuso que la guerra llegaba adonde ellos estaban. No entendía que venía a hacer su señor precisamente ahí. Supuso que su amo venía a hacer un trato con el general del ejército invasor. Trató de aliviarse pensando en eso.&lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt; &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;El joven Gaspar Derteano sentía el olor del miedo mientras recorría las calles de Chorrillos en silencio esa mañana. Con apenas treinta años, había tenido el mundo a sus pies: único heredero de una de las fortunas más grandes del país, propietario de una hacienda del tamaño de Bélgica, ahora veía como todo se le iba de las manos. La maldita guerra esa lo estaba arruinando; los bloqueos navales le impedían exportar sus productos, sus inversiones en Valparaíso habían sido confiscadas y ahora que ya no le llegaba dinero a mares desde Europa, las deudas se acumulaban. Jugador empedernido, había despilfarrado una fortuna que siempre pensó que era inacabable. Por eso no tenía miedo a ir a Chorrillos cuando la guerra se acercaba a la capital.&lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt; &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;Mientras se detenía en la casa de juegos de Laurent, la única que aún estaba abierta, pensaba que si no lograba ganarle la inmensa deuda que le debía, el maldito francés ese se quedaría con su hacienda. Esta vez debía ser el todo o nada. Fue recibido con silenciosa venia por parte del negro vestido de librea en la puerta. No había nadie en el elegante salón, salvo Laurent sentado frente a una mesa, barajando las cartas. El extranjero se creía inmune a los avatares de la guerra al haber colocado el pabellón de su nación en la puerta. Derteano, tras ordenar que lleven a sus &quot;coolíes&quot; a las celdas, se dirigió directo a la mesa. Fue una larga noche aquella. Gaspar perdió todo el dinero que tenía; ahora sólo le quedaba apostar a sus esclavos.&lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt; &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;Ho y sus compañeros de celda despertaron al día siguiente. Arriba se seguían escuchando airadas voces y botellas que eran golpeadas contra una mesa. Al poco rato, se estremecieron al sentir un imprevisto estruendo: en la lejanía se oían los gritos de miles de hombres, el estruendo de miles de armas descargándose; el rugir de los cañones era tal que parecía una inmensa tormenta. Ho Peng y los demás se abrazaron de pánico; los invasores habían llegado. Arriba en la sala, Derteano, ebrio y desesperado, se empecinaba por cambiar su mala suerte. &quot;¡Te apuesto cinco chinos más!&quot; -, le dijo al francés. Laurent no se intimidaba ante lo que pasaba afuera. Estaba dispuesto a volverse millonario ese día.&lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt; &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;Las horas pasaron y el ruido comenzó a decrecer. Al atardecer de ese día, el 13 de enero de 1881, el ejército chileno derrotó a su par peruano. Los cadáveres de los defensores rodaban por miles por las colinas de San Juan, cayendo al mar. Al caer la noche, los invasores victoriosos se dirigieron hacia Chorrillos.&lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt; &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;Esa noche, los cautivos de la celda despertaron sobresaltados: afuera se oía otro inmenso estruendo. La guerra finalmente los había alcanzado. Gritos de terror y el ruido de disparos por doquier los estremecía, apretujándose contra la pared. Al poco tiempo oyeron algo espantoso: vidrios que se quebraban y gritos de soldados pidiendo sangre, acompañados por las voces airadas de su amo, el joven Derteano y el francés allá arriba. Una ráfaga de disparos los silenció y dio paso a las risas de los soldados y el correr de sus botas por todo el lugar, destrozando todo a su paso: no había duda, los invasores estaban saqueando. Ho y sus compañeros también oyeron con terror súplicas de clemencia en mandarín. Era el fin.&lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt; &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;Arriba los soldados, ebrios de sangre y alcohol bolsiqueaban los cadáveres tirados en el suelo, mientras bebían y jugaban con el botín de monedas de oro obtenido y con un piano que se hallaba en la sala. Abajo, los chinos aguardaban en silencio, rogando no ser descubiertos. Al rato escucharon una voz aguardentosa que dijo: &quot;¡nosotros quemamos y el Perú paga!!&quot;, seguido por el ruido de decenas de botellas estallando. No entendían que significaban esas palabras, pero el humo y el calor que se colaba por las rendijas de la puerta de su celda les hizo saber lo obvio: la mansión estaba siendo quemada.&lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt; &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;Desesperados, todos, se apretujaron al otro extremo de la celda, rogando salir con vida. La vela que apenas les iluminaba finalmente se apagó. Todos aguardaron en silencio lo que iba a pasar. Por buen tiempo se mantuvieron en silencio. No decían nada. Temían que los conquistadores aún estuviesen aún allá arriba, prestos a matarlos apenas los descubriesen. Así que decidieron aguardar en las sombras. Y esperaron. Y esperaron.&lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt; &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;No sabían si había pasado mucho o poco tiempo: no había forma de saberlo. En medio de la oscuridad, Ho encontró un tubo de cobre en el suelo, y tras acordar entre todos, decidieron arriesgarse y golpear con él otro tubo en la pared, mientras pedían ayuda. Al poco de gritar, un desgarrador grito los silenció. Se hacían realidad sus peores temores: seguía la muerte allá arriba. Decidieron callar otra vez, esperando no haber sido descubiertos.&lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt; &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;El tiempo pasaba lentamente. A susurros conversaban sobre cuánto duraría su encierro. Algunos pensaban que los invasores habían conquistado todo el mundo, y que jamás volverían a ver la luz. Con el tiempo, pasaban las noches conversando sobre sus vidas, de dónde provenían y sobre sus familias allá en China. Cuando eso sucedía en la celda, de pronto, terribles gritos de terror se dejaban escuchar desde arriba.&lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt; &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;Al día siguiente, escuchaban las graves oraciones de un sacerdote, iguales a las de esa religión que el sacerdote de la hacienda trató de convertirlos. Para Ho y sus compañeros, era obvio que estaban presos en una inmensa cárcel y  que un reo había sido ejecutado y un sacerdote realizaba las oraciones fúnebres. Pasó así mucho tiempo, y poco a poco, dejaron de conversar entre sí. El encierro era terrible y ninguno tenía ganas ya de hablar. En silencio habían aceptado su destino y nada iba a cambiar eso.&lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt; &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;El 3 de octubre de 1974, la tierra comenzó a temblar. Un pavoroso terremoto de grado 6 golpeó de lleno a Lima y sus balnearios vecinos. La gente corría desesperada, viejos edificios caían, barrios enteros destruidos; cientos de muertos por todas partes. En la celda, el grupo se sobresaltó. Era tan fuerte el movimiento sísmico que no pudieron hacer otra cosa que quedarse pegados contra el suelo. Casi se ahogaron mientras sentían cómo le polvo se colaba por las rendijas de su celda. Cuando todo se calmó, escucharon gritos y sollozos procedentes de afuera: hombres y mujeres lloraban y grandes voces pedían socorro. Ho escuchó cientos de manos que escarbaban la tierra alrededor suyo.&lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt; &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;Había pasado mucho tiempo y los prisioneros decidieron que, si la gente estaba excavando, sería fácil que los encontrasen. Ho no lo dudó dos veces y comenzó de nuevo a  golpear con insistencia el tubo de cobre a su lado. De tanto escuchar a través de las sombras, habían aprendido algo. Era su última oportunidad: después de mucho tiempo, iban a volver intentar pedir auxilio en lo poco que sabían decir en ese extraño idioma: &quot;AYULAAAA!, AYULAAAA!!!, ¡E' TAMOS ACÁ,  E' TAMOS ACAAAÁ!!!!.....&quot;&lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt; &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;De pronto las voces de afuera, se callaron de golpe, pero ellos no. Al poco rato se escuchó una voz de mujer diciendo: &quot;¡hay gente atrapada aquí!, ¡¡PRONTO, TRAIGAN AYUDA!!!&quot;. El operario Ramón Apaza dirigía con presteza su bulldozer en medio de la medio destruida Chorrillos. Como todos los empleados del Ministerio de Fomento, apenas pasó el sismo, salió a tratar de rescatar a los pobladores atrapados bajo sus casas de adobe. Un grupo de mujeres con señas le hizo saber que bajo una casa destruida había sobrevivientes. Hacia allá enfiló.&lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt; &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;Ho y los demás no dejaban de gritar y golpear. Pronto una cuadrilla de obreros comenzaron excavar. Apaza apartaba todo escombro que no les permitía avanzar. El pueblo se arremolinaba tratando de ayudar y tal vez, de encontrar a sus seres queridos. Tras un estruendo, Ho pudo ver en medio del polvo finalmente la luz. Apenas podía respirar y observó el rostro de su rescatador: era un hombre de piel de cobre, vestido de manera extraña, y llevaba en la cabeza un casco de un metal que no brillaba. Sintió aliviado cómo éste lo levantaba como si no tuviese peso, mientras con las manos ese hombre movía su rostro de un lado a otro, como revisando si tenía alguna herida. &quot; !Gracias por rescatarnos, gracias; mis amigos están atrás mío!&quot; -, le dijo sin poder contenerse, en mandarín.&lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt; &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;El Ingeniero Martínez, jefe de la cuadrilla, no salía de su asombro: al abrir el boquete, encontró ante sí un grupo de esqueletos muy extraños, vestidos con monos como los que usan los chinos en las películas de kung-fu. Con detenimiento revisaba la calavera en sus manos, que aún tenía pegada una cabellera recogida pegada al hueso, luciendo una inmensa cola trenzada y una gorra que tenía un jade enfrente. Ho no entendía nada, pero sentía que ya no se sentiría jamás solo.&lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt; &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&quot; Oye, Apaza - dijo Martínez molesto -, ¿no dijiste que había gente atrapada aquí?, ¡sólo hay esqueletos!. El operario no entendía nada, mucho menos los vecinos. &quot;Los hemos estado escuchando pidiendo ayuda y golpeando desde hace horas&quot;- le explicó para luego voltear hacia la fosa y señalar con horror-, &quot;¡JEFE: MIRE!!!&quot;. El ingeniero volteó y casi al mismo tiempo en que vió a los esqueletos ahí tirados, soltó la calavera, aterrorizado. Un horrendo frío recorrió su espinazo,....el esqueleto del cual había tomado el cráneo, tenía aferrada en una de sus huesudas manos, un tubo de metal.&lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt; &lt;/p&gt;</content>
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      <name>cuentosdeterrorymisterio</name>
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    <published>2009-05-26T02:27:00Z</published>
    <updated>2009-05-26T02:27:00Z</updated>
    <title type='text'>Los fantasmas del casino</title>
    <content type='html'>&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;img style=&quot;margin: 0px 0px 0px 0px&quot; src=&quot;http://f7.mb-content.com/pictures/698/59/5/559698_XBXHXOOTUPFPMEL.jpg&quot; alt=&quot;&quot; width=&quot;470&quot; height=&quot;352&quot; align=&quot;top&quot; /&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt; &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;Un relato de: Reynaldo Silva.&lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt; &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;Desde que se legalizaron los casinos en mi país, han proliferado en todas las grandes ciudades, llenos de sus luces y promesas de fortuna. Pero ahí termina la similitud con el mundo de glamour que nos vende el cine, al mejor estilo de Las Vegas: en mi ciudad,  como en todo el país, son lugares elegantes donde en las madrugadas vagan sombras de personas más que personas en sí: hombres y mujeres que buscan algo que no encuentran en sus vidas, jugando lo poco, mucho o nada que poseen. Espectros de vivos más que otra cosa son, y yo, por un tiempo era uno de ellos. Estos sombríos y tristes ambientes eran, al menos para mí, el último lugar en el mundo en que pensé toparme con seres del Más Allá, pero eso fue a final de cuentas, lo que precisamente sucedió,...&lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;                                                                                       &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;Era una época oscura de mi vida. Solitario y deprimido, mi trabajo y los buenos negocios que lograba día a día, no llenaban para nada mi existencia. Luego de alegrarme -incluso saltando, alzando los brazos y dándome hurras a mi mismo-, al final de un día en el que mi billetera estaba a punto de reventar de dinero, terminaba dándome cuenta que no me servía de nada, cuando al caer la noche me encontraba solo, sin alguien a mi lado con quién disfrutarlo o compartirlo. Aunque sea un afecto sincero siquiera. Solo otra vez.&lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt; &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;Aquella noche no tenía ganas de regresar a mi casa; en realidad no tenía ganas de nada. Después de pasar gran parte de la noche en un bar bebiendo solitariamente, ingresé al casino. Me había vuelto ludópata -y no tengo vergüenza en admitir que aún lucho contra ese vicio-, y a pesar de que no llegué como otros a perder todo en el juego, me estaba ocasionando un significativo forado en mi economía.&lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt; &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;El casino en cuestión -uno de los más importantes en esa época en la ciudad-, ocupaba, como era habitual en esos tiempos, los ambientes de un antiguo banco quebrado durante la crisis económica de los ochentas. Era el ambiente excelente para ser casino: amplio, techos altos y una caja fuerte heredada de su pasado uso; no era el primer lugar en la ciudad que, siguiendo un destino, un karma, recibía como en otros tiempos, dinero a carretadas, aunque ahora de otra forma.&lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt; &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;Era ya de madrugada. El lugar estaba casi desierto, salvo por los eternos trasnochadores de siempre, ya totalmente absorbidos por el vicio. Algunos ricos, algunos pobres, pero todos imposibilitados ya de controlar su adicción. Apoyadas en la barra del bar, cabeceaban las camareras, jóvenes que, luciendo diminutas minifaldas, prácticamente vivían ahí, esclavizadas a su belleza, recibiendo un sueldo de hambre. Era un ambiente tremendamente triste. Era excelente para mí, por que así se sentía mi propio corazón.&lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt; &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;Tras avanzar por en medio de las máquinas tragamonedas, tambaleándome bajo los efectos del alcohol, una atenta y despierta camarera -seguro era su primer día- , me invitó a subir al segundo piso, mientras ponía en mis manos un vaso de licor: estrenaban una mesa de ruleta electrónica esa noche. Como yo no jugaba a ese juego hacía mucho, fui a la caja a que me den una tarjeta electrónica para jugar y subí despacio las escaleras.&lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt; &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;Arriba sólo habían cuatro personas, sentadas en la mesa de la ruleta: un fornido hombrón en mangas de camisa, gordo y siempre sonriente, un joven barbado y descuidado en su vestimenta, una señora de unos cuarenta años, elegante y bien arreglada y una señora de unos 60 años, con apariencia de una abuelita bonachona.&lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt; &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;Había dos asientos libres, así que me senté tras dedicarles una silenciosa venia. Todos asintieron con la cabeza y comencé a jugar. Conforme avanzaba la noche, comenzaron a conversarme, haciéndome sentir parte del grupo: Don Porfirio era el nombre del hombrón, siempre sonriente a pesar de los reveses en sus jugadas. Su tez morena y sus gestos campechanos evidenciaban que era un agricultor algo adinerado, pero venido a menos. César, en cambio, el joven de peinado descuidado y barba de tres días era uno de esos tipos desesperados y sin fortuna que esperan el día en que les llegue la suerte. Susy, la mujer elegante, era la esposa de un empresario que jamás estaba en casa y que mataba las noches de soledad gastando su dinero, y esperando alguna fugaz aventura. Doña Lupita era una viuda sin hijos, que entró una vez al casino y no salió ya más.&lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt; &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&quot;¿No vienes mucho por aquí, verdad?&quot;-, me soltó Susy, sentada a mi lado, con una voz muy melosa y haciéndome notar su espectacular delantera enfundada en su ajustado suéter de casimir. &quot;¿por qué tan solito?&quot;. Se notaba que había puesto su mira en mí. A pesar de sus años era una mujer muy atractiva. &quot;Por que sí....&quot; -, fue mi respuesta. No deseaba que nadie me preguntase acerca de mi vida.&lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt; &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&quot;Ten cuidado, muchachito&quot;-, me dijo en tono de confidencia Don Porfirio, pícaramente, codéandome-, &quot;que si Susy te agarra, ya no te suelta&quot;. Casi de inmediato soltó una tremenda carcajada que hizo retumbar el lugar. &quot;¡Cállate viejo viagra!&quot; -, le soltó Susy junto con un pellizcón, ocasionando que todos se rieran también. &quot;¿Por qué tan seriecito, corazón?&quot; -, volvió a la carga Susy. &quot;....Cómo no voy a estar serio, si estoy perdiendo&quot;- le dije. Mostrando su mejor sonrisa, volvió a la carga: &quot;si es por dinero, no te preocupes; yo te presto,...&quot;- dijo para luego voltear y alzar la mano-, &quot;...señorita: dos escoceses en las rocas, por favor&quot;.&lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt; &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;Mientras la camarera nos traía las bebidas, el resto siguió la plática. Don Porfirio llevaba la voz cantante, como siempre: &quot;¡bah!, ¿y qué si se pierde?, yo voy perdiendo 350 y no me quejo....&quot;. Yo ya voy 600&quot; -, agregó César, cogiéndose la cabeza de desesperación para luego dar un puñetazo a la máquina-, &quot;¡maldición, esta porquería está arreglada!&quot;.&lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt; &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&quot;Cuidado Cesaritos, que te van a botar,...&quot; - intervino Doña Lupita con tranquilidad, soltando un suspiro-, &quot;yo voy 180 perdidos, pero que más da, ¿de qué me sirven si estoy sola?...&quot;. Aquella gente era de cuidado: me estaban desplumando pero casi ni se inmutaban de las pérdidas que tenían. Alcé la vista y me encontré con los ojos azules de Susy, tendiéndome un vaso; &quot;¿y a quién le importa?, ¡es sólo dinero!&quot;-, me dijo como si leyese mi pensamiento.&lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt; &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;De repente, Doña Lupita soltó un profundo suspiro y dijo: &quot;....si al menos viese a Patty otra vez,...&quot;-, lo dijo como si fuese la tal Patty la persona más importante en su mundo. &quot;...¡ya van a empezar con sus historias!&quot;-, exclamó molesto César, apurando de golpe su cuba libre. &quot;Por que no crees en ella, ella no se te aparece....&quot; -, le respondió la mujer con tranquilidad. Habían picado mi curiosidad y no me pude resistir a preguntar: &quot;¿y quién es esa Patty?&quot;. Todos se miraron a los ojos, como preguntándose si debían revelármelo. A los pocos segundos Don Porfirio respondió con un guiño: &quot;es un fantasma&quot;.      &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt; &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&quot;¿Un fantasma, y cómo es eso?&quot;-, interrogué ansioso. Todos guardaron silencio y dejaron que Doña Lupita comenzara el relato. Ella lo hizo con respeto, levantando la vista, como si le hablase a alguien más: &quot;cuando abrió este casino, entró a trabajar una chiquilla; tenía menos de 18 años así que mintió para conseguir el empleo. Era muy hermosa,...tenía una carita de ángel&quot; - suspiró de nuevo y prosiguió -, &quot;era taaaan buena!...&quot;.&lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt; &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&quot;Preciosa realmente&quot; -agregó Susy-, &quot;mucho más que yo a su edad&quot;. Doña Lupita la interrumpió, haciendo énfasis en lo que quería resaltar. &quot;No sólo era su físico: era su alma. Siempre aconsejaba, te daba ánimos. Escuchaba tus problemas. Todos la querían y la respetaban. Si algún viejo verde la molestaba, no intervenía la Seguridad del casino: todos los clientes nos parábamos y sacábamos al insolente. Ella estaba sola en el mundo y nosotros éramos como una gran familia y ella era como nuestra hija&quot;.&lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt; &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&quot;Era la hembra más rica que haya conocido,...&quot; -, exclamó César, interviniendo groseramente en el relato. &quot;!Cállate imbécil; respeta a los difuntos!!&quot; -, le soltó de golpe Susy. César le soltó un ademán con la mano y siguió jugando. &quot;...Una noche, Patty se despidió y salió apurada....&quot; -retomó el relato Doña Lupita, ahora más seria y triste-, &quot;nunca se supo adónde se iba ó con quién. Tomó un taxi cualquiera, no de los de la empresa que hace servicio a los empleados del casino&quot;.&lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt; &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;De pronto, la ancianita comenzó a sollozar. Todos bajaron la mirada, muy serios. &quot;Apareció a la mañana siguiente,....la habían matado. Unos malditos la habían violado y la tiraron degollada en un descampado, como si fuese un animal,... ¡malnacidos, ojalá se mueran todos!!!...&quot;-, culminó la pobre mujer.&lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt; &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&quot;Desde entonces, se aparece acá en el casino; aparece y te ayuda cuando tienes problemas&quot;-, sentenció Don Porfirio. &quot;yo nunca la he visto&quot; -, intervino Susy. &quot;Es que tú tienes plata, cariño: sólo ayuda a quién de veras lo necesita- , agregó la anciana-, &quot;¿sabes?, una vez hice una tontería: aposté toda mi pensión a las tragamonedas. Tenía deudas y no me quedaba más que 5 soles. Me puse a pensar en ella. No la ví, pero sentí que estaba ahí conmigo: jugué de nuevo y la máquina me dio ¡tres veces seguidas el premio máximo!&quot;.&lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt; &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&quot;Una jugada en un millón....&quot; -, volvió  hablar César. &quot;Si, es cierto -dijo la Doña-, &quot;y yo por ambiciosa, quise seguir jugando, ¡y la máquina se apagó de pronto por completo!; ¡algo extrañísimo, ni el personal del casino sabían por qué!; en fin, entendí que Patty me decía que coja la plata y que me vaya,.... Pasé una bonita navidad ese año,...&quot;.&lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt; &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&quot;Yo sí la ví una vez...&quot;-, comenzó a decir Don Porfirio-, &quot;no la conocía hasta ese momento. Tenía deudas y el banco me dio un préstamo, ¡pero en vez de irme a mi casa me metí  acá y lo jugué todo,....eran como 5,000 dólares!!!; me quedé toda la noche. A la una de la madrugada, me quedaban apenas 100. ¡Pensaba en pegarme un tiro cuando llegase a la casa,... lo había perdido todo!; entonces se apareció a mis espaldas. Me ofreció un cigarro y con esa sonrisita tan linda que tenía, me dijo: &quot;14 - 33 y 8&quot;,... y luego se retiró. No conocía su historia, así que lo tomé como una posibilidad. ¿Y sabes qué?, ¡jugué esos números y ¡los repetí cuatro veces en la ruleta y gané 8,000!!!, ¡JAJAJA!!!. &quot;&lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt; &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&quot;Cuando cobré y me iba a ir, le pregunté a una de las chicas: &quot;oye, ¿cómo se llama esa chiquita de pelo negro lacio, con uniforme naranja y blanco?, ¡se ha ganado un premio!&quot;,...pero la chica me respondió muy seria, que no había ninguna chica trabajando con esas características,....y además, el uniforme naranja con blanco lo usaban dos años atrás, no como el de ahora que es azul&quot;- , explicó apuntándome a la muchacha que nos traía cigarrillos. &quot;Después me contaron que era una almita&quot;.&lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt; &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&quot;Bueno, fue interesante la historia, pero ya me debo ir; me dejaron &quot;limpio&quot;-, les dije poniéndome de pie. &quot;Nooo; quédate. Que yo sepa, la noche aún es joven&quot;-, me dijo Susy. &quot;Me gustaría, pero debo trabajar mañana&quot;-, traté de explicarle. Al mismo tiempo, las bebidas habían hecho su efecto y necesitaba ir a los servicios higiénicos. Ví de pronto  un empleado de limpieza que entraba rápidamente a un cuarto al lado de la mesa y salía igualmente de rápido-, &quot;¿ese es el baño?&quot;. Todos se quedaron mudos de pronto. &quot;mejor ve al del piso de abajo&quot;-, me sugirió Don Porfirio. &quot;¿Pero por qué si éste está más cerca?&quot;-, inquirí. &quot;....Por que Patty no es el único fantasma que hay aquí....&quot;, - , me respondió Doña Lupita, mostrándome el temor en sus ojos.&lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt; &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&quot;¿Me dejan contarle ésta?&quot; -, exclamó de pronto muy emocionado César. Todos asintieron-, &quot;¡bien!; esta te va a gustar. ¿recuerdas que éste lugar era antes un banco?&quot;. Asentí con la cabeza: &quot;sí, mi hermano mayor trabajó aquí...&quot;. Se notaba que César se regodeaba contando la historia, a pesar de estar ya totalmente ebrio. &quot;¡Pues bien!, hace unos 10 años hubo un desfalco, ¿te imaginas?, ¡millones de dólares se hicieron humo!,...¡eso sí es dinero de verdad! .Como iba diciendo, acusaron al sub-gerente general, pero muchos dicen que el responsable era el gerente general, que era un tipo emparentado con los dueños del banco. En resumen, cuando apareció el escándalo en los periódicos, el sujeto vió desde su oficina llegar a la policía para detenerlo. Se paró, se fue al baño de empleados y se ahorcó. Pero, ¿sabes qué?, yo creo que lo &quot;silenciaron&quot; para que diga no nada, ¿comprendes?&quot;.&lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt; &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&quot;Es un alma atormentada&quot; -agregó Don Porfirio-, &quot;¿viste a ese tipo que salió como alma que lleva el diablo?, nadie entra ahí y si lo hace, no se queda mucho tiempo&quot;. Mirando la puerta cerrada, le respondí: &quot;yo tampoco me quedaré mucho. Además, si busca venganza, no creo que tenga nada contra mí&quot;. Me miró como un padre ve a su hijo. &quot;¿No escuchaste?, ese tipo fue asesinado, no es una buena alma. Yo que tú no iría&quot;. Pensando en aquel momento más en mis necesidades fisiológicas, finalmente me decidí: &quot;ya vuelo&quot;-, les dije. La única que me contestó fue Susy: &quot;te espero aquí, corazón,...&quot;.&lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt; &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;Al cerrar la puerta tras de mí, no percibí nada dentro del baño. Estaba limpio y aseado y del exterior no se oía nada más que los sonidos propios del casino. Hice lo que tenía que hacer y ya presto para salir, me encontraba en el lavado aseándome. Pensaba si en hacerle o no caso a Susy, mientras me miraba al espejo. Igualmente, pensaba en que aquel baño no revestía nada que diese temor. En eso pensaba cuando sentí el primer golpe.   &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt; &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;Mi rostro golpeó duramente contra el espejo, pero no lo llegó a romper. Me tenían firmemente agarrado del cuello, apretando mi cara contra el cristal, impidiéndome ver al agresor. Tenía manos extraordinariamente fuertes y la que me agarraba la cara como si fuese una tenaza. Casi al instante sentí la descarga: tres fuertes mazazos con el puño de mi cobarde oponente rehundieron en mi costado, justo en el hígado, sacándome de golpe todo el aire. Mis brazos cayeron a ambos lados como si de un muñeco de trapo fuesen. Estaba yo indefenso e incapaz de defenderme. Cuando apenas estaba reponiéndome, sentí ambas manos alrededor de mi cuello. Me estaba ahorcando. El maldito que me atacaba rodeó con sus dedos mi cuello, asfixiándome. Sin poder pedir ayuda, tratando de respirar, comencé a agitar las manos como loco, tratando de asirme a algo para responder al ataque. Mi cara seguía pegada al espejo. Quería gritar y no podía, mientras sentía esos horrorosos dedos comprimiendo, tratando demencialmente que yo deje de respirar para siempre. Apenas pude abrir el grifo del agua en mi vano intento de buscar algo que me sirviese como un arma.&lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt; &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;Cada segundo que pasaba trataba en vano de decir &quot;ayuda,... ayudaaa...&quot; y lo único que salía de mi garganta eran estertores y sonidos guturales. Afuera nadie me escuchaba y sólo podía oír la mecánica voz femenina de la ruleta electrónica diciendo: &quot;...HAGAN...SUS APUESTAS, SEÑORES....NEGRO EL 26...&quot; . Cuando casi me daba por vencido, me sentí de pronto alzado en el aire: el muy maldito era más alto y más fuerte que yo y sosteniéndome con ambas manos por el cuello, me levantó del suelo. Sentí con terror cómo mis pies se despegaban del piso. Desesperadamente con las puntas de mis pies trataba yo de apoyarme de nuevo.&lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt; &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;No sé si fueron minutos o segundos los transcurridos, pero conforme sentía la terrible falta de aire, las venas de mi cabeza a punto de estallar y como que mis ojos se salían de sus órbitas, el sujeto que intentaba asesinarme separó mi cara del espejo, y así pude ver finalmente la cara de mi agresor: no tenía cara....&lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt; &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;¡NO HABÍA NADIE AHÍ!,.... Vi con horror cómo yo flotaba en el aire, a escasos centímetros del suelo: ese ser invisible, me ahorcaba salvajemente, pero sólo podía ver la forma que sus también invisibles dedos marcaban alrededor de mi cuello. Ahí sentí lo que me parece, hasta hoy, lo que se debe sentir al morir: una sensación de extraño vacío, una sensación de abandono, un embotamiento de las ideas,.... No sé cómo describirlo.&lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt; &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;Cuando casi ya aceptaba mi destino, aquella entidad me agitó en el aire como un muñeco unas cuantas veces, para luego dejarme caer pesadamente al suelo. Sentir de nuevo el aire entrando en mis pulmones es una sensación que no olvidaré jamás. Tardé un buen rato en incorporarme,.... si no hubiese ido al baño minutos antes, tengan por seguro que me hubiese hecho encima. Sudaba yo a mares y mi pulso estaba apenas componiéndose cuando mirando mi deplorable estado en el espejo, y sorprendiéndome por las rojas marcas de dedos en mi cuello. A través del espejo pude ver a mis espaldas cómo la puerta de metal de uno de los excusados se abría y cerraba a una velocidad fenomenal, casi desprendiéndose de sus goznes. No lo pensé dos veces, ese ser quería que me largase y así lo hice.&lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt; &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;Salí como una tromba del baño. No pensé en nadie ni en nada, sólo quería salir cuanto antes de ese lugar. Al pasar por la mesa de la ruleta, todos comenzaron a reírse con fuerza, sin importarles mi deplorable estado; ¡malditos desgraciados!, pensé que eran mis amigos...&lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt; &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;Al bajar las escaleras tambaleándome dirigiéndome a la salida, comencé a respirar mejor. Los demás empleados del casino estaban tan adormilados que ni se fijaron en mí; pensarían que era simplemente yo otro borracho que se iba. No dejaba de temblar e instintivamente volteé hacia tras para ver si &quot;eso&quot; me seguía, y ahí fué cuando la ví: estaba parada atrás de dos señoras que jugaban en una tragamonedas. Era delgada, de pelo lacio oscuro, su cuerpo delgado enfundado en una blusa blanca y una minifalda naranja. Llevaba en la mano una charola con cigarrillos. Nadie la miraba excepto yo. Me miró fijamente, con una mirada que mostraba una infinita pena. En silencio, comenzó a menear su cabeza; entendí que me decía que no volviese. Eso fue lo que hice.&lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt; &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;Los moretones en mi cuello tardaron en sanar. Jamás  volví a ese casino. Aún juego pero por nada del mundo iría de nuevo allá. Al poco de lo que me pasó, me enteré que la gerencia del casino decidió clausurar el segundo piso del mismo, ignoro por qué. Sólo sé que algunas amigas mías han trabajado ahí después de ese día y todas aseguran haber visto a Patty en más de una ocasión. Con respecto a &quot;lo otro&quot;, ese baño ahora es un depósito lleno hasta el techo de cajas.&lt;/p&gt;</content>
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      <name>cuentosdeterrorymisterio</name>
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    <id>tag:metroblog.com,2007:blog-144179.post-308507</id>
    <published>2008-10-28T05:37:00Z</published>
    <updated>2008-10-28T05:37:00Z</updated>
    <title type='text'>El salón que conecta con el Más Allá</title>
    <content type='html'>&lt;p&gt; &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: center;&quot;&gt;&lt;img style=&quot;margin: 0px;&quot; src=&quot;http://f3.mb-content.com/pictures/244/04/4/404244_YSTUFRCBBSCYJAJ.jpg&quot; alt=&quot;&quot; width=&quot;337&quot; height=&quot;500&quot; align=&quot;bottom&quot; /&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt; &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;Un relato de: Reynaldo Silva.&lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt; &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;Mi tío Francisco era un tipo de esos rudos que no creían en fantasmas ni nada que se le parezca; no lo culpo. Él, a sus 60 años había sido educado en una época en que si los padres de un crío le escuchaban hablar de aparecidos y cosas de esas, consideraban que mentía, y la mejor forma de quitarle la costumbre de decir mentiras eran unos buenos azotes. Por eso me fue muy interesante cuando, una noche en una reunión familiar, me contó una experiencia que le había ocurrido cuando niño.&lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt; &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&quot;Quiero que sepas que te cuento esto sólo a ti&quot; -me dijo-, &quot;no quiero que nadie en la familia piense que estoy loco&quot;. Tras hacerle entender que su secreto estaría bien guardado conmigo, el tío Francisco se acomodó en su sofá y se sirvió otro vaso de cerveza para acompañar su relato. Estábamos en una sala de su casa; era un día de fiesta: el cumpleaños de su hermana, mi tía Claudina. En realidad no eran tíos míos; eran parientes sí, pero el vínculo familiar era tan lejano que, cuando me explicaban el árbol genealógico de la familia, desistía de entenderlo. Para mí y para mi familia, eran nuestros parientes y ya.&lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt; &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;Su inmensa casa, de construcción muy antigua, contaba con varios salones, por lo que no era difícil alejarnos del jolgorio como en esa ocasión en que estábamos ambos solos, en un salón apartado, en total confidencia. &quot;Tú sabes que en este pueblo siempre se cuentas historias de duendes y aparecidos&quot; -prosiguió su relato-, &quot;a mí siempre me han parecido cosas de vagos, de gente que no tiene otra cosa que hacer que inventar tonterías. Igual, de esta casa, cuentan siempre la historia de los hijos de la empleada que desaparecieron sin dejar rastro....&quot;. Sí había escuchado esa historia, que decían pasó en la época del bisabuelo del tío Francisco.&lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt; &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&quot;....Pero una vez, cuando era niño, me pasó algo que hasta ahora no puedo entender: te lo cuento para que tú me digas qué fué...&quot;. Veía en los ojos de aquél hombre la necesidad de saber la verdad de un capítulo oculto de su vida. Mintiendo descaradamente, le dije que yo desentrañaría lo que le aflijía. &quot;Yo tenía 12 años&quot;- recomenzó a relatar su experiencia-, &quot;había una fiesta así como ahora; era el cumpleaños de la abuela Petronila. En esos tiempos, los cumpleaños duraban tres días, venía todo el pueblo, había mucha comida y bebida. Los hombres se sentaban en los salones, y las mujeres cocinaban para todos los visitantes. Los niños no podíamos estar ni en los salones ni en la cocina; debíamos jugar en el patio&quot;.&lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt; &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&quot;Para esa fecha, mis padres me vistieron con un traje nuevo, de camisa blanca, chalequín azul, pantalones arriba de las rodillas, medias altas y los zapatos del domingo: yo estaba furioso por eso. Yo vivía feliz correteando sin zapatos por el campo, subiendo árboles, cogiendo higos de los huertos, robando huevos de pato en el sembrío del vecino,....&quot;-  decía mientras reía recodándose como un pequeño mataperros-, &quot;....ese traje era como un castigo para mí; para contentarme, mis padres me compraron también una enorme pelota roja. Estando ya en el patio, con los demás niños, y todos se burlaban de mi aspecto&quot;.&lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt; &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&quot;No aguanté mucho; me peleé con todos y me metí a la casa, buscando paz. Sin pedir permiso a nadie, me metí en el salón viejo. Estaba prohibido en mi casa que yo o mis hermanas jugásemos ahí: en ese salón estaban las pinturas de los parientes, el reloj de péndulo y el viejo fonógrafo. Me imagino que mis papás no querían que los rompiésemos. No había nadie en el salón, así que me puse a jugar, solo, con mi pelota. Me paré frente a la pared donde estaba el reloj y comencé a botar mi pelota contra ella. Tirana la bola al suelo, rebotaba, golpeaba la pared y la cogía con mis manos; así una y otra, y otra vez. &quot; &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt; &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&quot;De pronto, el viejo reloj comenzó a repicar: eran las tres de la tarde. Años después escuché decir al cura del pueblo que las tres de la madrugada era la hora del diablo y de los duendes, pero en ese momento eran las tres de la tarde. Paré un rato, tomando mi pelota con ambas manos, mientras el reloj daba las tres campanadas. Una vez que el reloj dejó de sonar, lancé la pelota contra el suelo. El balón golpeó contra los ladrillos del piso y sonoramente, se elevó hacia la pared......¡Y LA ATRAVESÓ POR COMPLETO!, ¡NO TE MIENTO, POR DIOS: LA  PELOTA DESAPARECIÓ, COMO SI HUBIESE ATRAVESADO UNA PUERTA ABIERTA, LA PARED ESTABA INTACTA Y LA PELOTA NO ESTABA!!!.&quot;&lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt; &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&quot;Yo era un niño; estaba más maravillado que temeroso. Pude escuchar a través de la pared cómo el balón rebotaba contra el suelo, muuuy lejos, haciendo un grave eco. Me acerqué a la pared y tendí mi mano,....y pude ver casi sin creérmelo cómo mis dedos y luego toda mi mano desaparecían frente a mis ojos, a medida que atravesaban la pared. ¡Jamás en mi vida había visto yo algo así ni lo volví a ver!; yo sentía claramente que mi brazo estaba en un lugar frío; podía mover dentro los dedos. Cuando retiré mi mano de ahí, ésta estaba envuelta en una pequeña película grasosa y transparente,... como cuando te frotas aceite. Volví a meter mi mano un par de veces para constatar el prodigio. En ese momento, &quot;algo&quot; me dijo que debía dejar de hacerlo. Saqué de nuevo la mano de la pared y pensaba en cómo recuperar mi pelota cuando ví que la pared se arqueaba hacia afuera...&quot;&lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt; &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&quot;No me dió tiempo para reaccionar: ¡UNA MANO HORRIBLE, DE UÑAS COMO GARRAS, NEGRA, NEGRÍSIMA, SALIO DE LA PARED Y ME AGARRÓ FUÉRTEMENTE DE LA MUÑECA!, ¡ERA FRÍA Y VISCOSA, SE AFERRABA A MI PEQUEÑA MUÑECA COMO UNA SERPIENTE, COMO UNA BABOSA, ERA HORRIBLE!!....sólo sé que esa &quot;cosa&quot; no era humana..... Me quedé paralizado del miedo mientras esa &quot;cosa&quot; me arrastraba, en silencio hacia la pared. Estaba tan aterrado que no grité: sólo atiné a defenderme pataleando, jalando, berreando, golpeando con mi puñito, tratando de zafarme. Tenía una fuerza superior a la mía,.... muy superior a la de un hombre. No pude hacer nada mientras sentía cómo, inexorablemente, introducía todo mi cuerpo dentro de la pared, en medio de una oscuridad profunda, en la que no había ningún atisbo de luz....&quot;&lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt; &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&quot;No sé cuánto rato pasó, pero comencé a sentirme muy liviano. Era una sensación fría y opresora. Oía yo por todos lados risas inhumanas, llantos, gemidos, y gruñidos de criaturas que no pude identificar. Era muy oscuro. Más oscuro que lo que jamás haya visto. Si abría los ojos, era como si aún los tuviese cerrado. No flotaba en el aire, era como si más bien flotase en un líquido muy espeso y frío. Ya siendo mayor, una vez metí mi mano en un barril de petróleo: era una sensación muy similar. Pero no estaba solo: aparte de las voces que venían de ningún lado, y que me aterraban,...algo más había ahí conmigo,.... Era como si unas criaturas &quot;nadasen&quot; alrededor mío,.... Las sentía moverse a mi lado, rodearme, gruñir,....era horrible. En un instante, sentí algo redondo cerca de mi cara: le toqué y supe que era mi pelota. Al tratar de cogerla, una de esas &quot;criaturas&quot; se me abalanzó y me mordió: grité muy fuerte al sentir esos colmillos que se incrustaban en mi mano. Me recogí en mí mismo, sollozando. Me puse en posición fetal. Parecía que aquellas criaturas de ese horrendo lugar disfrutaban con mi dolor. Las escuchaba riendo gravemente&quot;.&lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt; &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&quot;No sé cuánto tiempo estuve ahí: parecían siglos. Me empezó a llenar una infinita sensación de abandono, de dolor, que me oprimía el pecho. ¿Alguna vez has sentido miedo a la muerte?, pues yo sí y muchas veces,.... pero esa sensación era distinta, no sólo temía no volver nunca, no ver de nuevo a mi familia,... era una sensación a desaparecer, a estar solo siempre,....era terrible; es algo que no quiero volver a sentir jamás....&quot; - en ese punto, el tío Francisco comenzó a sollozar. Gruesas lágrimas comenzaron a derramarse por sus arrugadas mejillas, juntándose en su enorme nariz. Trató de sobreponerse, de volver a tener entereza, pero no podía. Mientras aguardaba, pude ver un par de alargadas y triangulares cicatrices en el dorso de su mano derecha: siempre había pensado que eran producto de alguna pelea.&lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt; &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&quot;Nunca supe qué pasó después...&quot; -retomó de pronto su relato-, &quot;abrí lentamente los ojos y estaba tirado en el suelo de la sala, junto al reloj. Caminaba como borracho. Ya estaba oscuro, el reloj marcaba las 7 de la noche. Nadie se había percatado de mi ausencia. Cuando fui donde mis padres, me reprendieron: tenía esas marcas en una mano y llegaba sin mi pelota y como embadurnado de aceite de pies a cabeza. Mi traje era una lástima. Ni qué decir que me dieron una buena zurra: seguro que me estuve peleando con algún mocoso, pensaron. Mientras mi madre me limpiaba, recriminándome, me di cuenta de que sostenía un papel en la otra mano: era éste....&quot;&lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt; &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;Sacando un papel viejo de su cartera, el tío Francisco me dijo que lo guardaba consigo desde entonces: era un papel muy viejo y arrugado. Por un lado estaba impreso un programa de misas de la parroquia del pueblo,...y la fecha era 16 de Mayo de 1868. Definitivamente estaba impreso con tipos antiguos. Al reverso, un dibujo: un niño parecía haber dibujado una vaca y tres personajes con carbón: una mujer mayor y dos niños.&lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt; &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&quot;Mis padres querían a toda costa que les diga quién me había golpeado y robado mi pelota, eso era lo que creían. Nunca me atreví a contarles nada. Mi papá me compró una bicicleta y la puso sobre un ropero en mi cuarto: me la daría si confesaba. Nunca dije nada y la bicicleta se quedó ahí muchos años. Esa es la historia; dime, ¿dónde estuve?&quot;.&lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt; &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;Tuve que ser sincero y decirle que no podía responderle. Lo tomó con calma. &quot;Cuando me dicen que cumplo años, me río por que pienso que me faltan cuatro horas de mi vida,... pienso que me faltan cuatro horas en todo&quot; -me dijo. Le prometí que trataría de investigar-, &quot;....no me da miedo ya morirme, a mi edad,...pero me da miedo pensar en que si muero,....tal vez vuelva a ese sitio....&quot;&lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt; &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;La noche ya avanzaba cuando terminó la fiesta y junto con mi familia, me apresuré a despedirme de la parentela. Una vez más, demostrándome a mí mismo que no puedo con mi genio, decidí salir de la casa de mi tío por el camino más largo: atravesando el salón antiguo. Estaba oscuro y en orden: nadie estuvo ahí durante la fiesta. Estaba limpio y ordenado, como siempre. Atravesando la penumbra, me paré frente a esa pared, al lado estaba el viejo reloj, que aún funcionaba. Miré un buen rato la pared, hasta que me dí cuenta que el reloj estaba marcando cinco minutos para las tres de la madrugada. No había bebido casi nada,...pero sentí como si el piso se inclinase hacia ese lado del salón. No me atreví a quedarme hasta esperara que fueran las tres.               &lt;/p&gt;</content>
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    <id>tag:metroblog.com,2007:blog-144179.post-304472</id>
    <published>2008-10-21T05:17:00Z</published>
    <updated>2008-10-21T05:17:00Z</updated>
    <title type='text'>Rastros de visitas extraterrestres en el antiguo Perú</title>
    <content type='html'>&lt;p style=&quot;text-align: center;&quot;&gt;&lt;img style=&quot;margin: 0px 0px 0px 0px&quot; src=&quot;http://f9.mb-content.com/pictures/870/99/3/399870_XRGQBRNDODESXCG.jpg&quot; alt=&quot;&quot; width=&quot;273&quot; height=&quot;400&quot; align=&quot;bottom&quot; /&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: center;&quot;&gt; &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;Durante la Segunda Guerra Mundial, los soldados norteamericanos descubrieron algo que dió bases sólidas a la ciencia no oficial, conocida hoy en día como la Astroarqueología: mientras se desplegaban por todo el Pacífico, en su esfuerzo para derrotar al Imperio japonés, instalaron campos aéreos en cada pedazo de tierra disponible; al hacerlo, entraron en contacto -sin querer-, con los últimos pueblos no contactados del mundo, y que desconocían por completo a la civilización occidental. Esto se dio principalmente de Nueva Guinea, Nueva Caledonia y el archipiélago de las Nuevas Hébridas. Tras esos contactos, y ya culminado el conflicto, los americanos partieron,... pero al regresar tiempo después, ¡descubrieron que los primitivos habitantes, habían convertido sus pistas de aterrizaje en lugares sagrados!; los pueblos contactados en la guerra, habían creado religiones: las pistas eran templos, creaban figuras de aviones,... que simbolizaban a &quot;sus dioses venidos del cielo&quot;. Esto permitió que los primeros astroarqueólogos, tuviesen un punto de sustento, para alegar la posibilidad de que los extraterrestres bien podrían haber sido los dioses del pasado. &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt; &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;Al parecer algo similar sucedió en el Perú, en un pasado remoto: sin tomar en cuenta todos los mitos del Perú precolombino, que reseñan que los dioses de los antiguos peruanos provenían del cielo -y que ahí regresaron eventualmente-, un ojo atento puede encontrar otros rastros, del paso de visitantes del cosmos por nuestras tierras: existen dos danzas típicas del Perú que, si uno revisa atentamente los mitos y leyendas acerca de sus orígenes, descubrirá con asombro, que tal vez la historia no necesariamente como la conocemos,... &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt; &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;La danza de las Pallas de Corongo&lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt; &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;Considerada como una de las danzas más bellas del ande peruano, esta danza cuenta con una leyenda oficial, y con una serie de mitos que sólo es conocida por muy pocos: en la versión oficial de los orígenes de esta danza, es de origen incaico; dice que Cápac Yupanqui, el conquistó a los Conchucos. La victoria no fue nada fácil, pues ofrecieron dura resistencia. Según la tradición, los caciques del lugar lograron salvar a su pueblo, enviando a sus más bellas hijas ante el vencedor, pidiendo paz sin venganza. El guerrero cuzqueño, impresionado por la belleza y el atuendo de estas embajadoras, accedió. Antiguamente esta danza se bailaba en todo el Perú antiguo, quedando ahora solo presente, en su último reducto de Corongo.  &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt; &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;Sus orígenes como danza ritual son evidentes, pero si uno escarba un poco más, encontrará detalles sorprendentes: algunas leyendas muy antiguas, en la región Ancash, que refieren que el origen verdadero de las Pallas, es recordar la aparición -no se señala cuándo-, de unos &quot;seres&quot;, que aparecieron ante los antiguos pobladores peruanos quienes los describieron así: &quot;hermosísimos, brillantes como el oro, que se desplazaban de una manera extraña,... como danzando solemnemente&quot;. La mejor descripción la podemos lograr de la vestimenta de las Pallas de Corongo: una &quot;corona&quot;, que es un extraño armazón circular, cual casco, tapizado de flores, de plumas, con un espejo redondo en la parte posterior. Una &quot;pechera&quot; (pectoral) en forma de corazón, recamada de oro, plata y preciosos brillantes, esmeraldas, topacios (hoy las joyas son de fantasía); espejuelos rosetados por todo el resto de la vestimenta,... como si fuese necesario dar a entender la idea de &quot;ser brillante&quot;; y finalmente, el hecho de que las &quot;remangadas&quot; (mangas), de la Palla, asemejen &quot;alas&quot; y que el colorido de su ajuar, se diga que asemeja a la paloma silvestre (urpi); todo esto nos hace dar una fuerte sensación de que nos hablan, desde tiempos lejanos, de la visión de visitantes de muy lejos, de arriba,... y si a eso aunamos que Conchudos está muy próximo a las Cordilleras Blanca y Negra (uno de los lugares con más apariciones OVNI en el Perú), el enigma sólo nos puede llevar a una sola dirección.  &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt; &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;La danza de tijeras&lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt; &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;Muchas, muchísimas son las leyendas acerca de los danzantes de tijeras, los &quot;danzak&quot;; brujos poderosísimos, capaces de lo imposible, seres misteriosos, que en secreto se reúnen en las montañas sagradas -los Apus-, para, lejos de toda mirada, entrar en contacto con sus &quot;dioses&quot;, o como los conquistadores quisieron que se creyese: para &quot;rendir culto y pactar con el diablo&quot;. &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt; &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;La leyenda que corre aún en Ayacucho, Huancavelica y Apurímac, acerca del origen de los &quot;Danzak&quot; es la siguiente: &quot;hace mucho, de la nada, apareció en medio de los campos un hombre: su cabeza brillaba como el sol, y mientras recorría los campos, hacía sonar dos pedazos de metal que llevaba en la mano: al oírlo, la gente dejaba de labrar la tierra, y lo siguieron todos, ese hombre los llevó a un cerro, y no se les volvió a ver jamás,...&quot;&lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt; &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;Al igual que con las Pallas de Corongo, la vestimenta de los &quot;Danzak&quot; está plagada de espejos,... solo que en este caso, la leyenda sí admite que representan el esplendor de estos seres; asimismo, si bien les decimos tijeras, éstas no lo son en realidad: son de dos placas independientes de metal de aproximadamente 25cm. de largo y que juntas tienen la forma de un par de tijeras de punta roma,... las cuales simbólicamente, pueden significar, a la vez herramientas,... o instrumentos de una función desconocida.&lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt; &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;¿&quot;Ángeles&quot;, visitando el antiguo Perú, mucho antes de que los ángeles cristianos, hiciesen su aparición entre nosotros?, ¿seres brillantes, que se desplazaban bamboleantes en su andar, como los primeros astronautas en la Luna, visitaron en un tiempo remoto, a los Conchudos?, ¿un testimonio de una &quot;abdución&quot;, ocurrida hace mucho tiempo en la serranía de los andes del sur, y que fue tan dramática que su recuerdo sobrevivió al paso del tiempo?, ¿poderosísimos &quot;magos&quot;, llegados de las estrellas, capaces de hacer cosas que para nosotros serían milagros?, ¿seres extraterrestres, portando en sus manos instrumentos de extraña forma y utilidad incomprensible, tomaron contacto con los chamanes precolombinos?, ¿estas danzas, nos hablan de cómo eran y se comportaban, los visitantes que alguna vez fueron llamados &quot;dioses&quot;?,... el enigma perdurará hasta que hallemos una respuesta,...&lt;/p&gt;</content>
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      <name>cuentosdeterrorymisterio</name>
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    <id>tag:metroblog.com,2007:blog-144179.post-303902</id>
    <published>2008-10-20T12:58:00Z</published>
    <updated>2008-10-20T12:58:00Z</updated>
    <title type='text'>El "Japonés loco"</title>
    <content type='html'>&lt;p style=&quot;text-align: center;&quot;&gt;&lt;img style=&quot;margin: 0px;&quot; src=&quot;http://f4.mb-content.com/pictures/346/99/3/399346_ISRROKWWKEDBWAH.jpg&quot; alt=&quot;&quot; width=&quot;444&quot; height=&quot;293&quot; align=&quot;top&quot; /&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt; &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;Un relato de: Reynaldo Silva.&lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt; &lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;La noche era muy fría y ventosa. Carlos Bejarano, más conocido como &quot;Carlitos&quot; por todos en la redacción del diario &quot;Últimas noticias&quot;, caminaba por las desiertas calles de Lima, mascando su rabia. Con apenas 24 años, pensaba si no se había equivocado de profesión: desde hacía dos años trabajaba con verdaderos &quot;pesos pesados&quot; de la prensa amarillista nacional, y los únicos encargos periodísticos que recibía eran hacer reportajes estúpidos que nadie quería hacer, como el que tenía entre manos: averiguar todo lo que se pudiese sobre una pelea entre campesinos, en un pueblo a las afueras de Lima.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&quot;Acá dice que un japonés es acusado por todo el pueblo de hacer brujerías con sus animales&quot; -leyó el jefe de prensa, a la vez que le entregaba la nota enviada por un periódico amigo-, &quot;fueron todos a quemarle su casa y él se defendió con una espada samurai: puedes sacar una nota bien &quot;sazonada&quot; con eso&quot;. Los otros reporteros recibían encargos como entrevistar a políticos en la clandestinidad, peligrosas investigaciones sobre corrupción en el gobierno militar, e incluso, pícaras entrevistas con sesión de fotos a alguna vedette, y a él le daban esa ridiculez.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las risas de todos los reporteros casi hicieron venirse abajo las vetustas paredes del viejo edificio dónde estaba el periódico. &quot;¡Acábalos tigre! - le dijo a la vez que soltaba un fuerte manotazo en la espalda el reportero de policiales. &quot;Y de paso tráenos fruta, jajajaja&quot; -agregó burlonamente un veterano reportero de pelo canoso. Carlitos no dejaba de pensar en renunciar mientras se dirigía a su pensión en el centro de Lima. La fría noche hizo que se abrigase mientras pasaba por un retén militar; era el año 1973 y con los militares en el poder, la ciudad parecía asediada. Su salvoconducto le permitió una vez más seguir su camino. &quot;¡Cualquier reportero del mundo mataría por trabajar acá ahora y yo tengo que investigar tonterías!&quot; - pensaba -, &quot;bueno, al menos por un día, me alejaré de este clima del asco&quot;.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El aire cálido del valle costeño le dio de lleno en la cara cuando descendió del destartalado ómnibus. El pueblo era como cualquiera del llamado &quot;Sur chico&quot;; casas de adobe, calles de tierra y uno que otro campesino montado en burro atravesándolas. Según sus notas, el japonés del lío ese era un hombre ya entrado en años, venido de su país al acabar la Segunda Guerra. Al preguntar a los lugareños por el domicilio de Nakatoshi Oda recibió todo tipo de respuestas: &quot;....ese viejo miserable le mató tres corderos a mi cuñado&quot;-, le dijo uno. &quot;Tiene pacto con el diablo&quot;-, agregó el cura. &quot;Seguridad del Estado debería llevárselo&quot; -, declaró un Guardia Civil. Una rara mezcla de odio y miedo se notaba en todas las declaraciones recogidas. Un apodo más bien, era usado por todos: &quot;el japonés loco&quot;.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tras recabar el testimonio del comisario, Carlitos se dirigió al otro lado del pueblo, donde se hallaba la casa del nipón. La autoridad policial le aclaró en algo el panorama: Oda, era un taxidermista -la parecer uno muy bueno, casi genial-, al cual el pueblo veía por eso con recelo. La pérdida de animales en el pueblo, seguro robados por delincuentes, le fueron achacados por todos a Oda, azuzados por algún envidioso. Pensando en que el reportaje no valía para nada el tiempo invertido, Carlitos Bejarano se detuvo viendo sus apuntes frente a la casa de Oda. Era muy fácil dar con ella: era la más grande y bien cuidada, comparándola con las demás.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La puerta apenas se abrió después de que tocase un buen rato. Un canoso y nervioso oriental apenas se dejó ver a través de la puerta: &quot;¡ya dije todo a detective!...&quot; -dijo en un muy pasable español-, &quot;¡váyase!&quot;. Carlitos había decidido hacer bien su trabajo, así que usó algunos artilugios aprendidos en el diario; mintiendo descaradamente, le dijo a Oda que estaba escribiendo un libro sobre extranjeros exitosos viviendo en el Perú. &quot;Colonia japonesa no quererme&quot; -replicó el japonés-, &quot;¡no participaré!&quot;. Bejarano continuó diciendo que no venía de parte de la colonia de residentes japoneses; dijo que venía por encargo del gobierno, dada su fama de experto taxidermista.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nakatoshi Oda mordió el anzuelo: Carlitos sabía lo respetuosos que son los nipones con respecto a la autoridad. La puerta de la casa se abrió para él, aunque la mirada inexpresiva de Oda no cambió un ápice. Ya sentados en la sala, el reportero vió sorprendido su trabajo: sentado frente a una diminuta mesa, con una taza de té en las manos, Carlitos no podía dejar de extasiarse con lo que veía: decenas de animales de todos los tipos lo rodeaban. Jaguares selváticos, venados, aves de todo tipo y un oso de anteojos, perfectamente disecados, le parecían observar,.... parecía que esos animales estuviesen vivos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Su anfitrión gradualmente le comenzó a hablar de su arte, del tiempo que llevaba viviendo en el pueblo, y también de lo sucedido hacía unos días con los lugareños. Se notaba que el nipón no había recibido una visita en años, ya que se esforzaba por mantener interesado a su joven entrevistador. Oda veía complacido cómo el joven ese tan simpático llenaba su libreta con cada palabra que él decía. Al pasar las horas, el té verde dejó paso a unos excelentes piscos y macerados de frutas que se producían en el valle. Carlitos comenzó a tener mayor interés en aquel viejo solitario cuando le comenzó a contarle que había peleado en la guerra, en el Ejército Imperial japonés.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los ojos del joven comenzaron a abrirse al escuchar las historias que salían de los labios arrugados de Oda. Su lápiz volaba por el papel al escribir datos tras datos que le parecían dignos de tomarse en cuenta. La noche avanzaba, los animales disecados de la sala lanzaban tenebrosas sombras que se alzaban por las paredes hacia el techo de la sala, iluminada apenas por la luz de una trémula lámpara de querosene. Carlitos no tenía miedo; se reía por efectos del alcohol, de las hilarantes y picarescas anécdotas de Oda en un burdel chino durante la guerra. Carlitos la estaba pasando de lo mejor, pero tuvo que despedirse de Oda al ver que ya era tarde y que no encontraría forma de volver a Lima.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mientras regresaba por la carretera, el joven pensaba en si estaba bien o no haber seguido con la farsa: había prometido volver el próximo fin de semana para continuar el &quot;reportaje&quot; a su nuevo amigo. Pensó en que tal vez hacía bien al amenizar los últimos días de un pobre viejo solitario. Él también era un solitario, y había disfrutado la velada y las bebidas; además, regresaba a casa con un espléndido regalo: Oda lo había convencido de aceptar un precioso bonsái.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A partir de ahí, todos los domingos, por tres meses meses, Carlitos Bejarano visitó a Oda, iniciando sus tertulias al mediodía, y acabándolas muy tarde en la noche. El japonés nunca supo del motivo que trajo a Bejarano a su casa: la nota fue tan aburrida que jamás se publicó en &quot;Últimas noticias&quot;. El reportero no dijo a nadie dónde iba, por lo que en el diario pensaban que tendría algún amorío o algo así: siempre llegaba los lunes a la redacción con unas tremendas resacas. Las tertulias entre el periodista y el japonés comenzaron a cambiar cuando Oda comenzó a tener más confianza en el muchacho.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En una de ellas, le reveló su gran secreto: Oda sirvió en una unidad especial del ejército nipón en China. A Carlitos nada le decían los nombres &quot;Operación Maruta&quot;, &quot;Escuadrón 731&quot;, &quot;Fortaleza Zhongma&quot;, &quot;Unidad Wakamatsu&quot; o la ciudad de Harbin,... nadie sabía nada de eso en 1973, pero en vez de aterrarse, Carlitos quedó hipnotizado por sus revelaciones: hablaba de experimentos secretos en personas, horrendas disecciones sin anestesia y un inmenso cúmulo de horrores sin fin. Sus colegas en el diario &quot;Últimas noticias&quot; se jactaban de sus conversaciones con asesinos convictos, pero lo relatado por el viejo,... era demasiado. El joven periodista quedó fascinado y por nada del mundo impidió que aquel viejo borracho le contara todo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Oda, bajo los efectos del alcohol, pasaba de cantar viejas canciones guerreras japonesas a pormenorizar los crímenes de los que fue partícipe, para luego, de pronto, echarse a llorar como un niño, recordando a sus camaradas muertos en combate. Le dijo que, así como a muchos, él fue indultado por los norteamericanos tras la guerra, los cuales le daban una jugosa pensión por los secretos de los experimentos que les reveló. Si vivía en un pueblito perdido en sudamérica, era por que prefirió alejarse de miradas acusadoras. Las libretas de Carlitos se llenaban ahora de datos caóticos casi increíbles. Tras esa delirante noche, pensó que tal vez había dado con el reportaje de su vida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al domingo siguiente, Carlitos llegó de nuevo a la casa del japonés. Estaba algo desilusionado por que no logró conseguir traer consigo una grabadora del diario, pero se contentaba que un colega le había prestado su cámara fotográfica. No sabía si le serviría de algo, pero le pareció buena idea. Como de costumbre, empezaron a vaciar metódicamente botella tras botella de licor, mientras Oda revelaba más y más su increíble y tenebroso pasado. Al anochecer, ya totalmente ebrio, comenzó a sollozar, mientras recordaba a su único amor, su esposa: Oei. El joven quedó extrañado; siempre había pensado que su viejo amigo estaba solo en este mundo. &quot;Era joven y hermosa&quot; - dijo Oda-, &quot;la hice venir desde Japón y aquí nos casamos. Yo era muy feliz&quot;.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Temiendo ser indiscreto, Carlitos le preguntó por ella. &quot;Murió hace 20 años&quot;- le respondió enjuagándose las lágrimas-, &quot;enfermedad desconocida. Murió muy joven&quot;. Cambiando de tema inexplicablemente, el japonés le soltó una frase intrigante: &quot;mis jefes, durante la guerra, eran monstruos: sólo querían matar. Yo distinto: yo quería acabar con la muerte&quot;. Tras una pausa, retomó de nuevo sus historias de guerra. Casi a la medianoche, el anciano volteó hacia el joven periodista, lo miró con ojos perdidos y le dijo: &quot;¿quieres conocer a mi Oei?&quot;. Pensando en que le mostraría algunas fotografías, Carlitos asintió. Se extrañó cuando el viejo oriental se levantó de su asiento y le dijo gravemente: &quot;Ven conmigo&quot;.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Siguiendo al japonés que se tambaleaba por efectos del alcohol, Carlitos Bejarano fue tras de él, hasta el fondo de la casa. Frente a una pared, el viejo le miró sonriente, mientras tocaba con sus dedos una supuesta mancha en la pared. Ante los ojos sorprendidos del joven, la pared se deslizó silenciosamente, dejando a la vista una puerta secreta. Ambos personajes comenzaron a descender por unos escalones que se perdían en la oscuridad. No tardaron mucho para llegar al final de la escalera: Carlitos supuso que se hallaban bastante abajo del nivel de la calle. Una tenue luz al frente le indicaba que al frente suyo había una habitación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al atravesar el umbral, el periodista quedó helado frente a lo que tenía ante sus ojos: en una habitación muy estrecha, con las paredes llenas de instrumentos de metal que no pudo identificar, se hallaba Oda, mirándole, de pie junto a una mesa de piedra. Sobre la mesa, yacía un cuerpo. Era el cuerpo de una mujer; estaba desnuda y era realmente hermosa. Su piel pálida, muy pálida, demostraba que era un cuerpo sin vida,... pero su apariencia en general era la de estar perfectamente conservada. Carlitos miró a Oda buscando una respuesta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&quot;Es el trabajo de toda mi vida&quot; -, le dijo, para luego acariciar el cabello negro azabache del cuerpo, mientras susurraba algunas frases en japonés-, &quot;el proceso está casi terminado: muy pronto lograré que tenga temperatura normal y su piel tendrá otra vez su color original. Mi Oei estará conmigo por siempre&quot;. Carlitos seguía paralizado del asombro: si era cierto que ese cadáver tenía 20 años sin sufrir cambios, aquel viejo había hecho un descubrimiento fabuloso. Oda continuó sorprendiéndolo: &quot;ven, toca....&quot;- le pidió mientras tomaba un brazo del cuerpo-, &quot;toca: no hay rigidez. Las articulaciones se mueven&quot;. El reportero tomó el brazo y continuó sorprendiéndose: se sentía y se movía igual como el brazo de cualquier persona viva. Cualquiera que la viese, pensaría que sólo estaba dormida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De pronto, el viejo se descompuso y comenzó a llorar, cayendo de rodillas, tomando la mano de su esposa muerta, hablando en japonés. Carlitos aprovechó esa dolorosa escena: Oda no lo miraba, así que sacó la cámara que llevaba. Tomó tres fotos. Si aquello era cierto, necesitaría pruebas. Miró al pobre viejo borracho que lloraba amargamente: definitivamente era un genio, pero también el infeliz estaba totalmente loco. Lo alzó del suelo, tratando de calmarlo. Ayudándolo a subir las escaleras, dejaron aquella habitación, subiendo los dos muy trabajosamente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ya de nuevo en la sala, Oda comenzó a hablar: &quot;tardé muchos años en lograrlo&quot;. Al periodista le faltaba cabeza para preguntarle; &quot;...pero, ¿cómo es posible?....&quot;. El nipón le respondió sin dejar de mirar la mesa de madera frente a él: &quot;....parte química, parte alquimia,.... nazis nos dieron libros que obtuvieron de países invadidos; los leí todos&quot;. A Carlitos le comenzó a dar vueltas la cabeza cuando el nipón le comenzó a explicar una intragable mezcolanza de fórmulas químicas, gases, recetas de pociones alquímicas extraídas de textos medievales y descubrimientos judíos y chinos acerca de &quot;Golems&quot; y la &quot;píldora de la inmortalidad&quot;.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Oda era muy precios al describir todo eso, a pesar de su embriaguez,... pero Carlitos lamentablemente había sido un pésimo estudiante de química en el colegio, y no entendió nada. Oda tardó dos horas en explicarle su proceso secreto, para finalizar diciendo: &quot;lo que hacían antepasados hoy le dicen magia: yo le digo ciencia....&quot;. El joven reportero se quedó un rato pensando hasta que finalmente le preguntó el por qué de decía todo eso. &quot;....Estoy viejo y moriré pronto, Carlos-san....&quot; -le respondió Oda-, &quot;necesito que, cuando yo morir, uses mi fórmula conmigo: no quiero dejar sola a mi Oei....&quot;. Cuando Carlitos salió de la casa, ya había amanecido. Volvería el domingo siguiente: Oda le había hecho jurar que lo haría. Ese día, su procedimiento estaría totalmente completo y le daría al reportero por escrito su fórmula. Carlitos no fue a trabajar ese lunes al diario.&lt;br /&gt;Una vez llegado el domingo, Carlitos Bejarano se bajó rápidamente del bus en la plaza del pueblo. Estaba impaciente para acudir a su cita. El barullo al otro extremo de la plaza llamó su atención. Los lugareños se arremolinaban lanzando todo tipo de exclamaciones, mientras las mujeres lloraban. Instintivamente, como buen reportero, corrió hacia el lugar. El joven llegó a tiempo para ver cómo recién cubrían el cráneo destrozado con periódicos: era Oda. Había salido temprano a comprar pescado al mercado cuando un conductor ebrio lo atropelló. Tenía el cráneo destrozado. Su muerte había sido instantánea.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En sus pocos años de periodista ya había visto varios cadáveres, pero ver a quien ya consideraba su amigo, fue demasiado, comenzó a caminar por la plaza en estado de shock. No podía quitarse de las retinas la cara de Oda muerto, sus ojos crispados, su boca abierta, como una grotesca mueca. Conforme se recuperaba, Carlitos recordó lo que lo había llevado al pueblo ese día: el secreto de Oda. Al acercarse de nuevo al cuerpo, vio cómo los policías revisaban los bolsillos del atropellado mientras levantaban el cadáver. Un policía trató de abrir y leer su libreta de notas, pero le fue imposible: estaba totalmente empapadas en sangre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Carlitos vio con desazón cómo las fórmulas químicas anotadas en tinta china se borraban por el contacto con la sangre y por la grosera manipulación del ignorante policía; se habían perdido para siempre. Mientras miraba cómo cargaban el cuerpo en una camioneta, el periodista recordó el otro secreto de Oda. Comenzó a correr hacia su casa: debía llegar antes que los policías descubrieran el cuerpo de Oei. Sin saber que haría, Carlitos Bejarano entró como una tromba a la casa. Abrió la puerta secreta y descendió a toda velocidad los escalones. Apenas tomó aire al estar frente al cuerpo de Oei. Miró por todos lados: todo el piso estaba lleno de papeles rotos escritos en japonés.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El único vestigio del trabajo del japonés era el cuerpo desnudo e intacto de su amada, frente a él. En eso pensaba cuando se percató de su frente: adosada a ella, el cadáver tenía un disco de arcilla, en el cual estaban escritos algunos caracteres en algo que parecía ser hebreo. Carlitos se acercó para ver las letras con más detenimiento. En ese momento el joven quedó paralizado por el horror: los ojos de la muerta comenzaros a entreabrirse lentamente, dejando ver un horroroso resplandor verdoso que salía de ellos. El joven comenzó a gritar paralizado del pánico sin poder dejar de ver también cómo la boca también se abría enormemente, soltando en la habitación esa luz verdosa y un vaho espeso y nauseabundo, mientras que de la garganta de ese ser se dejaba oír un grotesco y profundo lamento de ultratumba: &quot;¡OOOO.....DDDAAAAAAA..!!!!!&quot;.&lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;br /&gt;Apenas vió que ese ser comenzaba a incorporarse de la mesa de piedra, el joven no aguantó más y salió disparado de aquel lugar de pesadilla, gritando sin parar. Sin detenerse, tiró al suelo todo lo que se le puso en el camino hacia la calle. Con una fuerza sobrehumana, Carlitos destrozó la puerta de madera, para correr por las calles del pueblo sin dejar de gritar. Al ver pasar por la plaza al joven enloquecido, botando espuma por la boca y sin parar de gritar, los lugareños que comentaban el desdichado final de Oda sólo se encogieron en hombros: de seguro el &quot;japonés loco&quot; había contagiado con su locura al pobre jovencito ese.&lt;/p&gt;
&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt; &lt;/p&gt;</content>
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    <published>2008-10-20T12:14:29Z</published>
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